Desde las Galias


César Musalem Jop

ARMENTA EL REGAÑON


Alejandro Mondragón Quintero, el creador de “Al Portador”, y también de “Status”,  me increpaba hace días en la 10.10 a.m., del ¿por qué ¿ Ignacio Armenta Mier, presidente del Comité Directivo Estatal del PRI, andaba regañando y llamándole la atención a diversos presidentes municipales emanados del partido tricolor.


En afán de aclarar situaciones me permito recordarle al lector, que en este país de democracia-partidaria-electoral, no de democracia de bienestar social (Carlos Montemayor), los partidos políticos son los únicos vehículos que usted tiene para llegar al poder-administrativo-económico como la presidencia de la republica, las gobernaturas, las presidencias municipales, las regidurías y las sindicaturas; y al Congreso General o a los Congresos Estatales.


Nuestro Atraso en Ingeniería de Organización Social ya expresado por científicos y tecnólogos es de más de 50 años en relación a los países más desarrollados en ese campo como Suiza, Alemania, Austria o Francia.


Y en relación a los E.E.U.U; Rusia e Italia es de alrededor de 30 años.


De ahí que los partidos políticos actúen como corresponde a nuestro desarrollo social, (que no es más que la suma de desarrollos personales y familiares).


Me consta que en Italia hace 15 años (ahora lo ignoro) un partido político para concursar en elecciones nacionales o regionales, necesitaba como mínimo un millón de miembros, y cada uno en liras tenía la obligación de pagar al Ministerio del Interior 80 dólares; aquí en México la última elección federal nos costó 15 mil millones de pesos mexicanos, sin tomar en cuenta lo que nos cuesta a todos y cada uno, y nos seguirán costando los cuerpos burocráticos del IFE, donde usted y yo desearíamos estar cobrando y gozando de la generosa seguridad social ahí existente.


Dejando de lado la existencia o inexistencia de la corriente legitimadora de AMLO, es digno mencionar que el espectáculo electoral complació a unos, muy pocos y exacerbó a las mayorías por su ausencia total de imparcialidad.


Los partidos políticos mexicanos, entes de interés público, consignados así constitucionalmente, tienen la obligación de poseer estatutos, programa de acción; plataforma de principios ideológicos y cuerpos reproductores de su inteligencia, y sobre todas las cosas una institución donde informe, capacite y adiestre a los futuros gobernantes.


Como esto no existe en México convertido el mandato legal en líneas de acción, bien hace el PRI por medio de su dirigente en alentar con medidas de presión a las autoridades paridas dentro de la “ Democracia y Justicia Social “ para que asuman sus altas responsabilidades, ya sea en Totoltepec municipio con menos de 1000 habitantes, o Puebla municipio que alberga a la Capital, o Atlixco o Acatlán de Osorio.


Los alcaldes, regidores y síndicos de todos los partidos, deben hacer honor a su plataforma de principios ideológicos y convertirla en compromisos con los votantes y con los abstencionistas; deben honrar su programa de acción con hechos concretos de buen gobierno buscador del bien común, y también bajo sus estatutos y con los recursos provenientes de las clases medias y de los vendedores de fuerza de trabajo, tienen que crear e impulsar la democracia interna. Es mayor la potencia neuronal de un grupo solidario, a la inteligencia brillante de un solo hombre.


A esta conducta priista debe añadírsele a la mayor brevedad posible la conducta del Congreso Estatal, donde los congresistas jurídica, social y antropológicamente, deben asumir su total responsabilidad al desaparecer gobiernos, designar consejos o revocar mandatos alentados por las palabras de los filósofos latinoamericanos del siglo XVIII y reactualizadas en el siglo pasado por Jesús Reyes Heroles.


“Quien pretende quedar bien con todos acaba por quedar mal con todos”.


La conducta de Armenta Mier ha permeado tan inmediatamente, que los dirigentes de otro partido, defensores a ultranza de un mal alcalde, han iniciando (eso dicen) una investigación para definir la conducta partidaria del mismo.


¿Cómo es posible que desde las cúpulas partidarias se sostenga con varios ejemplos la corrupción, la incompetencia, la ineptitud, la soberbia y los complejos y traumas?

 

Acaso las cúpulas partidarias no entenderán el mecanismo electoral -ahora rechazo- lo que ayer acepté, por haber sido traicionado en mi confianza.

 



 
 

 

 
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