Por las entrañas del poder


Jesús Ramos

25/06/2010

Trabada la elección, viene la madriza

La guerra sucia debe entenderse de dos maneras. Primero, que es un recurso o estrategia de debilitamiento en las campañas políticas. Y segundo, que de alguna manera traba la elección y la somete para que ninguna de las opciones a gobernador, aliancista o coalicionista, crezca más allá de lo que pudo crecer en intención de voto.


Digamos pues, que tanto Alianza Puebla Avanza como Compromiso por Puebla se dieron por bien servidos con las canicas que ganaron a lo largo de sus campañas y a estas alturas, el bofe ya se les pegó al hígado y el ombligo a la espalda -de tanto cansancio- y comienzan a sentir el terrible dolor del caballo, ese que les da a los corredores en la boca del estómago cuando la fuerza los traiciona.


El efecto que surte la mierda en ambos casos es el mismo, no pueden caminar porque se resbalan, se patinan. Y como la mierda la lanzan ambos bandos, se anulan mutuamente quedándose en el sitio que actualmente ocupan; Alianza Puebla Avanza con sus puntos porcentuales y Compromiso por Puebla con los suyos.


Conformistas no son, no se equivoque, lo que sucede es que los escenarios numéricos que poseen unos y otros pareciera que los satisface y reconforta, los hace felices y dichosos, les hace sentir la experiencia religiosa que pregona Enrique Iglesias en sus canciones a grado tal que sus ojitos los tendrán en blanco.


Y así como uno renuncia a seguir creciendo en las preferencias, el otro lo secunda, como si se hubiesen puesto de acuerdo, ¿o no me digan que con tanta mierda se beneficia una alianza en específico? Nel pastel. Ninguna sale beneficiada de tan desagradable y penetrante pestilencia.


Entrampar la elección, amarrarla, estatizarla, dejarla quieta puede traducirse, como que ambos bloques políticos compraron el boleto para dirimir sus diferencias ya no en la conquista de votos, sino en el choque de estructuras y la sacada de chispas.


Las encuestas de chile, de raja y de manteca publicadas aquí, allá y acullá tienen el mismo propósito que la mierdiza: confundir a la sociedad, no ceder verdades absolutas sino relativas, dijera el Dalai Lama en su libro El Arte de la Sabiduría, y detener la fotografía instantánea de la intención de voto a como se encuentra en este momento.


Entiéndase que la campaña ya terminó, lo que viene ahora sí es la madriza, no de candidatos, sino de estructuras.


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La Unión Nacional de Trabajadores (UNT) de Francisco Hernández Juárez se fracturará este fin de semana por la decisión de su líder vitalicio de pronunciarse a favor de la Coalición Compromiso por Puebla. Y es que a diferencia de antes, los trabajadores de ahora no siguen el cencerro de los dirigentes, se conducen acorde a su criterio.


Ayer mismo, después de que Hernández Juárez externó su respaldo al PAN y al PRD, los liderazgos sindicales –locales- de la Volkswagen, Telefonistas y del IMSS acordaron desmentirlo a través de acciones inmediatas que podrían tener lugar a principios de la semana entrante.


Lo mismo ocurre con el SNTE en sus secciones 23 y 51 y en el resto de sindicatos corporativos o charros, los trabajadores votan por quién quieren y les place no por quién les instruyen sus secretarios generales; el voto corporativo comenzó a morir de poco a poco con don Fidel Velásquez y expirará cuando Elba Esther Gordillo salga con las patas por delante y entregue el equipo, única manera de que los maestros y México entero se libren de ella.

 

Autoría intelectual

 

****La disyuntiva de decidir por quién votar, si por Mario Montero o por Eduardo Rivera, El 777, no es un tema de mejores, sino de peores. Tan malo el pinto como el colorado. **El cierre de campaña de Rafael Moreno Valle en el estadio Cuauhtémoc lo amenizará Ana Bárbara y Banda Cuisillos; pásele lista a Marcelo Ebrard, Cesar Navalú, Jesús Ortega y Jorge Kahwagi.

 



 
 

 

 
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