GAMBITO POLITICO


Alejandro Chacón Morales

20/10/2009

¿Por qué Rafael Moreno Valle será gobernador?


Para responder esta pregunta inicial debemos partir de un hecho irrecusable. Es el Gran Elector (nadie más) quien está empeñado pertinazmente en imponer a su preferido… Y por lo que presumen los prosélitos del zavalismo parecer ser que no habrá marcha atrás.


En ese sentido, el Señor de los Cerros realiza todas las acciones pertinentes (o quizá impertinentes) para lograrlo. Desde tomar el control del partido, disponer de recursos económicos e impulsar esquema de convencimiento con los empresarios beneficiados por el grupo gobernante, hasta establecer una estrategia de amenazas y chantajes hacia los contrincantes más cercanos del preferido; es decir, contra Blanca Alcalá Ruiz y Enrique Doger Guerrero.


Se ha encargado, de la misma manera, de realizar negociaciones con el resto de los contendientes (aquellos que no tienen posibilidad alguna para liderar el proceso) y de poner en marcha una operación política intimidatoria por medio del mozuelo dirigente estatal del partido, Alejandro Armenta Mier,


El Supremo Decisor, finalmente, sometió a la BUAP para legitimar la imagen del principito.


Lo anterior a costa de tirar por un instante la credibilidad del CISO, esa que tanto tiempo y profesionalismo le costó construir el actual director de Opina, Rigoberto Benítez Trujillo (¿Qué dirá por cierto este prestigiado especialista sobre los desatinos de dicho centro de estudios universitarios?).


El camino, pues, está preparado para la llegada del delfín. Empero, si la consigna se cumple y Javier López Zavala es el gran ungido por las “fuerzas priistas”, también son posibles otros escenarios, entre ellos que Enrique Doger decida no  sólo desacreditar la imposición, sino apoyar públicamente – y sin necesidad de estar fuera del PRI- al todavía senador Rafael Moreno Valle.


Si esto sucediese, los zavalistas exigirían su destierro partidista acusándolo de alta traición hacia la “patria marinista”… Pero ello también impulsaría al ex rector a desafiar una vez más los designios del Gran Decisor. ¿Cómo?… Negándose a salir del otrora partidazo y gestando desde las propias entrañas del tricolor una protesta por todo el estado contra el mamífero marín-o.
Imagine en ese mismo panorama que el gobierno federal y el panismo nacional, encabezados por el Presidente Felipe Calderón, decidieran apoyar con todo la candidatura de Moreno Valle (incluyendo, claro, el ofrecimiento de una Senaduría para Ana Teresa Aranda y un espacio en el CEN del PAN para Humberto Aguilar)


Los resultados serían benéficos para el panismo local, pues frente a todo pronóstico saldría unido y fortalecido.

 

Y es que las dirigencias albiazules, embriagadas de incoherencia y oportunismo, declararían que el objetivo es sacar al marinismo de Casa Puebla… Sí, leyó usted bien, su lucha se centraría no en contra del PRI, sino en contra del gobernante en turno.


¿Pero qué a caso no es lo mismo?... En realidad el marinismo no es todo el PRI ni el PRI es el marinismo.


Que este partido haya sido secuestrado por un grupo es diferente. Tan sólo debemos recordar de acuerdo con los clásicos de la teoría de los partidos políticos, éstos se distinguen, entre otras cosas, por ser heterogéneos y diversos, pues en su interior coexisten distintos grupos con intereses diferentes y en ocasiones hasta opuestos.


La estrategia panista, en ese tenor, resultaría atractiva para amplios e importantes sectores políticos, económicos y sociales, pero especialmente religiosos, pues aunque no estén de acuerdo con la candidatura de Rafael Moreno Valle, terminarían por aceptarlo como un mal necesario, siempre y cuando se impida la cristalización del proyecto transexenal del Gran Elector.


