GAMBITO POLITICO


Alejandro Chacón Morales

06/10/2009

Crónica de una Muerte Anunciada para el plan B del gran elector


Si los escenarios de la sucesión se le siguen descomponiendo al Gran Elector, pero sobre todo si el más importante de ellos no puede concretarse en los próximos meses, el inquilino de Casa Puebla tendrá que pensar no sólo en el Plan B, sino también en la posibilidad de poner en marcha un obligado Plan C si desea que su partido, el Revolucionario Institucional, continúe vigente el poder.

 

De acuerdo con lo registrado en distintas columnas periodísticas –que cotidianamente lanzan mensajes cifrados para el círculo rojo local- el proyecto transexenal del Supremo Decisor parece complicarse minuto a minuto, pues el llamado delfín gubernamental no termina por mejorar sus niveles de eficacia política.

 

En los hechos, ni los cuantiosos recursos erogados por casi un lustro en el proyecto del bienamado ni el despliegue de burdas campañas mediáticas para generar la percepción de que éste es y será el elegido del pueblo presentan resultados positivos, pues todo sensato observador puede darse cuenta que la defensa que en ciertas columnas se hace del pijijiano es, además de torpe, absurda, ingenua y hasta ridícula… Un claro síntoma de impotencia, desesperación e incapacidad.

 

Por ello me atrevo a decir que los escenarios del Gran Elector se desintegran con el transcurso de los días, pues el trazado por el poseedor del dedo de oro para catapultar a su insigne entenado –y que se pensaba fácil desde un principio- no ha sido capitalizado del todo por los prosélitos del zavalismo.

 

La idea original estribaba en impulsar desde muy temprano (y como suelen marcar las reglas no escritas del sistema priísta) el proyecto del hijastro chiapaneco. Ello por supuesto bajo los preceptos de una estrategia que si bien es grotesca y lépera casi siempre es infalible: Poner al servicio del delfín todo el aparato gubernamental.

 

Y cuando digo todo hablo de (toneladas de) dinero, de personas, de infraestructura, de programas oficiales y de estructura partidista, así como del control y la perversión de muchos medios de comunicación en Puebla, incluidos directores y columnistas.

 

Pero, ¡Oh sorpresa!, el inconmensurable apoyo se ha traducido hoy en nada, toda vez que el promotor del (sub)desarrollo social ha desperdiciado un sinfín de oportunidades para estacionarse en las nubes, generar condiciones benignas y pertinentes para su proyecto, o de plano colocarse en una posición inalcanzable, invencible, pues.

 

La muestra fehaciente de ello es el comportamiento de sus chichifos, de sus corifeos en la prensa local, quienes siguen lanzando dolosas críticas contra los principales “enemigos” del animal acuático: Blanca Alcalá Ruiz y Enrique Doger Guerrero.

 

En ese sentido, lo que puede apreciarse es que el Plan A en el proceso de elección tricolor genera más conflictos que beneficios, por ello es que el Supremo Decisor –de continuar esta tendencia- estaría pensado en la proyección del Plan B o del Plan C, dependiendo de las circunstancia. Veamos por qué.

 

Si pensamos que los sondeos electorales serán utilizados para legitimar el método de selección del candidato o candidata, que no es otro que el de la candidatura de unidad (de otra manera no tendría ningún sentido armar toda una trama escénica sustentada en la realización de estudios demoscópicos), nos vemos obligados a poner en la palestra pública distintos escenarios.

 

En esta ocasión analicemos el más recurrente en las columnas políticas, y que en determinado momento podría ser uno de los probables.

 

Inicialmente, supongamos que nuestro mofletudo personaje logra superar por un escaso margen a la presidenta municipal -su más cercana competidora- e incluso incrementar su ventaja sobre el presidente del Indema.

 

En ese mismo escenario, imaginemos que el delfín alcanza un inmejorable nivel de conocimiento entre los electores, pero que en sentido contrario registra índices de aceptación, confianza y potencial de voto iguales o menores que los de sus contrincantes, como se mostró en distintos muestreos recientemente.

 

De ser esto posible, la candidatura de unidad terminaría por desvanecerse, pues el hecho de ser conocido es insuficiente para erigirse como un candidato de unidad. Basta recordar lo sucedido con Roberto Madrazo, quien tenía un alto nivel de conocimiento pero con niveles de confianza raquíticos, por los suelos… El resultado todos lo conocemos

 

En otras palabras, el fantasma del político tabasqueño estaría rondando por la casa de los zavalistas, quienes se empeñan en hacer todo lo posible para que el entenado marinista crezca en las encuestas y supere holgadamente a sus adversarios.

