GAMBITO POLITICO


Alejandro Chacón Morales

23/10/2009

“…Seriedad, señores…”


Mi querido Michelet:


Los estudiosos del escepticismo, desde Sexto Empírico hasta Miguel de Montaigne, David Hume y José Ortega y Gasset, concluyen que toda representación que se piensa como verdadera es per se contradictoria.


Esto quiere decir que el testimonio dogmático es igualmente categórico que el hipotético: Afirmación y negación, pues, tienen el mismo grado, el mismo margen de persuasión.


Cierto es que el hombre, por naturaleza, cree que la buena voluntad es suficiente para conocer la verdad. Sin embargo, los sofistas nos dicen que siempre debemos dudar, denunciar e impugnar la imposición de verdades ilusorias carentes de certidumbre y/o elementos de convencimiento.


El escepticismo, como dice Montaigne, se erige como un cerco de protección contra el imperio de las pautas morales impuestas desde círculos externos, lo que garantiza la libertad de juicio y de opinión.


Si somos filosóficos –destaca Hume- debemos permanecer sobre principios escépticos, porque no existen criterios de verdad. Los testimonios de ella –remata Sexto Empírico- son meramente relativos.


En suma, si fuese necesario definir todas las formas de escepticismo en la historia del pensamiento humano, tendríamos que decir que se trata de un movimiento de disolución contra el dogmatismo.


Desde esa perspectiva, los cuestionamientos que en este espacio se han realizado contra los recientes e hilarantes estudios demoscópicos –llámense del CISO de la BUAP, Más Data, Gerencia Electoral Consulting o de Consultores y Marketing Político- obedecen los principios de una posición escéptica racional, nunca del denuesto inextricable o carente de cimientos.


Se trata, en estricto sentido, de erradicar o combatir el intento de sacralización de paradigmas que, desde los oscuros recovecos del poder, intentan construirse para beneficio personal o colectivo de los marinistas y los zavalistas.


Por ello es que en mis entregas he puesto en tela de juicio no sólo el resultado de las casas encuestadoras prozavalistas, sino su propia metodología… Lo importante de todo esto, insisto, es el contexto en que se presentan, el escenario político-social en el que emergen y los propósitos generales y específicos que persiguen.


Como he dicho en colaboraciones pasadas, “las encuestas son un proceso comunicacional de confirmación y estrategia que implica, por un lado, tener dominio en los medios y, por el otro, realizar encuestas dirigidas para modificar tendencias y conquistar ideologías tanto en el “círculo rojo” como en el rubro social. Es decir, lanzar señuelos para capturar más electores”.


He referido que este tipo de indicadores “intentan generar un ‘clima ganador’ utilizando los beneficios de la inducción mediática”.


No ha sido incidental, por ello, que “los periodistas pregonen casi al mismo tiempo la existencia de ‘nuevos’ y ‘prestigiosos’ sondeos con cifras por demás engañosas, que lo único que hacen es insultar la inteligencia del electorado, de los ciudadanos y de alguno que otro periodista trasnochado”.


“… Lo hacen también quienes encabezan algunas oficinas de redacción en Puebla, pues como moscas en su gran comilona han decidido proteger el sueño onanista del personaje que nutre cotidianamente el ‘sobre’ y la ‘gratificación’… El cochupo, pues...”


Creo que mi estimado amigo Arturo Rueda escapa de esta última categoría; sin embargo, la defensa a ultranza que hace de la BUAP y del Centro de Investigaciones Sociales lo coloca hoy como un columnista demasiado exigente con el debate de ideas, rígido y hasta ortodoxo.


No pongo en duda la credibilidad característica de Rueda, tampoco la contundencia de sus señalamientos, mucho menos sus capacidades para desbrozar o desmenuzar el estudio que hace de los sótanos de la política local, nacional e internacional.


El columnista es en la actualidad un referente periodístico. Empero (con perdón del aludido) en esta ocasión disiento, discrepo de su punto de vista y de la manera en que custodia los intereses de la máxima casa de estudios.