Así las cosas, panistas radicales y moderados, puros y “piratas”, priístas excluidos, ex priístas rencorosos, líderes regionales atropellados por el marinismo,  empresarios ligados con la derecha, los patrones eternamente identificados con el PRI pero que no coinciden con la idea de la imposición, así como los ciudadanos sin partido -que de acuerdo con las estadísticas representan más del 70 por ciento del electorado- repudiarían en silencio al candidato.  Más aún, formarían parte de la conciencia colectiva para sacar al marinismo de Casa Aguayo.


Esto generaría, por lo tanto, un movimiento más allá de la fuerza electoral del PAN (hoy bastante disminuida)… Más allá del resto de los partidos políticos que en Puebla tienen una representación ridícula… Más allá de los intereses mezquinos de algunos grupos empresariales… Más allá del resentimiento de muchos priístas que han sido excluidos y renegados por el actual grupo gobernante.


Y es que no se trata de poner a discusión si Moreno Valle es más capaz para gobernar que el actual promotor del (sub)desarrollo social. Tampoco de que pase el examen de sangre para saber si es un panista puro o un panista  pirata (como dice Ana Tere). Menos de saber si cuenta o no con el apoyo de su hada madrina, la maestra Elba Esther Gordillo.


Se trata, según reza el pragmatismo y el cálculo político, de que en este momento el ex priísta es el único que podría hacerle frente al grupo que detenta el poder político  en el estado.


Sin embargo, aún cuando contara con el apoyo del PAN poblano, el mejor posicionado del panismo no podría hacerle frente al candidato del Gran Decisor de manera aislada, solitaria, pues.


De ahí que el papel de Enrique Doger en este proceso sucesorio sea estratégicamente importante… Él lo sabe y lo sabe muy bien, por eso actúa como actúa, pues como lo ha confesado muy en corto a algunos periodistas el propio ex alcalde: “Si no voy a ser yo el candidato, tampoco lo será Zavala”.


La elección que viene no será entonces una lucha electoral del PRI contra PAN; será una alianza no explicita pero sí acordada entre importantes grupos políticos, empresariales, sociales, universitarios (a excepción de la élite que gobierna a la BUAP) y ciudadanos contra el marinismo.


El pronóstico es la derrota de Zavala y de sus aliados, quienes ahogados de soberbia continúan presumiendo que el “músculo priista” doblegará a la conciencia colectiva poblana.


Ojalá algún especialista serio les aclare e insista que sus cuentas electorales no están bien hechas, porque cualquier principiante en estos temas entiende que en la actualidad ningún partido político gana con su llamado voto duro, pues quienes deciden son los ciudadanos.


Sí, ese voto que no acepta al candidato del dueño del dedo de oro… Ese que podría ver en Rafael Moreno Valle al menos malo de los dos contendientes… O para decirlo en el lenguaje coloquial, el menos peor.


Lo importante será, entonces, sacar a los marinistas del poder. No más, no menos. Con lo anterior, Moreno Valle vería convertido su sueño dorado en toda una realidad: Transformarse de senador en gobernador.


¿Y el triunvirato -como acertadamente lo llama el politólogo Luis Medina- qué decisión tomará? ¿Qué dirán Beatriz Paredes, Manlio Fabio Beltrones y Emilio Gamboa?... Es difícil saberlo, pero existe una aproximación: Si Mario Marín Torres se aferra a Javier López Zavala, los personajes nacionales dirán que se trata de la lucha del gobernador y no del PRI.


¿Lo dejarán sólo entonces?... Ello dependerá de la fuerza que adquiera la conciencia colectiva contra la imposición.


Jaque Mate

 

El futuro político del gobernador podría terminar el próximo año… Claro, ello cuando se concrete la unción de su entenado. Pero será precisamente en ese momento cuando empiece a dejar de ser el todopoderoso… Y si no pregúntenle a Guillermo Jiménez Morales, a Manuel Bartlett Díaz o a Melquiades Morales Flores, los ejemplos más cercanos.

 



 
 

 

 
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