Por las entrañas del poder


Jesús Ramos

11/01/2012

 

Los mafiosos suelen ser más prudentes que los políticos


¡Vaya forma de accionar la bomba! Es de suponerse que Enrique Peña Nieto y su equipo de asesores debió calcular la onda expansiva que lo impactaría al exhibirse con Mario Marín en un evento proselitista como el de ayer en Puebla. Si lo hizo que bien, pero si no es casi seguro que tendrá consecuencias que lamentar ahora que sus puntos van a la baja.


Recordemos. En el capítulo donde El Padrino sufre el atentado, por pistoleros de Sollozzo, su ahijado Johnny Fontane externa su deseo de visitarlo en el hospital. Sin embargo su hijo Sonny agradece la deferencia y lo conmina a no hacerlo para no dañar su reputación de actor y cantante. Nótese en este ejemplo que los mafiosos suelen ser más prudentes que los políticos.


Desde medio día, de ayer, los portales electrónicos de periódicos como El Universal y Reforma ya habían subido la noticia donde Peña Nieto se placeaba con Marín en Puebla. Más por morbo que por interés noticioso, uno junto a otro –en gráficas-, se exhibió para México y el mundo las finas amistades que tiene el mexiquense.


Por si algo faltara a su enemistad con la lectura, y su desconocimiento de los salarios en México y los precios de la canasta básica, Peña Nieto sumó más carga negativa a su precampaña cuando cualquiera pensaría que sus necesidades tendrían que ser de cargas, sí, pero positivas. Conectar pues los cables de manera correcta para no provocar cortos circuitos.


Marín como Ulises Ruiz, Kamel Nacif o Humberto Moreira pueden no ser las criaturas del demonio que aparentan y que detrás de su fama pública existan auténticos ángeles de la guarda. Sin embargo la percepción nacional y social resulta contradictoria a lo ético, honorable y honesto. Y tal vez no sea su culpa, como tampoco de nosotros, pero parece serlo y lo que parece es.


Entre políticos dirán que peña Nieto necesita de Marín en Puebla como las flores el rocío y por eso se exhibió con él en horario estelar. Sin contradecir esta lógica divina, démosle el beneficio de la duda. ¿Pero no acaso existen maneras menos públicas para establecer compromisos y mostrarse afectos como Johnny Fontane con Don Corleone? Con que ellos lo sepan es suficiente.


En un exceso de realismo mágico del corte de García Márquez podría decirse que la nota de ayer no se la llevó Peña Nieto sino Marín en su natal Macondo para conocimiento internacional. Y se la llevó porque luego de un año de hacerse invisible volvió a aparecer en público, y no lo hizo a lo pichicato sino a lo grande con un precandidato presidencial del tamaño del mexiquense. Materiales noticiosos como el de ayer tenga por seguro que serán coleccionados tanto por el PAN como por la izquierda para ahora que se ofrezca en campaña. Y así ni cómo negarlo.

 

La mesura, lo mismo que la prudencia y discreción, decía Napoleón son virtudes del hombre. A Marín no le han demostrado su villanía, y eso es cierto, pero su mala fama perjudicaría hasta a Benedicto XVI si lo invitara al Vaticano como Peña Nieto lo hizo a su evento en Puebla.

 



 
 

 

 
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