GAMBITO POLITICO


Alejandro Chacón Morales

13/11/2009

Fernández del Campo o Chidiac… El “Plan B” en la contienda municipal


Mucho se ha comentado el beligerante entorno que permea o envuelve la disputa por la nominación del Partido Revolucionario Institucional al gobierno del estado.

 

Casi todos los días escuchamos y leemos noticias que nos dan cuenta de la estresante y provocadora guerra entre sus principales contendientes (Javier López Zavala, Enrique Doger, Blanca Alcalá Ruiz y Jesús Morales).

 

Sin embargo, poco se ha comentado la estrategia que se sigue en el proceso para elegir el nombre del candidato tricolor a la presidencia municipal de la capital poblana.

 

En éste -como el plano estatal-  el escenario es igual o peor de complicado. Y es que todos quieren el cargo… Todos dicen tener posibilidades… Todos  desean seducir el pensamiento del imaginario colectivo, pero sin ofrecer propuestas concretas, o en su caso un atisbo de sus proyectos de ciudad.

 

Cierto es que el encargado de la política interna, Mario Montero Serrano, encabeza los sondeos. También lo es que por muchos años ha pugnado en su partido por gobernar la capital. Todo parece estar en su punto para alcanzar la obsesionante nominación capitalina.

 

Empero, existen elementos que se erigen como un gigantesco muro para cristalizar su deseo.

 

En primer lugar podemos referir que el compadre del Gran Elector tiene el “defecto” de comulgar en un grupo en el que igualmente se incluyen los secretarios Javier García Ramírez y Valentín Meneses (contrincantes directos del secretario de Gobernación).

 

Este componente lo convierte en un personaje vulnerable, pues el hecho de competir con dos de sus “compañeros” limita su capacidad de liderazgo y mina su potencial porque en política personajes del mismo peso y del mismo proyecto se neutralizan.

 

Vaya… Ni el inquilino de Casa Puebla ni el dirigente municipal del PRI, Carlos Meza Viveros, han podido mediar entre ellos para impulsar una candidatura de unidad.

 

En segundo lugar porque ni Javier ni Valentín ceden en su propósito. Mucho menos lo hará el hijo del comunicador Enrique Montero Ponce, quien siente que esta vez no se le puede escapar –como en elecciones pasadas- la oportunidad de alzarse con el nombramiento.

 

Ese es el motivo por el que el Supremo Decisor insertó en la disputa a Jorge Stefan Chidiac y al diputado Pablo Fernández del Campo. Ambos con posibilidades (más el segundo de ellos) para comandar el “Plan B de la elección municipal.

 

Los columnistas Rodolfo Ruiz, Enrique Núñez y Ricardo Morales tienen razón: El perfil de los mencionados en el párrafo anterior puede fortalecerse paulatinamente para igualar o equilibrar el peso de uno similar: El del joven pero experimentado panista Eduardo Rivera, virtual abanderado del PAN.

 

La gran diferencia estriba en que Stefan Chidiac es un político emergente. Es, como mencionan y especulan algunos periodistas, la carta con la que Blanca Alcalá podría negociar su dimisión en la lucha por la candidatura al gobierno del estado –un escenario que (estoy seguro) es poco probable.

 

Y es que los titubeos del ex presidente de la Comisión de Hacienda en la Cámara de Diputados para participar en una u otra contienda (gubernatura o presidencia municipal) lo colocan como un personaje indeciso y oportunista. Y eso, claro está, no le gusta a los electores.

 

Lo mismo sucede con Luis Alberto Arriaga, quien después de renunciar a sus aspiraciones por la capital y buscar la nominación por Cholula ahora pretende regresar por sus fueros al municipio poblano.  La política, en ese sentido, no puede tratarse de juegos ni de caprichos: Le hace falta congruencia… Es conocido, sí, pero carece de elementos para convertirse en un verdadero político.

 

Ahora bien, si eliminamos la estridente polarización entre los tres amigos del gobernador –que no tiene visos de solución-, el pobre perfil del comentarista de televisión, el relleno de otros contendientes como Víctor Manuel Giorgana, Crispín Campos, Lucero Saldaña, Gerardo Pérez y Pericles Olivares (Más interesados en amarrar un puesto gubernamental en el próximo sexenio o trienio), nos quedaremos entonces con Stefan Chidiac y con Fernández del Campo.

