GAMBITO POLITICO


Alejandro Chacón Morales

22/09/2009

TOLERANCIA: RECURSO IMPRESCINDIBLE PARA LA POLÍTICA


El agitado escenario político generado por el proceso sucesorio, y por la dinámica que le imprimen sus protagonistas, alcanzó niveles de confrontación que resultan preocupantes.

 

Quienes observamos con cierta calma los acontecimientos políticos en Puebla presenciamos un espectáculo por demás vergonzoso, en el que sin recato alguno se exhiben miserias políticas.

 

Somos testigos de la irresponsabilidad que de manera consciente y vanidosa manifiesta uno de los principales actores de la arena política en el Partido Revolucionario Institucional. Me refiero, por supuesto, a quien debería asumir el papel de mediador en el proceso de elección interna.

 

La intolerancia desbordada por el novel dirigente partidista se ha convertido en la sombra inseparable de su lenguaje excluyente y autoritario, que como ardiente bola de fuego lanza de manera continua contra la presidenta municipal Blanca Alcalá Ruiz.

 

Para desgracia de algunos priístas -que en la ceguera colectiva aplauden el proceder de su líder-, la prudencia, la mesura, el diálogo paciente y la tolerancia como práctica palmaria lamentablemente se encuentran ausentes en el proceso de elección interna.

 

Como la historia lo muestra incansablemente, el hecho de recurrir a la descalificación de la otra parte en ocasiones resulta inútil y hasta contraproducente, como quedó de manifiesto después de que Alejandro Armenta malogró el intento por excluir de la contienda a quien todos los días se resiste al sometimiento.

 

Alguien –esperemos que su propia (in)conciencia- debería recomendarle al célibe dirigente un cambio de actitud, pues corre el riesgo de creer que es el portador la verdad absoluta.

 

Y en los hechos lo piensa, pues en medio de su soberbia megalomaniaca y de los designios de su amo intenta desterrar o eliminar de un plumazo a quienes no comparten sus dogmas.

 

De esta manera, resulta preocupante que los espacios ganados por la tolerancia se encuentren amenazados por un negligente personaje que día con día exterioriza sus preferencias políticas.

 

Lo grave es que la promoción de estas intemperantes actitudes han ganado simpatizantes y promotores… Estamos, pues, al borde del suicidio político colectivo.

 

Esta afirmación, estimado lector, pudiera parecerle una exageración, pero quizá valga la pena recordar que el valor antes citado surgió en las entrañas del pensamiento liberal como una alternativa de cálculo, porque es menos costoso que la intransigencia. 

 

Parafraseando a Michel Walzer (quien dice que la tolerancia hace posible la diferencia y viceversa), podemos decir que el reconocimiento de las diferencias y que el derecho a ser y pensar de manera distinta debe permear todos, absolutamente todos los ámbitos.

 

En una sociedad como la nuestra, que ha decidido abrirle la puerta a la democracia, la tolerancia debe convertirse en la condición sine qua non para garantizar el pluralismo de opiniones y con ello la diversidad de creencias e ideologías.

 

Pero también para permitir que los desacuerdos políticos o de otra índole se diriman a través de procedimientos pacíficos.

 

Porque el valor del que hablamos es una virtud necesaria para la convivencia política, de ahí que resulte importante defenderlo como práctica cotidiana, ejercerlo como valor intrínseco de las acciones y reproducirlo para que norme las relaciones entre los actores políticos y sociales.

 

El fortalecimiento de la vida democrática hace de la tolerancia una razón de prudencia política. Dijera Norberto Bobbio: Una actitud, un método de convivencia civil que se aplica a todos los ámbitos de la vida social.

 

Es importante señalar, en ese sentido, que toda sociabilidad que presuma tener un carácter democrático debe fundamentarse en el compromiso representativo del consenso y del disenso.

 

Si los distintos actores que participan en este proceso reconocen estas dos dimensiones, la tolerancia podrá confirmarse como el modus vivendi de la política poblana y, de igual forma, en el sostén para recuperar la validez del diálogo, tan necesario en estos días que la violencia verbal se apodera del escenario sucesorio.

 

El obstinado y terco perfil que poseen algunos protagonistas de la política local (hoy encumbrados en el poder estatal), ha hecho que sus actuaciones se conviertan en un ácido corrosivo que amenaza con pulverizar todo intento de vida institucional en la lucha por la nominación oficial del tricolor.

 

En efecto, la propia actitud estridente, provocadora y desafiante de estos personajes empieza a convertirse en un riesgo para la estabilidad del Revolucionario Institucional en Puebla.

 

Sin embargo, todo parece indicar que para ellos (los  integrantes de la “burbuja”) esto no tiene importancia.

 

Sería, en todo caso, un mal menor en la búsqueda de un objetivo mayor: Alcanzar el poder a costa de lo que sea, a pesar que con el paso de los días se asoma cada vez más débil, acotado, limitado y con un mínimo margen de acción.

 

De ese tamaño es la intolerancia y la irresponsabilidad que gustan presumir a quienes desde un estratégico mirador ciudadano los observamos de manera cotidiana.

 

Una de las muchas preguntas que quedan en el aire es si estos personajes conformados en equipo (Zavala-Armenta) han calculado el daño de sus actitudes excluyentes y autoritarias, pues con ellas podrían causar las primeras grietas del sistema político local priísta.

 

Situaciones como las que actualmente presenciamos son lamentables y peligrosas, no sólo porque representan un retroceso para la política poblana, sino porque ponen riesgo la sucesión y, más importante aún, le descomponen los escenarios a su titiritero común: El Gran Elector.

 

Jaque Mate

 

En suma, tanto el “delfín” como el mozuelo tienen la obligación moral de demostrar con hechos y actitudes (no sólo con declaraciones públicas o mediáticas) que son capaces de expresar, defender y poner a consideración sus diferencias, púes sólo asó podrá eliminarse de una vez por todas la confrontación, la exclusión y la violencia verbal del terreno político local, un mal común que azota a muchos personajes la esfera pública poblana.

 



 
 

 

 
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