Por las entrañas del poder


Jesús Ramos

04/01/2010

Embozados y descubiertos de la política poblana


Con los pañales y el talco del 2010 en la mano, resulta sensato rogar que Dios y María nos amparen ante la ferocidad y hambre de políticos y poderosos que lucharán sin reglas teóricas y etéreas ni pizca de moralidad en los comicios próximos locales.


Pero nadie debe apanicarse por lo que parece ser un ente de cien cabezas. “En política, como en la ciencia –dijera el pragmático William James-, se debe hacer lo necesario”, no más pero tampoco menos, por supuesto que con la finalidad de que las consecuencias útiles ocurran. Dígase ganar alcaldías, diputaciones y gubernaturas.


Por eso pues, la sociedad no debe esperar menos de los políticos, solo lo suficiente, a lo que nos han acostumbrado elección tras elección; primero, para erigirse como candidatos al interior de sus respectivos partidos; y después,  como verdaderos gladiadores en la refriega constitucional.


¿Qué destino le depara a la sociedad poblana en la renovación de ayuntamientos, Congreso del Estado y gubernatura? Juego sucio, sí. Piquetes de ojos, sí. Patadas bajo la mesa, sí. Campañas de desprestigio, sí. Tontos útiles, sí. Mañas disfrazadas de estrategia, sí. Experiencias y trampas, también.   


Y es que en este merequetembe de pre y pro campañas, de querientes y pudientes, seguirán estando los que deben estar: los generadores de ruido, los protagonistas del bien o mal, los atacantes y atacados, los que pueden y no, los que compiten para ganar y los que juegan para ser carne de cañón.


¿A quiénes habrá que seguir la huella? Prioritariamente a Javier López Zavala, Rafael Moreno Valle y Enrique Doger Guerrero. El primero, porque tiene todas las de ganar, el segundo por generar percepción de posibilidad y el último por ser protagonista indiscutible, ya no digamos del PRI, sino ajeno a él.


Si las historias se escribieran así de sencillas, con dos o tres nombres, cualquiera las escribiría, diría Vargas Llosa. No. Las elecciones en puerta tendrán dos clases de protagonistas: los descubiertos y encubiertos.


Descubiertos serán aquellos que darán la cara para gritar sus apetencias, sueños y deseos -¡pos qué carajos!-. Y los encubiertos o embozados los que ocupando cargos importantes simularán mantenerse al margen de las decisiones y operaciones partidarias manipulando el disfraz de la dignidad y la calidad moral.


En la trama que hoy nos ocupa de dedillos, dedales y dedeados, intervendrán innegablemente Alejandro Armenta Mier del PRI, Juan Carlos Mondragón Quintana del PAN, Miguel Ángel de la Rosa Esparza del PRD, pero al mismo tiempo habrá otros como Mario Marín, Blanca Alcalá y, sin afán de asustarse o extrañarse, Felipe Calderón, Elba Esther Gordillo, Jesús Ortega, Enrique Peña Nieto, Cesar Nava y Beatriz Paredes que también tendrán vela en el entierro.


Como puede notarse, el engendro electoral en ciernes es tan atractivo como peligroso. La guerra que viene será de antología, no por ser la madre de todas las batallas, sino por ser un proceso donde imperará la estrategia, la maña y el juego sucio por encima del florido y propositivo discurso de los candidatos.


Un académico argumentará que el triunfador será aquel que atrape el voto switcher, y su teoría es válida y puesta a consideración de los críticos, pero igual lo será la de un operador electoral que apostará por la mapachería y la alquimia para acaparar al grueso de electores.


Nos haga sentir felices o aterrorizados, el 2010 será un año que involucrará en los menesteres electorales a Mario Montero, Eduardo Rivera, Pablo Fernández del Campo, Ana Teresa Aranda, Valentín Menéses,  Humberto Aguilar, Darío Carmona García, Juan Manuel Vega Rayet, a los delegados del gobierno federal, secretarios estatales, al rector Enrique Agüera, a las cámaras empresariales y al mismísimo arzobispo Víctor Sánchez.


Y a pesar de lo demacrado, carente de autoridad e imagen devaluada que proyecta el Instituto Estatal Electoral y su presidente Jorge Sánchez Morales, pelmazos que infunden desconfianza hacia la sociedad, por lamentable que resulte será útil en la organización y planeación de los comicios, por la cruel razón de que los poblanos carecemos de otra alternativa digna, moral y creíble de legalidad.


Tan interesante será ver cómo opera y acciona la estructura de Javier López Zavala para consumar el relevo sexenal, como ilustrativo y anecdótico observar la manera en que Moreno Valle querrá quitarse de encima el lastre que le representan las siglas de su nuevo partido: el PAN, donde él aparenta tener las de ganar, pero el partido todas las de perder.


La caminera. Tal pareciera que el triunfo del PRI y de López Zavala está más en función de su candidato priista a la alcaldía que las implicaciones que le puedan generar Moreno Valle y la derecha poblana, incluyendo a Enrique Doger. Pero… “Cada quién sus modos”, citó alguna vez doña Nemecia allá por la Comarca Lagunera.

 



 
 

 

 
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