 

En ese sentido, y como siempre, emergen intrigantes las preguntas: ¿Le alcanzará el tiempo al delfín para superar ampliamente a Blanca Alcalá y a Doger Guerrero como lo tenía planeado el Gran Elector?... ¿Podrá hacer en dos o tres meses lo que no ha sido capaz de lograr en lo que lleva el actual gobierno?... ¿Cuál sería el costo en caso de lograrlo?

 

Más aún, ¿Cuál será el precio político que deberá pagar el PRI estatal, el Comité Ejecutivo Nacional y los grupos de poder nacional encabezados por Manlio Fabio Beltrones, Beatriz Paredes y Emilio Gamboa?

 

¿Bastará con el cabildeo que el dueño del dedo de oro realiza con el resto de los pre-precandidatos a quienes concede espacios de poder político?... ¿Será suficiente marginar a uno de los aspirantes y excluir por medio de intolerantes plumazos y declaraciones a otra?... Con todos estos factores ¿Será posible nombrar al principito “candidato de unidad”?

 

El panorama antes descrito nos remite a pensar en dos de los más cercanos amigos del Gran Elector para sustituir a su preferido: Mario Montero Serrano y/o Alejandro Armenta Mier.

 

Empero, estos reconocidos políticos, que en algún momento pudiesen encabezar el Plan B del Todopoderoso, también presentan serias desventajas.

 

Para el primero de ellos (interesado más en la presidencia municipal que en la gubernatura) el tiempo le sería insuficiente para obtener un buen posicionamiento electoral y para superar el bajo nivel de competitividad del bienamado.


No cumple, pues, con el perfil del “tapado” si ese fuese uno de los esquemas del gobernante en turno.

 

Para el segundo las posibilidades son simplemente inexistentes. Le mostraré por qué. Max Weber se inclina por recuperar a un político con virtudes para elevar la política a una dimensión de dignidad y responsabilidad.

 

Sin embargo, al observar el proceso sucesorio vemos con decepción que el flamante dirigente partidista ha terminado por actuar cada vez con menos cordura y mesura verbal, pero también por matar la prudencia para sembrar sobre sus cenizas el gen de la irresponsabilidad, con todo y que esto contradiga lo expuesto por la delegada del CEN priísta.

 

De las tres cualidades que establece este pensador alemán para el político profesional (pasión, sentido de responsabilidad y mesura) este protagonista sólo vive desproporcionadamente la primera; las otras dos están ausentes en él.

 

Con desconcierto miramos, por ejemplo, como el desacreditado mediador se ha erigido como Dios con su verdad absoluta, lanzando advertencias y escupiendo consignas. También vemos que se ha convertido en el orgulloso promotor de una práctica política que se mueve bajo la simetría amigo-enemigo.

 

Asimismo, ha reencarnado a través de sus actitudes y lenguaje la visión política  del clásico Carl Schmitt, filósofo que concibe el conflicto no como una condición para lograr el orden, sino como un elemento que intensifica la lucha.

 

Así, bajo la pretensión de eliminar a los “enemigos absolutos”, justifica la violencia verbal para encarnar la “causa justa”. Dicho de otra manera, todo aquel o aquella que sea considerado “enemigo” del mamífero marín-o, lo será también para el mozuelo dirigente partidista.

 

Por ende, Alejandro Armenta tampoco puede ser el Plan B del Supremo Decisor… Y cómo podría serlo alguien que ha generado un ambiente de polarización alimentado por la revancha, la intolerancia y la soberbia.

 

Por todo lo anterior, creo que los poblanos presenciamos la crónica de una muerte anunciada para el Plan B del Gran Elector. En ese tenor las preguntas que quedan en el aire son las siguientes: ¿Habrá en la mente del mandatario un Plan C?... Y si existe… ¿Cuál será el método de elección y quién él o la protagonista?

 

Jaque Mate

 

Pensar en un candidato de unidad a estas alturas del partido es llevar al suicidio político y colectivo a los integrantes del Partido Revolucionario Institucional, pues ni el propietario temporal del dedo de oro, ni el chiapaneco ni su compadre han logrado el consenso de la militancia.

 

Por el contrario, han sido promotores de la exclusión, de la parcialidad y del favoritismo. Y si no pregúntele a los grupos excluidos, ninguneados y hasta desdeñados por la burbuja del poder político estatal… Ojalá y que éstos no se revelen en el las elecciones constitucionales del próximo julio.

 



 
 

 

 
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