Evolutics


Iñaki Gutiérrez Fernández

29/09/2010

La solución proactiva a las tragedias certeras que se avecinan


Muchas tragedias son altamente predecibles: se sabe que sucederán, lo único incierto es su fecha exacta.  Así por ejemplo hoy sabemos que cada año los huracanes serán mucho más intensos y de mayor duración. Los datos y modelos científicos  por un científico de MIT son concluyentes: el calentamiento global tiene impactos claros y crecientes en la cantidad de agua que se evapora de los océanos lo cual se traduce en un incremento en las velocidades de los vientos y la duración de los huracanes. El hecho por venir es contundente, las inundaciones serán mayores, las poblaciones afectadas crecerán y Puebla y los estados vecinos tendrán mayores tragedias… si no actuamos proactivamente.


Quizá una de las experiencias más frustrantes como ciudadano que ha vivido en el extranjero es observar el enorme distanciamiento entre la clase política nacional para aprovechar los avances del conocimiento social, científico y tecnológico en la prevención de accidentes y tragedias. Existen soluciones viables y probadas a decenas de problemas que hoy nos afectan desde cosas tan sencillas como códigos de construcción para prevenir incendios, mantenimiento programado y preventivo a drenajes o transporte, hasta modelado de flujos de agua entre presas y ríos en función de la calendarización de lluvias, planificación urbana para prevenir inundaciones, mecanismos de reforestación y monitoreo de cerros en peligro de desgajamiento, entre otros. El problema del desconocimiento a soluciones probadas se complica con el desdén por la planeación y toma de medidas de forma preventiva, en lugar de reactiva. Los muertos y heridos son el triste costo que casi nunca se castiga.


En 1994 me tocó ver una presentación de una candidata al doctorado en planeación urbana, ella era mexicana pero sólo en Estados Unidos le hicieron caso. Ella predijo claramente: con la sobreexplotación de mantos freáticos el Distrito Federal seguiría hundiéndose al grado que tendría que bombear el drenaje fuera del valle de México tras el año 2000 (antes había un declive natural para que el agua saliera por si sola del Valle de México). Agregó que además de las millonarias inversiones requeridas habría un enorme riesgo de inundaciones masivas con aguas negras que regresarían en automático ante cualquier falla. México no escuchó y por ello Iztapalapa padeció la tragedia: apenas el año pasado miles vieron inundadas sus casas con el caño del DF. ¿A dónde están los responsables que no escucharon? ¿Por qué no pagaron los millones en pérdidas no sólo para los directamente afectados sino todos los que no pudieron llegar al DF por el cierre de la autopista?


En los últimos años hemos sido testigos de decenas de tragedias que en buena medida eran prevenibles: el desgajamiento del cerro en Oaxaca que sepultó y mató a decenas de personas, el incendio en la guardería ABC de Hermosillo, el autobús sepultado en la Sierra Negra de Puebla, los aplastados en el Antro News Divine, los atropellados de Puebla por un autobús que se quedó sin frenos, la gente hospitalizada ante la caída de gradas en un espectáculo, otro cerro que sepultó a una comunidad entera en Chiapas, además de los miles de millones de pesos en pérdidas de patrimonio por casas desgajadas en Teziutlán, viviendas inundadas en Veracruz y los cientos de accidentes que suceden día a día por no tener una cultura de la prevención y respeto a las normas.


La prevención debe formar parte de nuestra cultura diaria. Se deben inspeccionar las gaseras, se deben revisar proactivamente los cableados en las guarderías, los autobuses del transporte público deben tener mantenimiento rutinario, los policías jamás deben ir parados en una pickup (en ningún país del mundo se expone tanto la vida de seres humanos ante cualquier enfrenón), la gente nunca debe viajar como carga en camiones, las bodegas de Cholula no deben acumular pólvora, las viviendas no deben construirse en cerros frágiles, los causes de ríos deben ser respetados, las presas deben desfogarse en cuanto se van formando los huracanes para evitar inundaciones posteriores, los edificios nunca deben cerrarse con candados con la gente trabajando (te sorprendería la cantidad de oficinas en Puebla que lo hacen), las carreteras que bajan del volcán deben estar libres de obstáculos y en buenas condiciones y todos absolutamente todos debemos exigir y vivir una cultura de planeación urbana, cuidado del medio ambiente y prevención de accidentes.

 

¿Cuántos muertos más antes de que empecemos a trabajar en mudar a la gente de los cerros de la Sierra Norte y Negra? ¿Queremos otro cerro desgajado como en Oaxaca o Chiapas? Si no escuchamos lamento decirte que diré: te lo dije.

 

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