Por las entrañas del poder


Jesús Ramos

03/05/2010

Antes Feo que Bonito


Como grita el dicharachero remendón, “La suerte del feo, el bonito la desea”. Mario Montero, es un tipo con suerte, ni duda, sus pasos son guiados por la Estrella de David, y si bien Eduardo Rivera Pérez –como coquetamente lo admite Valentín Menéses- “es más bonito” que el Estoy Contigo, flota y se respira la percepción de que El feo ganará las elecciones del 4 de julio.


Quién lo dijera, a inicios de la conflagración de gallardetes y matracas, pocos daban un cacahuate por el candidato del PRI-Verde de la capital, la percha no le ayudaba, ni tantito; hoy, sin embargo, las cosas han cambiado, tanto que aquel que fue tachado de mal producto y horrible empaque, se ha convertido en la grata sorpresa de la actual campaña. Vaya. En el Caballo Negro, qué se entiende.


En mercadotecnia, existe una máxima de oro: No siempre el producto de mayor calidad, es el que más se vende. Totalmente de acuerdo, Montero pudo no ser la mejor oferta priista, pero la genialidad y buen tino de Javier Sánchez Galicia, quien es de suponerse está detrás de su imagen, supo vender al electorado la magia de la mercancia.


Y es que es de eso, de lo que trata esta elección, de saber vender a los candidatos, de ponerles el aditamento mágico y la salsita picante que inflame la esperanza de ese electorado inteligente y reflexivo que clama propuestas viables de gobierno y de un sueño dulce y placentero por vivir; lo que va de la mano, por supuesto, con la presentación del producto, tal y como ocurre con Montero, artículo electoral regular, tirándole a malo, pero con un extraordinario celofán de fantasía y genialidad.


Montero va a ganar. Solo los necios podrían dudarlo. Es algo que se ve, se oye y se percibe. No por el nombre, trayectoria, la burbuja marinista a la que pertenece ni por el apellido, sino por el tino con que coordina su campaña y la imagen que Sánchez Galicia imprimió al concepto propulsivo con el que deberían iniciar los candidatos sus contiendas electorales, sean del PRI, PAN o PRD.


Del niño bonito, como cariñosamente le dice El vale al 777, no puede decirse lo mismo, incluso, son los mismos panistas quienes refieren que la campaña además de ser un auténtico jolgorio de sapos y cocodrilos bailando en el pantano, cada vez se aleja más y más en puntos de su par Montero que ya comienza a verlo por el retrovisor en calidad de bulto.


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No se vale. De veras que no se vale. Melquiades Morales es, bien lo dicen, el mejor activo del PRI en Puebla, quiénes lo atacan, ¡un rayo los parta!, se equivocan, su poder es tal que al refractarse corre el inminente riesgo de destruir lo que toque.


Es cierto, nada le debe al marinismo, su ortodoxia traducida en sabiduría o Culmen de la Política, como Immanuel Kant tildaba al tino diplomático, le dio la luz divina para ausentarse de Puebla mientras reinara el mandato de Mario Marín. Hizo bien. Si traga o no a Zavala, Marín o a los marinistas, son sus sentimientos. Y se respetan.


Solo habría que aclarar algo, Melquiades no es exgobernador de Puebla, es senador de la república. Es decir, es un hombre de poder vigente y presente. Y él sabe, en efecto, si apoya con su capital a Rafael Moreno Valle o a Javier López Zavala. Es su apoyo ¿o no?, y cada quien sabe qué hacer con sus cosas. Por eso, quienes lo atacan se equivocan. Pueden jetearla, dicen en el barrio.

 

Autoría intelectual

 

****Pues sí, Moreno Valle exigió a Jesús Ortega meter en cintura a los perredistas rebeldes, por eso la decisión de Miguel Ángel de la Rosa Esparza de despintar las bardas del Candidato Legítimo y demandar a Armando Méndez, Arturo Rivera Pineda e Irma Ramos. **Comienza a desatarse la violencia en las campañas políticas. La semana pasada, un grupo de simpatizantes del PAN se lió a golpes con perredistas rebeldes en la China Poblana y días antes, un presunto militante de AN le puso una pistola en la cabeza a una mujer del Sol Azteca que colocaba propaganda en la Calzada Zaragoza, a la altura de las vías del tren. **Si Moreno Valle hizo un llamado a los líderes del PAN a sumarse a su campaña, es porque no estaban sumados. La duda inquieta, ¿lo harán?

 



 
 

 

 
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