Por las entrañas del poder


Jesús Ramos

31/10/2012

 

Nos odia


Desde el principio estaba visto que la prensa poblana y el morenovallismo no iban a ser los mejores amigos. ¿Por qué? Porque jugándosela a muerte en 2010 con el proyecto marinista los tecleadores (en su mayoría) no repararon en lastimar las fibras más íntimas de quien se suponía iba a perder pero ganó.


En los polvos de aquellos lodos hubo ofensas chicas, medianas y grandotas; burlas de todos colores y sabores. Consumado el triunfo de Rafael Moreno Valle la prensa poblana olvidó. O se hizo como que olvidó. Sufrió de Alzheimer. Y después del olvido recurrió absolutamente a todo para congraciarse con el nuevo gobernante; incluso, a lo inimaginable.


Muchos fueron los tecleadores que se tragaron sus ocho columnas y sus escritos. Allí están las hemerotecas para constatarlo. Y otro tanto incineró su dignidad y fue pedir clemencia y perdón por los errores cometidos. Hoy, a dos años de aquel suceso electoral y de aquella andanada de auto humillaciones, algunos colegas míos todavía divagan confundidos sin saber qué hacer ni cómo conducirse con el gobernador y con sus secretarios estatales.


Debido a esa confusión no falta quien en un párrafo se tunda a Moreno Valle y en el siguiente aplauda y le haga la barba a dos que tres miembros del gabinete como para no olvidar los viejos moldes de hacer periodismo. ¿No es eso una contradicción? ¿No es estar confundido? ¿No es no saber qué hacer ni cómo comportarse? ¿No es ausencia de dignidad? Lo que falta es definición, carácter y eso que se vende en conos y que su precio anda por las nubes, para entender nuestra triste realidad.


La realidad, señores, es que nunca hubo perdón por lo escrito en 2010. Este gobierno barrió parejo. Se la aplicó a justos y pecadores. No buscó a quién se la hizo sino quién se la pagara. ¿Por qué hasta ahora explotó la relación prensa-gobierno? ¿Por qué no explotó antes? Simple. Porque el ofendido no pudo seguir fingiendo por más tiempo. Fabián Gómez y Adrián Ruiz son sólo el desbordamiento de la ira contenida, pretextos intrascendentes con nombres elegidos al azar.

 

En la esfera nacional se entendió la demanda contra estos dos comunicadores (y otros 18 en capilla) como un atentado a la libertad de expresión y como un acto de intimidación tendiente a frenar la crítica nociva al mandatario, pero la realidad la sabemos los tecleadores poblanos: nos odia hasta la extinción.

 

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