Por las entrañas del poder


Jesús Ramos

10/02/2010

Las candidaturas débiles son la llave de la negociación


El partido que juegue el ayuntamiento de Puebla con una carta débil exhibe públicamente su voluntad negociadora. En otras palabras, ese partido estaría dispuesto a perder una posición para ganar otra. La pregunta es, ¿cuál posición querría perder el PRI o La alianza PAN-PRD: la gubernatura o la alcaldía?, si exhiben a los cuatro vientos su fragilidad electoral.


La respuesta será evidente e inocultable cuando ambas fuerzas políticas opuestas, entre sí, designen a sus respectivos candidatos a presidente de Puebla, ciudad que al referir o reiterar que concentra más de un tercio de la votación estatal destella, inequívocamente, singular importancia, lo cual por obviedad exigiría tanto al PRI como a La Alianza opositora mostrar su mejor juego.


El tercer maestro de la sospecha, Friedrich Nietzsche, propone que el hombre a través del concepto Voluntad de Poder por naturaleza está dispuesto a aterrizar cualquier estrategia para alcanzar o conservar el poder por el poder. Es decir, PRI y PAN, podrían echar mano de lo más dechado del maquiavelismo poniendo, incluso, una zanahoria a una vara para que el burro jale la carreta del poder y al llegar a él, consienta o no dársela para que la trague.


Empecemos por el PAN. Creer que las familias custodias de Acción Nacional exigirían la posición de alcalde de Puebla porque Rafael Moreno Valle no es panista de ombligo y pañales azules pareciera ser un argumento muy simple y cándido. Luego entonces, ¿por qué no atreverse a pensar que Juan Carlos Mondragón y El yunque estarían dispuestos a perder el gobierno estatal, pero a través de una negociación cupular hacerse de la cuarta ciudad más importante del país? Pregunto: ¿Serían capaces?


Luego entonces, por qué no creer que Moreno Valle, conociendo la poca calidad moral de los yunquistas, estaría en este preciso momento tratando de taponear una posible traición con un candidato ciudadano o de otra geometría política distinta a la derecha, misma que se anularía a la perfección si el abanderado fuese propuesto por el PRD o Convergencia.


Dice Descartes que las cosas no son lo que parecen. Sí, por ejemplo, aunque pareciera que Mario Montero Serrano es el mejor candidato del PRI por el puntaje que le otorgan algunas firmas encuestadoras, respecto al resto de sus contrincantes, la inmensa mayoría de los priistas y críticos acuciosos duda de la veracidad de los números y también del vigor político que en una contienda constitucional lo pudiese llevar al triunfo.


Aludiendo la Voluntad de Poder que pondera Nietzsche, Moreno Valle sabe que con un panista de cepa como Humberto Aguilar Coronado o Eduardo Rivera Pérez, el presidente Calderón tendría margen de maniobra negociadora sobre la capital, pero sin ellos no tendría más opción que jugársela con él por la gubernatura, porque si un perredista o convergente, como Enrique Doger triunfara, la victoria no sería panista sino izquierdista.


En el PRI puede observarse un fenómeno similar. Cuando Alejandro Armenta Mier leyó en la publicación de las encuestas recientes la nítida e inocultable cargada monterista, orquestada desde alguna planta baja del Gobierno Estatal, por supuesto, reaccionó con agilidad felina, las encuestas no definen al candidato del PRI a la Presidencia Municipal, dijo con voz de trueno. ¿Cuál fue el motivo que lo hizo puntualizar las íes de tan relampagueante manera?


Las razones más cercanas a la realidad no son muchas, si acaso dos: Qué Armenta huele algo extraño en el ambiente y que su sexto sentido le indica que algo oscuro se trama desde las altas esferas del poder y que en un nivel pico de probabilidad pudiera perjudicar a su amigo y hermano Javier López Zavala. O, bien, que esté perfectamente enterado que Mario Marín, aunque se perciba lo opuesto, aún no toma la decisión final sobre quién será el candidato del PRI a la alcaldía.


En Nuevo León el peor candidato del PRI, Rodrigo Medina, ganó la gubernatura y el priista mejor posicionado, incluyendo la carrera gubernamental, Abel Guerra Garza, perdió la ciudad de Monterrey en los comicios del año pasado. ¿Hay dudas de que las posiciones se negociaron desde el centro? ¿Armenta será víctima de alguna corazonada?


En resumidas cuentas, si La alianza PAN-PRD quiere en verdad jugar a ganar en la elección venidera tendrá que apostar a Enrique Doger o alguna otra candidatura ciudadana, y si aspirara simplemente a la negociación, lo hará con Humberto Aguilar o Lalo Rivera. Y la misma teoría aplicaría para el caso del PRI, si en realidad quisiera fortalecer la recia bandera de López Zavala tendría que casarse con un candidato a alcalde que le aporte voto fresco y renovado y que sume a su mercado duro. Si no, cualquier teórico de La sospecha, Marx, Freud y Nietzsche daría tiempo al tiempo para alumbrar la oscuridad de los acuerdos.

 

Autoría intelectual


***El secretario de Educación, Darío Carmona García, hizo una buena defensa del tema educativo poblano, resaltando logros nunca antes alcanzados, sin embargo como las bancadas del PAN y PRI no viven su mejor momento en términos amistosos, el maestro fue víctima de la úlcera panista y los tiempos de precampaña. **Personal del ISSSTEP reveló a este reportero que su director Lauro Sánchez pintó y revocó algunas grietas que tenía la Clínica 1 y por esas nimiedades el gasto ascendió a 8 millones de pesos, cantidad que bien pudo sufragar la construcción de un nuevo centro de especialidades. **En política las coincidencias no existen, y que se hayan publicado tres encuestas favorables a Montero en un mismo día: El Sol de Puebla, e-consulta y La Jornada de Oriente, ofende cualquier inteligencia por muy chaparra que sea.

 



 
 

 

 
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