Freaks
Un clásico de lo grotesco


Zeus Munive


Apuntes para la política aldeana 2


Uno de los temas recurrentes ahora que empiezan a enfilarse a la carrera para la elección federal del 2009, es la llamada a los columnistas y/o directores de los medios por parte de los que suspiran por una curul en el Congreso de la Unión.


Sin que se ofendan esta clase de personajes, pero son tan simpáticos que nos remiten a los graciosos chimpancés comiéndose una banana y columpiándose en las ramas de los árboles para llamar la atención de quienes los observan.


Para lograr ese cometido (ser diputado, no chango) comienza todo un ritual propio de cualquier aldea poblana:


1. La lista de todos los aspirantes: Aquí, es el famoso listado que comienzan a filtrar con los mismos nombres de siempre y que manejan casi todos los columnistas como si fuera una exclusiva, aunque sean los listados de casi todos los periódicos locales y sean igualitos. No olvide que en esta lista deberán aparecer personajes sempiternos como: Víctor Hugo Islas, Germán Hickman, el profe Ceballos, Claudia Hernández, Mónica Naude, Mario Rincón y una larga lista de etcéteras. No se espante, por lo regular no llegan todos los arriba mencionados. La Cámara baja del Congreso de la Unión tampoco es una nave de los locos.


2. El jefecito de prensa. Es un ex reportero que se quedó sin chamba y que ya le comenzó a “operar” al aspirante. Este cuate te va a marcar por teléfono y dirá frases igual de simpáticas como “mi señor” “patrón” “jefe, cómo andas”, y si es más confianzudo te hará suyo (sin albur) y es que dirá: “Mi Mauro” o “mi Rodo” o “mi Fer”, total que te pedirá que se sienten a desayunar, a comer o a cenar “mi señor, cómo ves un desayunito, una comidita, una cenita”, siempre tiene que ser en diminutivo.


3. El aspirante. Una vez concertada la cita, el aspirante a diputado llega unos minutos tarde a la reunión. Después de dos o tres chistes y de hacer una crítica a su partido por alguna pendejada (de esas que no faltan) comienza con la cátedra del auténtico “yoísmo” es decir no hay nadie “tan honesto” tan “puro” tan comprometido con el partido que el susodicho candidato. Y el diálogo sería más o menos así: “Yo he trabajado muchos años ese distrito. Yo me lo merezco. Yo debo ser el elegido porque soy quien conoce mejor a la gente. Yo ya me la merezco. Yo he estado caminando con la gente. Yo sí me ensucio los zapatos. Yo como tamales con el pueblo. Yo… yo… yo…”. Y termina con la pregunta comprometedora “o ¿cómo ves?”.


3.1. El cebollazo. No se le debe olvidar al aspirante decirle al periodista la siguiente frase: “Siempre te leo”. Además de llamarlo: “El mejor periodista de Puebla” o “El más informado”. Estos comentarios son como cuando está uno conquistando a una muchacha y le tiene uno que decir algo así como: “Qué bonitos ojos tienes debajo de esas arrugas”. Los políticos piensan que los periodistas se sonrojan con ese tipo de cumplidos. La verdad es que por dentro piensan algunos: “Cállate pendejo, cuánto me vas a dar de chayo.”


4. Te pido que me apoyes. Esa frase debe pedirse con ternura. Es el final de la charla y sirve para que le den un espacio, ya sea en el diario, se comente sobre el personaje en la columna y/o se le dé una entrevista radiofónica. Acompañado de dicha petición deberá ir el: “Ahorita no tenemos mucho dinero, pero cuando lleguemos ya ahí nos pondremos a mano”. Ello con la intención de que el periodista se vea comprometido y diga: “No, hermanito, somos amigos. No necesitas decirme nada. El espacio es tuyo.”


5. El jefe de prensa se queda en la mesa. Esto es con la intención de que el periodista siga chupando. Posteriormente sea llevado a algún table dance, disfrute su privado o si se puede hasta 10 boletos con “Lulú Rey, la reina de la noche”, para hacer el in-out, in-out como diría el pequeño Alex de Naranja Mecánica. En dicho lugar de esparcimiento, el jefe de prensa deberá decirle que apoye a su jefe, que su jefe lo quiere, que es su amigo, que lo va a apoyar y que “ya sabes… lo que necesites”.


6. Vienen los madrazos. Como los periodistas de todas maneras van a criticar al candidato en plena campaña, el candidato ingenuamente dirá: “No entiendo por qué me madrea, si somos amigos”. Y es que quién sabe qué concepto de la amistad tengan los políticos.


Y es así como es que empieza el rito que en unos cuántos días comenzaremos a ver. Los políticos piensan que así se ganan las campañas. Que es la mejor forma de “operar”, aunque simplemente son vistos como unos simpáticos chimpancés degustando sus platanitos.


O sea de pura hueva.

 



 
 

 

 
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