Freaks
Un clásico de lo grotesco


Zeus Munive


A los periodistas hay que aceitarles el hocico para que no hablen


Ésa era la frase con la que trataba Gustavo Díaz Ordaz a la prensa. El problema no es que él lo dijera, el verdadero problema es que los periodistas levantaban sus patitas y sacaban la lengua para que el jefe de prensa les diera el embute a éstos, que poquito antes ya le lamían la mano.


Esta cita viene a colación porque el viernes pasado leí con atención una columna en la cual, tras la decisión de la Corte, hablaba de los “efectos mediáticos”.


En dicha columna, un presunto periodista de manera tierna y locuaz se tiraba al suelo y aseguraba que: “Fueron muchas voces las que cuestionaron a este medio por la postura que tomó desde que el escándalo fue detonado. Las críticas en contra de Intolerancia intentaron demolernos.


”En sentido contrario, no faltó el medio local que abanderó el movimiento y apostó a la caída del gobernador. En ese entonces, unos se erigieron como paladines de la libertad de expresión y despotricaron contra quienes fijamos una postura distinta. La máxima era: ‘estás con Lydia Cacho o estás contra la verdad’.


”De esta forma, se fue tejiendo una trama en donde no cabía otra lógica que la culpabilidad del gobernador.


”Ahora pregunto: ¿quienes festinaron las resoluciones pasadas de la Corte, en donde se hacían juicios previos sobre el Lydiagate, estarán dispuestos a reconocer las dimensiones del acuerdo de la Corte?


”Ahora espero la actitud de quienes desacreditaron a Intolerancia y a este columnista por haber tomado una postura distinta a la de los medios que juraban que la Corte resolvería en contra del gobernador Marín.


”El día de ayer la Corte fue contundente.


”Nos guste o no, Marín fue absuelto, y Lydia Cacho fue tratada como una mentirosa.


”Esa es la verdad jurídica.”


Bueno, pues que la cita del presunto periodista venía para estas páginas y por ello le respondo con toda puntualidad:


A ver, don Núñez. No se equivoque.


Si se criticó a Intolerancia fue, no porque esté en contra de Lydia Cacho, sino porque pesaron más los convenios que los temas periodísticos. ¿Acaso no se recuerda la vez que Denisse Maerker lo citó ahí en su programa de Televisa junto al llamado “Joven Pandal” en el que leyeron una crónica de Mario Martell? en la que, si no mal se recuerda, decía así: “El primer priista del estado demostró su poder político. El aparato estatal, su dinamismo, su control del voto duro del tricolor, sin timideces ni rubores movilizó a los priistas para que manifestaran una muestra de fuerza y solidaridad con el gobernador de Puebla. Los contingentes del partidazo llenaron por casi cuatro horas, con su marcha continua y sus gritos a favor de Marín Torres y en contra de los medios de comunicación, la avenida Reforma, de El Gallito al zócalo de la ciudad.”


Su cronista es quien habla del dinamismo del PRI en primera plana, nosotros no.


Y más adelante Mario Martell señala: “La efectividad de la marcha marinista fue más psicológica que mediática. Demostró cómo el poder es una ficción del ego que requiere las imágenes del priismo en la calle coreando porras al gobernador para resistir —insisto, al menos en el plano psicológico— a las cadenas de televisión nacional; y de cómo el priismo de base sólo existe en la medida en que es el fruto de la pasión por el poder.”


Eso lo escribieron en sus páginas, no en otro medio. Le recuerdo, además, que quien lo confrontó fue el Joven Pandal, quien iba en representación de La Jornada de Oriente y la periodista Denisse Maerker. A usted lo llevaron al paredón, a lo mejor también se pasaron de lanza, pero fue por lo que escribió el cronista de su diario.


En segundo lugar y ése es el meollo del asunto, Mario Marín no fue absuelto por La Corte, simple y llanamente a un grupo de seis ministros les pareció que la tortura no es tan grave y que no había elementos para señalarlo, no obstante, eso no quiere decir que no se haya confabulado. Si en seis personas con quién sabe qué intereses vamos a depositar nuestra confianza, pues estamos perdidos.


