Por las entrañas del poder


Jesús Ramos

31/10/2011

 

La política como juego perverso y el político como pervertido ideológico


En las elecciones de 2012 muy seguramente veremos competir por diputaciones y senadurías a panistas sin ideología de derecha, priistas sin revolución, perredistas sin idea de izquierda y organizaciones ciudadanas con civiles patito. ¿Por qué? Porque ya se vio todo el desbarajuste que están dispuestos a armar los partidos políticos en el amacice de curules.


Don Manuel Bartlett que ni es ciudadano común (y menos corriente) amagó con ser senador representando, ésta vez, a la barriada y al populacho a través de Morena. Si en 1988 alguien hubiese pronosticado que Bartlett sería izquierdoso o ciudadano de torta ahogada y taco de canasta lo habrían metido al manicomio. Don Manuel, ¡por piedad!, ni es de izquierda ni es ciudadano de a pie.


Otros casos son los de Néstor Gordillo y Fernando Manzanilla; ellos,  están apuntados para competir por el PAN en la versión de diputado y senador; los controles de sus autos los oprimen con la derecha, y con esa misma mano ponen en marcha el motor. No son panistas tampoco son de derecha, panistas son los que no van a ser y los que sean seguramente perderán.


Súmele otra rayita más al tigre con Guillermo Aréchiga, quien francamente no se sabe qué es; a veces es político, otras líder sindical, en veces priista, luego panista, de vez en vez perredista y en alguna ocasión (en algún lugar de La mancha de cuyo nombre no quiero acordarme) fue profesor.


Como el camaleón, Aréchiga cambia de color dependiendo de la estación del año y de sus constantes errores, órale, aquí se vuelve invisible. Luchó contra el PRI en 2010 y la posibilidad de que sea candidato priista y del Panal en 2012 es inmensamente grande. A eso se le llama congruencia.


Contrario al ciudadano del sector laboral que se equivoca y que  su condena es el despido, el político por regla general tiene la gracia de la reivindicación; no necesita rezar ni Padres Nuestro ni Aves María para saldar sus errores, compite por los puestos de elección popular que les ofrece el partido equis sin ruborizarse si algún día luchó arteramente contra él. La política, hoy en día, es un juego perverso y el político un pervertido ideológico. Cachetón, les dicen en el pueblo.

 

Por eso mismo resultará intrascendente el típico síndrome del Topo Gigio: Lo dije yo primero, lo dije yo primero (tan acostumbrado entre los periodistas poblanos), cuando a leguas se ve que priistas resentidos competirán por la izquierda en las diputaciones federales y senadurías lo mismo que funcionarios estatales no panistas lo harán por la derecha.

 



 
 

 

 
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