Evolutics


Iñaki Gutiérrez Fernández

24/11/2010

La revolución educativa: retos de las mentes más brillantes del planeta para los rectores, maestros, políticos y padres de familia


Tajante dijo David Konzevik en la Ciudad de las Ideas: “habrá perdido la guerra del futuro cualquier estado sino pone la educación por delante”. Hoy sabemos que Corea está despuntado como nación destinando mucho menos recursos por alumno a la educación que en México. La clave a este aparente contrasentido radica en la forma y el método para darle prioridad a una revolución de la educación: se basa en la meritocracia del profesor, del director y del alumno y en esquemas de aprendizaje que hacen quedar al magisterio de México en la edad de piedra

 

En el paradigmático encuentro de las ideas en Puebla (esperemos que la nueva administración reconozca su valor sin importar que se haya originado como una forma de acallar las críticas de TV Azteca al escándalo de Marín vs. Lydia Cacho) sólo faltó que acudieran los responsables de la educación (¿qué sería más importante para Agüera o el secretario de educación?... de ello hablaremos en próximas entregas). Prácticamente un tercio de los ponentes tocaron de una u otra forma los aspectos que están cambiando la forma de aprender e innovar.

 

Sir Ken Robinson abrió con una idea contundente: “sostengo que la creatividad ahora es tan importante en la educación como el alfabetismo, y deberíamos tratarla con el mismo estatus”. Nos habló del “elemento” como aquella pasión por hacer algo en la vida como muy pocos: encontrar nuestro talento puede detonar la creatividad, la productividad y la innovación en cada individuo, haciendo del trabajo un pasatiempo. ¿Qué mejor que cada poblano encontrara su elemento? Seríamos potencia mundial.

 

Steven Pinker habló de la reducción de la violencia gracias en buena medida a la “escalera de la razón” donde la educación ha jugado un papel clave. Hoy México claramente requiere como eje de transformación poner el foco en lo que no rinde frutos de corto plazo, pero que representa la única salida real a la violencia que nos abruma: la educación.

 

Matt Ridley habló de la especialización entre cientos de individuos que trabajan en conjunto creando una “inteligencia colectiva”. Esta no puede existir sin un sistema educativo que detone el potencial de cada individuo (como bien apunta Robinson). Sin saberlo esta idea nos preparó para lo que otro ponente habría de presentarnos…

 

Quizá el que más nos revolucionó la mente en el tema educativo fue Chris Anderson al hablarnos de la tercera revolución en la que ahora los “átomos son los nuevos bits”. Añadió: “el mundo está cambiando no porque hayamos inventado las computadoras, sino porque las hemos democratizado”. En la tercera revolución pasaremos de democratizar la computadora a democratizar los equipos de producción: en tu casa podrás producir todo tipo de objetos… Así el mundo moderno tuvo que pasar primero por la era industrial, luego por la del cómputo y la red y ahora está ingresando a la de la manufactura colaborativa, individualizada y bajo pedido.

 

Esta tercera revolución permite ya que por ejemplo un grupo de individuos estén haciendo automóviles de forma colaborativa sin trabajar para ninguna empresa. ¿Los insumos para ello? la capacidad para conocerse y conectarse en la red;  la aparición de cientos de laboratorios y asesores en talleres del futuro con tornos, equipos de diseño, máquinas de inyección e impresión en tercera dimensión a los cuales te afilias por una cuota mensual; y el tercer ingrediente: la mente creativa que ha encontrado su elemento y aporta su imaginación para crear y producir en tiempos sorprendentemente cortos.

 

En el aspecto humano de la educación, a todos nos sorprendió una niña de apenas doce años que es capaz de presentar de forma elocuente y articulada sus ideas mejor que prácticamente cualquier político… ella nos retó a escuchar a los niños… “no hacerlo está cerrando la puerta a grandes ideas”. Ello lo confirmó antes Johnah Lehrer, profesor de Harvard que ha investigado la mente como pocos al hablarnos de cómo “los orígenes del futuro se originan en el pasado”. Yo agregaría que la creatividad se detona gracias a las bases de nuestra infancia, con las lecciones y apertura que hayamos experimentado tanto en la escuela como en la casa. Sean Stephenson nos lo confirmó al lamentarse cuando niño por su reducida estatura y fracturas recurrentes de huesos: su madre ante una de las primeras caídas le dijo: ¿“Shawn [el haberte roto los huesos] va a ser un regalo o una tragedia en tu vida?” Esa pregunta marcó el destino de aquel niño convirtiéndolo hoy en un ser humano que nos inspira a todos. Su experiencia pasada marcó su capacidad futura de imaginare un papel en la vida de triunfador, en lugar de víctima.

 

¿Nos inspiraremos a ser mejores poblanos y mexicanos? ¿Estaremos dispuestos a romper paradigmas en Puebla? ¿Podremos cuestionar y transformar el anticuado modelo educativo desde la primaria hasta la universidad? ¿Estarán preparados los rectores para cambiar su esquema mental e invertir en laboratorios de manufactura, en conectividad y redes, en equipos de cómputo (antes que a complejos y construcciones de relumbrón) y en el entrenamiento y los modelos pedagógicos que respeten y detonen la creatividad y el talento individual, la colaboración, y el respeto a las ideas que construyan las nuevas industrias y trabajos del futuro?

 

Esperemos que antes de la siguiente Ciudad de las Ideas hayamos iniciado el camino de la transformación educativa en Puebla para democratizar el acceso a una computadora, a la red, a un buen taller del siglo XXI y a una revolucionada educación para todos, absolutamente todos los estudiantes de Puebla. ¡No debe haber otra prioridad más importante!

 

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