Desde las Galias


César Musalem Jop

NUESTRA MADRE: LA GUADALUPANA


1.- No puedo eludir el trato histórico que Fray Servando Teresa de Mier gestó para nosotros sobre nuestra Santa Madre.


Teresa de Mier se destacó como orador sagrado de gran fama, gracias a ella y después de una gran deliberación, en aquellos coloniales días que la retórica dominaba al discurso fue seleccionado entre otros ases para dar el sermón conmemorativo sobre las apariciones Guadalupanas al ahora santificado: Juan Diego. 


En el discurso del 12 de diciembre de 1794, pronunciado en el sitial mas alto de la Catedral Metropolitana, hizo constancia:


a).- Que la imagen de la Virgen de Guadalupe no se plasmó sobre el ayate de Juan Diego sino en la capa de Santo Tomás.

b).-Que Tonantzin “La pantocreatora mexica-tenochca” era adorada en el cerro del Tepeyacacatl por cientos de miles de naturales, y que la Guadalupana proveniente de la Península Ibérica era otra advocación “donada para la gloria de la religión apostólica y romana”, y que ocuparía como ha acontecido y acontece en otros mundos y culturas, su lugar.


Tal dicho provocó la cólera de la cúpula  eclesiástica  misma que lo sometió a proceso y fue excomulgado.


“El destierro fue la condena que sufrió Fray Servando Teresa de Mier por sus dichos sobre la Virgen de Guadalupe y aprisionado fue llevado de la ciudad de México al Castillo de San Juan de Ulúa”.


“En noviembre de 1795, Teresa de Mier fue trasladado a Cádiz, reducido a prisión. Sin embargo tiempo después su caso fue presentado ante el Consejo de Indias, el que determinó privarlo de su libertad y lo condenó a permanecer en un convento de Salamanca”.


“De ahí Fray Servando intentó huir sin lograrlo. Motivo por el cual fue conducido al convento franciscano de Burgos bajo una mayor custodia”.


“De dicho encierro, el fraile dominico escapa y se refugia en Francia, donde instaura una academia, asociándose con el Profr. Robinson, para la enseñanza del castellano”.


“Logra que en Roma se le nombre protocolario apostólico, pero su misma inconformidad, lo impulsa a regresar a España, decisión que le será contraproducente porque al llegar a la península ibérica, es reaprehendido en Madrid el 24 de junio de 1804, remitiéndolo a la Casa de los Toribios en Sevilla, de donde nuevamente huye”.


“Su mala fortuna la conduce a Cádiz donde otra vez es hecho prisionero pero ahora lo sujetan a una barra de hierro con grilletes, lo cual no fue impedimento para que se repitiera la escapatoria, ahora a Portugal”.


Al enterarse de la invasión napoleónica a España con un ejército conducido por Pepe Botella, Fray Servando decide regresar a la Iberia para enlistarse como capellán del Regimiento de Voluntarios de Valencia.


Aprisionado en Belchite, España, nuevamente logra escapar. Recibe noticias del levantamiento de don Miguel Hidalgo, y se dirige a Londres, para llegar a la Nueva España y  participar en la Guerra de Independencia. Ahí conoce al guerrillero español Francisco Javier Mina, que tenía la experiencia contra el invasor napoleónico y lo anima a luchar al lado de la insurrección cuyo estandarte es precisamente “La Virgen Guadalupana”.


Mina no logró luchar en México. Recién llegado y desconocedor total de la geografía donde desembarcó, fue aprehendido y fusilado, mientras Fray Servando era procesado por el Tribunal (1820), el cual se desintegra y fue otra vez  remitido a España.


De ahí una vez mas escapó refugiándose en la Habana, de donde partió hacia EEUU”.


“Al consumarse la Independencia, Fray Servando regresa a México en 1822, pero como aún no existe la estabilidad política independentista, en el reducto español de San Juan de Ulúa, por un lapso de cuatro meses Teresa de Mier estará prisionero”.