En tercer lugar, uno de los temas que se analizó en La Corte es la falta de división de poderes en Puebla. Y, bueno, ¿a poco me va a decir que Pericles Olivares y que el comeconchas de Pacheco Pulido no recibieron línea desde Casa Puebla?, por Dios. Que en Puebla la única democracia —y eso lo ejemplificó su cronista— es su primer priista que mostró su poder político.


Falso, don Núñez, decir que “la máxima era: estás con Lydia Cacho o estás contra la verdad”. Los que estamos en este oficio sabemos que no existen los absolutos en este universo. No pueden ser, porque los humanos somos tan subjetivos y nada objetivos. Y hay tantos niveles de destrucción como su opuesto en la mente de cualquier persona, que son inexistentes los absolutos, pero ese tema, supongo, es demasiado elevado para usted así que mejor regresemos al debate pueril, a su arena.


La verdad, don Quique, no es absoluta. Así que no se tire tan gacho al suelo que nadie lo llevó ahí.


Usted habla de la verdad jurídica que esgrimió el ministro que dijo que la tortura existe en todo el país y que no es tan grave para que la analice el pleno de la Corte.


Bueno, la verdad jurídica, puede ser, asistió a ese personaje, pero no la verdad real —que no absoluta, no se equivoque—.


Ahora, si le gusta revolcarse en esa verdad, lo entiendo, fíjese. Aunque no sé porqué, ya que creo que a usted lo dieron de baja de licenciatura en la Libre de Derecho porque reprobó Filosofía del Derecho, pero bueno, eso es lo de menos: la verdad jurídica es la verdad jurídica o no mi Henry.


Ahora, yo prefiero ser humilde y ser de los que coinciden con los verdaderos periodistas que escriben en medios nacionales como René Delgado, Ciro Gómez Leyva, Germán Dehesa, Roberto Rock, entre una lista interminable, que ser como la mayor parte de los colegas poblanos, que prefirieron quedarse con la idea de “lo que el viento a Juárez”.


Otro dato: usted, don Núñez, habla de los periodistas que festinaron. ¿Quién sabe quiénes sean esos? Festinar no es festejar, don Quique. No la chingue.


Festinar, según la Real Academia de la Lengua Española, es malversar.


O, en su caso, apresurar, precipitar, activar.


No malverse nuestro idioma.


Es decir que su pregunta: “¿Quienes festinaron las resoluciones pasadas de la Corte, en donde se hacían juicios previos sobre el Lydiagate, estarán dispuestos a reconocer las dimensiones del acuerdo de la Corte?”. ¿Quería decir, don Quique, quienes malversaron?, o ¿activaron?


La verdad, don Núñez, que ahí sí, no le entiendo, está usted muy denso, pero bueno le hago una pregunta más: ¿sabe usted el significado de la palabra balbucear?


Como ya sé que este lenguaje no le va a usted, don Núñez, y que a lo mejor prefiere responder con ese tufillo escatológico que de pronto lleva impregnado en sus ropas, pues ni modo, este texto no es una medición de fuerza, simple y llanamente es para que no llore como marinista lo que no supo defender como periodista y por la alusión, don Quique, esa maldita alusión. Sí me puse el saco, pus’ qué caray.


Al fin y al cabo usted fue quien chilló porque le criticaron a su medio adicto al sistema en el escándalo.


Pero pensándolo bien… mmm… si quiere se lo digo, total que yo no vivo del reconocimiento del poder: “Nos chingaron”, “uy, uy, uy”, “qué razón tenía Intolerancia con arrastrarse por un bolillo. Cómo no fuimos capaces de mamar de la ubre del poder”. “Traigan betún para que le limpiemos las botas al gobernador”. “Qué bueno es el periodismo de Intolerancia. Traen un tino en eso de la Corte. Qué bárbaros, se ve que siempre les asiste la verdad jurídica, ¿verdad?”


Servido, don Núñez.


¿Ya es usted un don chingón?, don Núñez.


Caray, hasta la duda ofende.




 
 

 

 
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