Por las entrañas del poder


Jesús Ramos

24/05/2010

¡Estúpidos si no lo hicieran!


Acusar que en Puebla se despliega una elección de estado es un asunto poco viril. Y lo es, porque así como el PRI fue capaz de sumar a su causa al batallón rojo mexiquense, el PAN y PRD amalgamaron de extraña manera a los gobiernos del Distrito Federal y calderonista en un hecho inédito, por aquello del presidente ilegítimo, para combatir al marinismo.


¿Quién es el bueno y quién el malo de esta historia? Ninguno. Más bien habría que ponderar, ¿quién será el tonto del desenlace? Honestidad, oh Dios. De qué otra manera puede tildarse a quien resulte derrotado de esta conflagración, si ambos frentes, aliados y opositores, gozan de las mismas canonjías: dinero, estrategia, mañas, experiencia, gobierno y ejército electoral.


La presencia en Puebla de Marcelo Ebrard, Beatriz Paredes, Enrique Peña Nieto, Felipe Calderón, Santiago Creel y los que restan por venir, sería ingenuo catalogarla de turística o cultural, lo hacen porque de una u otra forma, todos y cada uno de ellos tienen intereses invertidos en nuestro estado y, también, porque si se fuese honesto y se aceptara la elección de estado, esta tendría que citarse en plural –elección de estados- por la cantidad de gobiernos que tienen metida la nariz en Puebla.


Podría no decirlo, por pudor moralista y mojigatería clerical, pero ambas fuerzas políticas hacen trampa de una u otra manera; ambas manipulan programas locales y federales para atrapar mercado electoral. Y estúpidos serían, si no lo hicieran. Una elección, como la que se da en Puebla no puede ser limpia por una razón lógica. Lo que está en juego es el poder, y en la lucha del poder, todo es válido.


Citaba Honoré de Balzac: En política, los principios no existen, lo que existen son los hechos. Luego entonces, ¿cuál de los dos bloques: el aliado o el opositor, se apega estrictamente a los principios éticos, morales y jurídicos de una elección? Pamplinas. Ellos no lo han notado cuando lloran, acusan y señalan a su victimario, pero a diferencia de otros años, la sociedad ya sabe qué se juega en estos tiempos y de qué tamaño es la calidad moral de los partidos.

 

¿Elección de estado? Por favor.

 

****

 

A propósito de figuras nacionales airadas en Puebla, habría que anotar a Manlio Fabio Beltrones para esta semana. El senador priista acompañará a Javier López Zavala en mítines que tendrán sitio en Ciudad Serdán y Tehuacán, donde además de promover al candidato a gobernador, aprovechará para ducharse de pueblo con miras a la presidencial de 2012.


Manlio no es un tipo que dé zancadas sin guarache, eventos proselitistas de buen calibre le sirven para ir ganando puntos en conocimiento y preferencia y, de paso noble y generoso como es, contribuirá en propinar un buen empujón a la candidatura de su compatriota priista. Así es como todos ganan, él gana por descender a la tierra de los mortales, gana Zavala con su presencia y estatus, y gana el PRI por ser Manlio un referente nacional de partido a pesar de ser generador de controversias.


Puede comprobarse, de acuerdo a los acontecimientos recientes, que ningún presidenciable estaría dispuesto a ceder la plaza poblana a su opuesto de partido. Ya se vio con Ebrard, El peje y Manuel Camacho Solís, y se está viendo con Enrique Peña Nieto y Manlio Fabio. Ojo. El gobierno estatal del futuro no es asunto que incumba solo a los poblanos, también interesa a los que cohabitan en el centro del país.

 

Autoría intelectual

 

****La semana pasada Álvaro Alatriste, “El buenas” o “El mostro”, hombre polémico y poderoso de Tehuacán, reunió a sus fieles seguidores para instruirlos y arengarlos: ¡El buenas para la gubernatura, es Zavala y El buenas para la presidencia municipal, es Balseca! Un correligionario imprudente y curioso lo forzó: ¿Y El buenas para la diputación, don Álvaro? ¡Luego les digo!, fue su respuesta. **El yunque exigió a Moreno Valle, el fin de semana, que detenga a Enrique Doger, si de veras es su aliado, porque el coletazo del Hoyo Financiero le pega también a Eduardo Rivera y lo hunde aún más en el abismo de la derrota.

 



 
 

 

 
Todos los Columnistas