Por las entrañas del poder


Jesús Ramos

31/01/2011

 

¿Esperanza o expectativa? ¿Lambiscones o críticos de gabinetazo?


Rafael Moreno Valle llegará al poder como llegó Mario Marín hace seis años. Con la fantasía de ser el mejor gobernador en la historia política y social de Puebla, no por buena persona o alma de Dios ajena de pecado, sino para una vez logrados esos propósitos de ahí brincarle a la Presidencia de la República.


Sus diferencias físicas son pronunciadas, aunque yo dudo de sus estilos, pero su trazo es el mismo. Son asuntos de poder. Sueños de amasar la mayor cantidad de poder posible en un sistema que soñó allá por el 2000 ser democrático y cambiante no logrando ni lo uno ni lo otro. Marín tropezó con la periodista Lydia Cacho y el resultado lo conocemos todos. Su fantasía se transformó en pesadilla. Se quebró de un chingadazo.


Y es que cuando se asume el poder como lo hará Moreno Valle –mañana- no se piensa en los accidentes del destino ni en las tragedias, como le ocurrió a Marín, como le pasó a Arturo Montiel, como le tocó a Francisco Labastida y como padeció Santiago Creel siendo gallo de Vicente Fox. Lo que se disfruta es el momento sin el pesimismo de que lo bonito se ponga feo. Cual debe ser.


Marín quiso hacer añicos a una periodista, intentó refundirla en la oscuridad y metida en las tinieblas despedazarla valiéndose de las locas y tortilleras. Moreno Valle pretende seguir sus pasos, trama borrar del mapa celestial, aniquilar, extinguir pues, casi en su totalidad al gremio entero con el riesgo de que Las Cachos se multipliquen como las cucarachas. Sin embargo sus razones, lo mismo que sus sentimientos, deben ser respetados; son sus cálculos.


Lo ideal dicen los políticos, igual panistas que priistas y perredistas, es que le vaya bien porque yéndole bien le va bien a Puebla. ¿Usted les cree? Yo no. Todo indica que detentará el poder administrativo y político con las complicidades y alianzas necesarias que bien pueden ser eternas o temporales, uno nunca sabe con estos pinches políticos de hoy cuando en un horario son amigos y en otro enemigos.


Los lambiscones de moda dicen que su gabinete no se compara con el de Mario Marín ni en capacidad ni en formación ni en honradez. Ni ellos se la creen porque en cada sexenio dicen y escriben lo mismo. Quieren agradar al nuevo monarca. Igual lo hicieron con Manuel Bartlett, Melquiades Morales y el trágico Marín.


Todos los gobernantes llegan igual que Moreno Valle. Con la frente en alto y sin críticos suicidas. O, ¿usted amigo lector conoce algún mandatario del cual se hable mal desde antes de asumir el poder? Los que se sienten dominadores del tema político y administrativo y quieren impregnar de sabiduría sus opiniones dirán que son muchas y elevadas las expectativas que la gente tiene de su nuevo gobernador. Quieren quedar bien. Los de abajo, si les pidieran su sentir, dirían que se ve rebuena persona y por eso votaron por él, hablarían con el corazón.


Las expectativas las tenemos nosotros, el pequeño y delgado círculo rojo mezclado con el lavadero político, la gente no tiene expectativas de su nuevo gobernante, ni siquiera sabe lo que la palabra significa, lo que tiene es esperanza. La expectativa es fría y calculadora, y por qué no decirlo, hasta cínica y fingida. La esperanza en cambio es cálida, sincera y soñadora. Moreno Valle sabe que la gran cantidad de votos que lo llevó al triunfo la obtuvo influyendo en la emoción de la gente no empujando su capacidad de razonamiento. El razonamiento es la expectativa, la emoción es la esperanza. Y la gente  de a pie tiene lo último.

 

No es por molestar pero igual arribó Marín al poder, la gente tuvo esperanza en él, ojalá y Moreno Valle no incurra en los mismos errores, frivolidades y arrogancias. Un voto de confianza es lo que deberíamos darle sus críticos sinceros. No más pero tampoco menos. O bien, el beneficio de la duda.

 



 
 

 

 
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