GAMBITO POLITICO


Alejandro Chacón Morales

11/08/2009

DE EXCLUSIONES E INCLUSIONES



No cabe duda que los medios de comunicación en Puebla se han erigido como uno de los protagonistas en el proceso de sucesión gubernamental. No sólo porque en ellos se definen las “cargadas” políticas y se dirimen las controversias partidistas, sino porque también se lanzan distintos mensajes cifrados y se bloquea —según sea el caso— a los participantes de una contienda electoral.


Y vaya que en nuestro estado existen múltiples ejemplos de esto. Basta con hojear los diarios y los magazines locales para darse cuenta de que el interés económico determina la mayoría de las veces el estilo de las líneas editoriales, el manejo de información y el criterio o sesgo político de algunos de ellos… No podría ser de otra manera.


En ese contexto, desde que el Gran Elector dio luz verde a los posibles candidatos del PRI, un basto número de espacios de opinión se utiliza para publicitar una y otra vez —convenio de por medio— el nombre del precandidato oficial. Más aún, para lanzar una serie de descalificaciones a quienes podrían hacerle sombra en la búsqueda por la nominación oficial de ese partido.


Si usted echase un vistazo en los diferentes rotativos notaría, en efecto, que varias columnas periodísticas —en especial las llamadas oficiales— se concentran regularmente en esparcir y exagerar las bondades del “promotor” del desarrollo social. Un fenómeno conocido como cargada mediática.


Empero, también puede percibirse que muchas de ellas minimizan los elementos positivos de otros personajes políticos y con amplias fortalezas, tales como el actual presidente del Indema, el Presidente de la Comisión de Hacienda del Congreso de la Unión o la presidenta municipal Blanca Alcalá Ruiz. Todos con un considerable posicionamiento social.


Esta inequidad periodística se hace palpable si revisa con detenimiento los diarios y se da cuenta del “vacío” que diversos comunicadores, por ejemplo, hicieron de manera sospechosa al sondeo electoral efectuado hace dos semanas por Sergio Cortés (véase La Jornada de Oriente), y cuyos resultados fueron harto elocuentes, pues el delfín se sitúa muy por debajo de sus contrincantes.


No obstante, la exclusión de ese análisis estadístico en los espacios de opinión publicada (cómplices silenciosos del mamífero marino) parece ser lo de menos en este momento.


Y es que algunos representantes de la prensa poblana se tomaron la “libertad” de “expulsar” de la contienda —seguramente por órdenes de su patrocinador— a dos personajes centrales en el juego de la sucesión: El  rector de la BUAP y la presidenta municipal Blanca Alcalá Ruiz.


La justificación: La ausencia de ambos en el desayuno organizado por el Gran Elector en los salones de Casa Puebla.


El objetivo: Generar una percepción negativa para ambos.


El marco teórico: Percepción es realidad.


Sin embargo, más tardaron los seguidores del delfín y sus columnistas cómodos en concretar dicho desplazamiento, que la primera regidora de la capital en reaccionar  oportuna y —creo yo— mesuradamente.


El encuentro público con el presidente de la Comisión de Hacienda en el Congreso de la Unión y con el hermano del ex gobernador Melquiades Morales Flores, sumado a la abierta solicitud de inclusión y unidad en el partido, le permitieron meterse de nuevo, y para disgusto de muchos, en la lista de posibles candidatos gubernamentales.


Y digo disgusto porque el primero que enfrentó los señalamientos de Alcalá Ruiz fue (aunque usted no lo crea) el dirigente municipal del instituto político al que pertenece: Una actitud excluyente, carente de pluralidad, antidemocrática, poco solidaria y similar a la que expresan los enemigos del Ayuntamiento, dígase el líder de los empleados sindicalizados.


El único que logró recomponer ese lapsus y subsanar el yerro de su compañero de partido fue el secretario de Gobernación en el estado de Puebla, quien incluso  —estoy de acuerdo con él— calificó de legítimas las aspiraciones de la presidenta municipal.


Un hecho que con toda seguridad le generará represalias mediáticas en algunos de los espacios editoriales que apoyan la campaña del precandidato oficial.