El Primer Congreso Constituyente que durará de 1821-1824 le otorga a Fray Servando la libertad, y regresa a la ciudad de México en calidad de diputado por Nuevo León, distinguiéndose de inmediato por su oposición a Iturbide y por declararse republicano.


Ahora bien los que provenimos generacionalmente de la cultura republicana, y que durante la vigencia del Estado Benefactor Mexicano, asimilamos también las ideas de Patria y Nacionalidad, tuvimos y tendremos (tal es mi caso personal), una devoción altamente racionalizada sobre la Divinidad imponente, omnipresente y omnisciente que es la Guadalupana.


Sus apariciones apoyadas, negadas, aclaradas, definidas, enriquecidas, contradecidas o alabadas (Xavier Noguez); impulsan a sus cuatrocientos setenta y siete años de su descenso celestial en América del Norte-México, a que en la primera década del siglo XXI, entre 18 y 21 millones de mexicanos de los mas desprotegidos (incluyendo agricultores, transportistas, pequeños comerciantes, y profesores), acudan al Tepeyacacatl, y al Tepeyac, a postrarse ante sus pies en demanda de amparo y protección.


Estos devotos de la advocación de la “Madre de América”, acuden los trescientos sesenta y cinco días del año a visitar a su “Madre”, y dedícanle los meses de noviembre y esencialmente el 12 de Diciembre a prosternarse ante ella no en alarde sumiso sino pedimentario.


A pie, en vehículos automotores, y en bicicleta, millones de mexicanos provenientes de los desiertos y llanuras norteñas, de los páramos de los estados centrales, y de las aún existentes selvas mexicanas, atraviesan parte de los dos millones de kilómetros cuadrados, como los mahometanos van a la Kaaba, y hoy, parte de los españoles acuden al ritual andante para llegar a la adoración de Santiago al final de la “Ruta Jacobea”.


Llegar a la Villa de Guadalupe es un compromiso solidario familiar que durante centurias practicamos día con día los mexicanos, aún con la ausencia de liderazgos judio-occidentales-católicos-apostólicos y romanos, toda vez que sus escasos sacerdotes contagiados por la sobrevivencia capitalista, están comprometidos con la oferta de servicios religiosos y con las lecturas en misa de temas alejados de los grandes problemas, que afectan a sus corderos devorados por una organización nacional, donde la insolidaridad priva sobre los conceptos arcaico-cristianos.


Su imagen y figura existe en muchos templos mexicanos y extranjeros.


Al lado del Patrimonio Arquitectónico Edificado en la época colonial y en la contemporánea en su basílica, brillan y destacan por su buen gusto, concepción estética, riqueza y clase:


a).- Su santuario en Morelia, Michoacán, donde la yesería, el estuco, van de la mano con las ondulaciones en oro laminado de dieciocho kilates sobre fondo rojo.


b).- La soberbia pintura mural en doscientos metros cuadrados creada y desafortunadamente poco admirada en  la bóveda de Santa María Huatulco, en Oaxaca.


c).- Y para los amantes de las telenovelas es recomendable acudir a su capilla en “Nuestra Señora de París”, Francia, donde María Antonieta Rivas Mercado, la gran mecenas y la gran ingenua, del primer medio siglo pasado, y enamorada permanente de los hombres-mitos-mexicanos como Vasconcelos, (Fabianne Badrú) se suicidará  bajo su angustia existencial.


Su apoyo teológico-dogmático descansa en  diversos textos:


T.1.- “Hueitlamahuizoltica”.
T.2.- Nican mopohua (Apéndice I).
T.3.- Nican motecpana (Apéndice II).
T.4.- Inin Hueitlamahuilzoltzin” (Apéndice III).
T.5.- “Teponazcuicatl” (Apéndice IV).

 

Bibliografía: Documentos Guadalupanos: Xavier Noguez. Los Grandes Oradores Mexicanos del Siglo XIX. Fray Servando Teresa de Mier. “Confesiones de un Guadalupano Federalista”: Adolfo Arrioja Vizcaíno.

 



 
 

 

 
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