Y es que decir que el CISO de la BUAP es “certero y prestigioso” equivale en la misma medida a señalar que carece de dichos elementos. Desde la óptica del pensamiento socrático y escéptico es un sí pero no, o no pero sí… Tiene razón Rueda… Pero no la tiene.


En ese sentido, mi estimado Michelet, necesitamos convertir lo verdadero en falso y lo falso en verdadero. Más aún, dudar de todo lo que se nos presenta como un hecho categórico, totalitario o absolutista (como las encuestas prozavalistas).


Recordemos el lema principal de Marx retomado de los griegos: Si deseamos comprender el mundo, si queremos conocer la verdad debemos dudar de todo (omnibus dubitandum).


Alfil por Torre


Ahora bien, mi compañero de espacio editorial pide, exige seriedad para cuestionar, en lo particular, el desempeño del multicitado organismo universitario.


Pero… Cómo podemos hablar de seriedad cuando la exposición de encuestas electorales se ha convertido en un insulso y pueril deporte periodístico siempre en beneficio del mamífero marín-o.


¿Es realmente serio que las diferentes casas encuestadoras presenten resultados contrastantes en menos de dos semanas?... ¿A poco es serio que Demotecnia retrase “sospechosamente” sus resultados?... ¿Qué puede ser más serio que la contratación de una empresa de marketing para posicionarse entre los ciudadanos por medio de encuestas de empuje?


Acaso seriedad significa utilizar los recursos del erario para promocionarse desmesuradamente en el interior del estado con fines electorales, o realizar proselitismo en calidad de secretario y señalamientos gubernamentales en calidad de precandidato.


¿Qué podemos decir de la manipulación periodística?... ¿Gozamos de seriedad cuando la prensa es utilizada como garrote contra los detractores del zavalismo?


¿Existe seriedad después de que los diputados priístas rompieron sus promesas de campaña y nos aplicaron la “roqueseñal”?


¿No sería más serio e importante que la BUAP se insertara en el debate de los costos e implicaciones de esta insultante medida que defender desde su oficina de comunicación el alicaído prestigio de su casa encuestadora?


Y por último, pero no al último, acaso seriedad representa condenar el pensamiento crítico de los docentes e investigadores universitarios que levantamos la voz, o censurar (y hasta satanizar) la libertad de opinión que tenemos como integrantes de una comunidad cogitabunda.


No, promesa… Los señalamientos realizados en esta columna periodística no tienen la intención de cuestionar por cuestionar. Menos de lanzar acusaciones sin sustento.


No se trata de hombres o nombres. No se trata de Enrique Doger, de Blanca Alcalá o del bienamado. Tampoco de usurpar las funciones políticas del partido en el poder, de los sistemas (des)organizados o de la propia opinión publicada.


Se trata, sí, de establecer razonamientos libres, insubordinados, indemnes, incorruptos. También de enviar mensajes para los telegrafistas políticos y de ofrecer escenarios para entender el comportamiento del Supremo Decisor, pero sobre todo para comprender la circunstancia electoral prevaleciente en Puebla.


Pedir seriedad, mi audaz periodista, es pedir solemnidad… Seriedad es sinónimo de sobriedad, de gestos hieráticos, de carencia de color, de broma, de ironía y de sarcasmo. Y en política, como en la vida misma, estos elementos nos permiten visualizar los sucesos de manera diferente, con un cristal de mil aristas.


Jaque Mate


El teórico de la ciencia Karl Popper es enfático cuando refiere que una proposición es científica si puede ser refutable; es decir, susceptible de que en algún momento puedan plantearse ensayos o pruebas para impugnarla, independientemente de que salgan airosas o no de dichos ensayos… Permitamos entonces, joven promesa, que esta teoría inunde el espacio reflexivo de la política local.

 

P.D. Por respeto al director de este periódico -mi amigo- esta será la primera y la última ocasión en que emito una respuesta a sus comentarios… ¡Seriedad, pues!

 



 
 

 

 
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