Pero regresando al tema de la exclusión “Alcalista”… ¿Sabe usted por qué decidió la presidenta asomar la cabeza, alzar la voz y hacerse presente en el escenario político partidista?... Le daré una respuesta concluyente:


Los 24 puntos de ventaja que tiene sobre el delfín. Según lo que refiere el estudio realizado por Sergio Cortés.


Se trata, en efecto, de todo un comportamiento afótico que rara vez se observa en materia política, pero que otorga los elementos suficientes para entrar en el juego sucesorio. Y si la gente —siempre la gente— quiere a la edilesa en la contienda, es porque poco le interesan los compromisos notariales. Así de fácil. Por ello la pregunta: ¿Qué pesa más, la voluntad ciudadana o las firmas ante notario?... Decida usted.


Ahora bien, algunos podrán decir que la encuesta fue levantada en el municipio de Puebla y que por ello el resultado fue lógico. No obstante, si pudiesen hurgar las cifras de los sondeos estatales entonces se sorprendería de la similitud de las cifras, y si no pregúntele a Elías Aguilar, a Rodolfo Rivera Pacheco o a Rigoberto Benítez Trujillo, los encuestadores de mayor prestigio en Puebla.


Es así que el oportuno ejercicio de autoinclusión realizado por Alcalá Ruiz viene a complicar el de por sí “espinoso” panorama electoral para el llamado hijo político del Gran Elector, pero también para otros que felizmente ya la daban por “muerta” en el proceso de sucesión gubernamental.


O cuándo se ha visto en la historia del Sistema Político Mexicano que el “tapado” se comporte como hace el favorito del señor… Cuándo se ha visto que el “protegido” utilice todo su poder para incrementar su presencia en los medios de comunicación.


Sólo tiene que leer los periódicos de Puebla para notarlo: Inauguraciones, reuniones, padrinazgos, bautizos, bodas y fiestas de quince años saturan su agenda social y política. Todo para tratar de crear la percepción de que es él, y nadie más, el virtual nominado del tricolor al gobierno del estado.


Una cosa es cierta, tal y como mencionó el periodista Arturo Luna en su Garganta Profunda la semana pasada: Si el precandidato oficial quiere ser ungido necesita muuuuuuucha prudencia, porque hasta el momento, y por lo que se refleja en el entorno de los medios de comunicación, ha carecido completamente de ella.


En este escenario, entonces, emergen las siguientes preguntas: ¿Será que le alcanzará el tiempo para remontar las encuestas? Si se dice repetidamente que se sitúa en el primer lugar ¿Por qué no se presentan los estudios? ¿No será que se trata de un simple bluff para despistar al enemigo? Y por último, pero no al último, ¿Cuánto más invertirá en recursos el dueño del dedo de oro para levantar a su favorito?


De nada sirve, desde mi punto de vista, la excesiva compra de espacios periodísticos, ni los fortuitos encuentros con “jóveneZ” priístas (con todo y que se realicen al margen de la ley) si la sociedad continúa rechazando de manera categórica las imposiciones gubernamentales.


Por ello es que el Gran Elector debe analizar con detenimiento las circunstancias y el panorama actual, pues no tiene caso seguir erogando millones y millones de pesos en la campaña de su protegido (y lo digo a reserva de posibles respuestas mediáticas) si éste sigue estancado en las encuestas.


Jaque Mate


El Gran Elector tiene hoy la gran oportunidad de cambiar las cosas y convertirse realmente en un verdadero demócrata, en el gobernante del pluralismo (¿A poco no les gusta ese adjetivo?)  Tiene la posibilidad, también, de realizar una jugada magistral para incrementar sus bonos en el plano nacional y salir de Casa Puebla con las manos limpias. Una jugada que, incluso, contribuiría a deshacerse de esa negativa imagen que tiene en el país a raíz del exabrupto cometido en el caso Cacho.


Y es que dejar en su lugar a quien encabeza las preferencias electorales le rendiría muchos frutos políticos.


La condición sine qua non es pensar detenidamente en los beneficios de la democracia partidista y en la inclusión de todos los aspirantes, en especial de aquellos que realmente —como él lo fue en su momento— son aceptados por la ciudadanía, porque ni la estridente operación gubernamental, ni la desmesurada felación periodística que a diario goza el elegido, lograrán que crezca en intención de voto, en confianza y en posicionamiento. Y si no al tiempo.

 



 
 

 

 
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