 

Es verdad que los dos se encuentran un poco rezagados en los estudios demoscópicos, pero lo importante es que ambos son considerados por el Gran Elector para sustituir a quien (si fuese por él) hubiese sido el candidato desde hace mucho tiempo.

 

No es casual, en ese tenor, que la “rasurada” encuesta del CISO de la BUAP haya centrado intencionalmente su atención en estos dos personajes y los ubique como los seguidores más cercanos de Montero Serrano.

 

Tampoco que en los últimos días sus nombres hayan sonado con mayor fuerza en los medios de comunicación y en los espacios de opinión publicada… Mucho más el de Fernández del Campo.

 

Lo interesante del sondeo es que los números ofrecen diversas conclusiones.

 

La primera, en efecto, que el titular de la Segob estatal obtiene cifras elevadas de preferencia electoral, pero también las más altas en rechazo ciudadano. Esto es -como dijo Rodolfo Ruiz a inicios de semana-, “gana la interna pero no convence”.

 

La segunda conclusión es que el diputado local por el cuarto distrito tiene, en sentido contrario, niveles electorales medianos, pero mayores de confianza y aceptación.

 

Es, en ese entendido, un político que sin duda alguna puede incrementar su potencial de voto: Sólo es cuestión de que sepa vender su imagen en la ciudad para posicionarse entre el electorado… Debe y tiene que explotar el tema del cambio generacional para deslindarse de los viejos y obsoletos modelos de gobierno que enarbolan Montero, García Ramírez y Meneses.

 

Y la última, que de todos los aspirantes –según se lee en los medios- Fernández del Campo se muestra con mayor soltura. Es más fresco. No obedece intereses grupales. Tiene carisma. No está peleado con nadie. Es joven pero también posee experiencia administrativa, pues su estancia como regidor en el trienio de Enrique Doger le ayudó a conocer los problemas de la ciudad.

 

El punto débil de Pablo es que en ocasiones habla de más. Es decir, se mete en problemas por sus declaraciones temerarias y hasta conservadoras. Un asunto que debe sacudirse cuanto antes si en verdad quiere presentarse como un político abierto y tolerante.

 

Por su parte, Stefan Chidiac tiene también un perfil interesante. Es un experto en el arte de manejar las finanzas públicas. Logró muchos recursos para Puebla como diputado federal y también tiene una buena relación con todos los políticos priístas. Empero, su situación se complica –insisto- por el juego de estar en una y otra contienda. Lo que demuestra inestabilidad y arribismo.

 

Una cosa es cierta, si el Gran Elector quiere que Montero sea el candidato del municipio necesita pensar en la opción de Blanca Alcalá Ruiz u otra persona para la gubernatura, pues el secretario de Gobernación es para López Zavala, indudablemente, un proyecto antagónico.

 

Otro problema para Montero lo constituye el hecho de ser, al igual que Javier López Zavala, el candidato de la imposición, de ahí que tenga un considerable nivel de rechazo entre los ciudadanos: Su obstinado interés por ser presidente municipal puede convertirse en un elemento de debilidad y de ataque en las elecciones constitucionales.

 

Es por todo lo anterior que el Supremo Decisor se encuentra en una encrucijada. Qué hacer entonces… ¿Apoyar a López Zavala para gubernatura sacrificando a su amigo del alma Mario Montero en la contienda municipal?... ¿Hacerlo en sentido contrario?... ¿A cuál de los dos impulsará? ¿Dejará que los priístas decidan?

 

Es de todos conocido que un mismo grupo político no pueden compartir los poderes estatal y local porque se romperían los equilibrios (una regla no escrita pero ampliamente practicada)… ¿Será esta la excepción? 

 

Jaque Mate

 

Pablo Fernández del Campo puede convertirse en el “as” bajo la manga frente a un candidato del mismo perfil como Eduardo Rivera. Muchos lo menosprecian, lo desdeñan, pero la realidad es que puede ser el político que necesita el PRI para sacudirse la imagen arcaica que tiene en las anquilosadas figuras de Montero, Meneses y García Ramírez.

 



 
 

 

 
Todos los Columnistas