De Fondo


Jesús Rivera


+ Campaña para entregar el petróleo

+ En Brasil, se arrepienten


El próximo 18 de marzo se cumple el 70 Aniversario de la expropiación petrolera.


El presidente Lázaro Cárdenas del Río, con el apoyo del pueblo mexicano,


decidió que el petróleo fuera propiedad de la Nación y desafió las amenazas de  poderosos extranjeros que explotaban en ese entonces la riqueza nacional.


La fecha viene a caer como balde de agua fría en medio de la  intensa campaña desatada por el gobierno panista de Felipe Calderón, que está en plena acción de convencimiento, en el sentido de que lo que más conviene ¿a quién conviene? es ceder parte las enormes utilidades del petróleo a empresas de otros países.


Desde hace semanas se ha difundido en la televisión, la radio y un sector de la prensa, la campaña de concientización  para que se acepte  como benéfica la  inversión privada en la riqueza petrolera.  Algo parecido vivió Brasil hace más de una década cuando entregó Petrobrás a las trasnacionales con un resultado desastroso del cual, hasta hoy no se repone.


Fernando Siqueira, director de la Asociación de Ingenieros de Petrobrás, en una entrevista publicada en La Jornada, el 12 de marzo, dijo a los reporteros, Roberto González Amador e Israel Rodríguez: “luego del debilitamiento premeditado de Petrobrás, para hacerla aparecer como ineficiente, hubo una estrategia mediática muy bien planeada y elaborada.


“La decisión del gobierno brasileño de privatizar su industria petrolera  en 1977, tuvo un componente fundamental para asegurar su realización. Cuenta Siqueira: fue convencer  a la población a  través de los principales vehículos de comunicación de masas en el país, de que Brasil no podía solo.


La campaña en los medios   hacía llegar a los brasileños el mensaje, insistente, de que si no había apertura al capital privado no llegarían al país recursos externos necesarios para explotar el recurso, y entonces, se decía desde el gobierno, se tendrían que desviar recursos de los ramos de la salud, educación y seguridad; se nos insistía en que no teníamos recursos ni experiencia, por lo que necesitábamos ayuda de las compañías, y que no permitir esa ayuda sería ruin para el país “.


“Todas las afirmaciones para apoyar la privatización  estaban sustentadas en mentiras”- como ahora aquí en México- Cuenta Siquiera: “fue una campaña muy bien elaborada y planeada.


Recuerda que la trasnacional Shell invirtió 100 millones de dólares para que especialistas y profesores,  escribieran artículos y  aparecieran en los medios de comunicación  para hablar a favor de la privatización.


“Les daban espacios para defender la privatización, compraron conciencias de periodistas y académicos, que después se volvieron célebres en los medios brasileños”.


Relata Siqueira: los promotores de la privatización  ofrecían a profesores universitarios triplicarles el sueldo para que aceptaran escribir artículos  y participaran en foros para hablar a favor de la apertura de la empresa petrolera al capital privado”.


“Yo como opositor a la privatización, realice entonces visitas por todo el país para hablar sobre el tema. Y me llamó la atención como, sin importar la región de Brasil  dónde me encontrara, las preguntas de quienes me cuestionaban en los foros  eran las mismas, como salidas del mismo sitio”.


Los periódicos y los medios electrónicos lanzaron una campaña intensa en la que argumentaban que la nacionalización de los recursos petroleros era algo retrógrada  y que la globalización era lo actual. Se desplegaron informaciones subliminales para convencer a la población, afirma.


En otra parte de la entrevista,  Ernesto Siqueira expresa  que ante la presión de Estados Unidos por privatizar los hidrocarburos  de América Latina,  Brasil debe copiar a México  el marco constitucional de control de Estado  sobre sus recursos. Ahora más que nunca Pemex  es un paradigma para Brasil, no al revés, afirma.


La campaña mediática que se despliega hoy en México a favor de la privatización, es  igual a la que se hizo en Brasil hace once años.          


En Brasil, se lucha ahora por la nacionalización de la riqueza petrolera. Los mexicanos entregaremos la nuestra,   como demandan los  agentes de las trasnacionales en el gobierno y en el Congreso de la Unión.
Ojalá que no.  




 
 

 

 
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