Freaks
Un clásico de lo grotesco


Zeus Munive


Es mi compadre pero no es mi compadre


Tener un narcoalcalde como compadre o ser amigo de un “Gavilán”, no tiene precio.

 

Esta historia crece y crece cada vez más. Lo mejor es que el Gobierno estatal se comporta como el filósofo de Güemes que decía: “Como puede que sí, puede que no y lo más seguro es que quién sabe”. O lo que es lo mismo: es mi voz pero no es mi voz. O como diría Carlos Olamendi: “Es mi socio pero no es mi socio”. O como diría la esposa del Gavilán: “está detenido pero no está detenido”. O como pensaría Jorge Estefan Chidiac: “Soy padrino de su hija, pero no soy padrino de su hija”.


Y es que ésta es la mejor forma de defenderse ante los tribunales.


Si a usted lo detiene un agente de Tránsito por estar tomado, dígale la clave: “Estoy borracho, pero no estoy borracho”. El tamarindo entenderá que es amigo de “aquél” y que, por lo tanto, tiene fuero, así que tendrá que darle el pase “mi jefe”.


Si eres un chavito que se clavó el vuelto de las tortillas y tu mamá te amenaza con darte de cuerazos, tienes que invocar al dicho de: “Jefecita, no manche, sí me lo clavé pero no me lo clavé”. Tú mamá sabrá que te quedaste con el vuelto, pero no te lo quedaste.


Si su esposa le asegura que anda de infiel con una lagartona respóndale: “sí estaba con aquella, pero no estaba con aquella”. Así sabrá su señora que usted cobra en la nómina dorada y por lo tanto recordará que vivir fuera del presupuesto es vivir en el error, así que se tragará sus palabras.


Es decir, hay que usar el sí pero no.


O como diría Luis Echeverría: “Ni bien, ni mal… sino todo lo contrario”.


Y esto viene a colación porque en los próximos días las empresas del narcoalcalde serán intervenidas, ya que se deberá analizar dónde estuvo el dinero bueno y el malo.


Aquí dos empresas estarán en serios aprietos: la primera es la caja de ahorro que impulsó junto con el Gobierno del estado el 31 de mayo del año pasado, según se desprende del boletín que manejamos en este espacio el lunes pasado, en donde el próximo presidente estatal del PRI, Alejandro Armenta Mier, siendo titular de Sedesol, aprobó la creación de dicha caja de ahorro.


La segunda es Fast FM, en donde las fuentes consultadas juran y perjuran que dicha empresa de envíos de dinero es propiedad del constructor Eduardo Rivera Santamaría y un pez muy gordo.


Hijo de un político prominente en la entidad, para ser exactos. Y que tanto el constructor como el pez gordo se reunían una vez por semana para ver cómo iban las ganancias de las remesas de los migrantes.


Es curioso saber que en Fast FM, Rubén Gil participó como fondeador y que él aseguraba que los otros dos eran sus socios.


Es más, él presumía que Fast FM fue puesta por él con su dinero y se la cedió al empresario y al hijo del político.


Y qué decir de Chávez Carretero, quien literalmente se hizo el “tonto” (¿más?) ante los señalamientos de su cercanía, en el nuevo periódico que dirige Mario Alberto Mejía.


Carlos Olamendi, quien anoche con Joaquín López Dóriga dijo: “me quieren manchar mi nombre”, cuando es de todos sabido que tenía negocios en conjunto con el narcoalcalde.


O el profe Wences quien tuvo que haberse quedado como repartidor de Cocacolas en Tepeojuma, en vez de presidir el PRI. Me queda claro que el presidente estatal del partidazo es un buen hombre, pero lo suyo lo suyo es la jardinería, ¿o no?


Y qué decir del propio PRI, que no sabe cómo justificar la llegada de este narcoalcalde a las filas del poder.


Es sencillo: “sí compró la candidatura, pero no la compró”.


Y no se preocupen, también los periodistas cometemos este tipo de pifias y nos justificamos diciendo: “Sí lo escribí, pero no lo escribí”.


Los periodistas somos tan bipolares y contradictorios como los políticos.


Es decir, somos una pinche fauna que un día alabamos a un alcalde y al otro día le llamamos narcotraficante.

 

Que dice mi mamá que siempre sí


Un tema en el que hemos insistido en este espacio es el conflicto de intereses en el que ha incurrido Gerardo Pérez Salazar con la Casa de Bolsa Vector al manejar dinero del Gobierno del estado.


El secretario de Finanzas reconoció en la tribuna del Congreso del estado que el dinero del Gobierno lo manda a la citada casa de bolsa, en donde labora su esposa.


El lunes pasado, María Isabel Velasco Ramos, vicepresidenta de Delegaciones de la Conducef admitió que sí existe conflicto de interés al invertir recursos del Gobierno del estado en la casa de bolsa debido a que en esta empresa trabaja Margarita Rojas, esposa de Gerardo Pérez Salazar, secretario de Finanzas y Administración (SFA).


Según la nota del reportero Efraín Núñez, la funcionaria federal dijo “En mi particular punto de vista existe una irregularidad en esta operación”.


El punto de vista es de una experta, no de un servidor.


Eso confirma lo que se ha venido manejando desde hace más de un año en este espacio.


¿Quieren más pruebas?


Al fin el funcionario dirá: “Sí hay tráfico, pero no hay tráfico… Está mi esposa, pero no está… es dinero del Gobierno estatal… pero no está”.


Yo escribí todo esto, pero no fui yo.


Ad infinitum.

 



 
 

 

 
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