Opinión


Mikhail Gorbachev / NY Times


Ha llegado el momento de que Rusia se modernice

 

Rusia ha elegido un nuevo presidente


Yo voté, y pedí no sólo a mis amigos y a mi familia, sino a todos los ciudadanos de Rusia que acudieran a las urnas y emitieran su sufragio. Pese al hecho de que los resultados eran predecibles e inclusive programados.


Debido a la popularidad del presidente Vladimir Putin, quien respaldó a Dimitri Medvedev y luego aceptó servir como su primer ministro, el resultado estaba cantado. Muchos en nuestro país criticaron esa excepcional característica de la elección.


Los votantes no recibieron la oportunidad real de comparar las propuestas de los candidatos sobre cómo lidiar con los problemas que enfrenta el país. El conjunto de candidatos en sí dejaba mucho que desear. Y pese a ello, el pueblo fue a las urnas y votó. Otro tributo al fenómeno encarnado por Putin.


Pero, pese a la importancia que han tenido en meses recientes las elecciones para la Duma y para la presidencia, he estado pensando en lo que ocurrirá ahora.


Tenemos ahora una oportunidad excepcional de aprovechar la estabilidad y la confianza conseguidas en los últimos años, así como los favorables mercados internacionales, para avanzar de manera decisiva en el sendero de la modernización. Eso significa mucho más que modernizar la industria. Necesitamos modernizar la manera de gobernar, crear una economía innovadora, dar nuevo énfasis a la educación y a la salud, y, como prioridad principal, reducir la brecha entre pobres y ricos, mientras combatimos la corrupción y la burocracia.


En una acción que ha sido elogiada, tanto el presidente Putin como el candidato Medvedev se concentraron en esos desafíos durante los días finales de la campaña. No tengo duda alguna de que harán todo lo que sea necesario. Pero sus esfuerzos por sí solos no serán suficientes para tener éxito.


A todos los niveles —federal, regional e inclusive local— necesitamos mayores cambios personales. No estoy proponiendo una campaña de “echen a patadas a los bastardos”. Necesitamos educar a los funcionarios para que resuelvan los nuevos problemas de manera novedosa. Y aún más, requerimos abrir el camino a los jóvenes. A menos eso se haga, muchas de las promesas formuladas al pueblo no podrán ser mantenidas, y ninguna campaña de relaciones públicas podrá ocultar ese hecho.


Sabemos, por la experiencia vivida por otros países, que problemas de tal magnitud sólo pueden ser resueltos en un medio ambiente de real democracia, en una sociedad civil donde el gobierno es responsable ante el pueblo, y el pueblo no teme tomar la iniciativa.


Algunos podrían plantear objeciones a esto, indicando que no podemos permitir “aflojar las riendas”, que Rusia necesita más experimentos democráticos, pero también una autoridad vigorosa y una “mano fuerte”. Pero una autoridad vigorosa sin un verdadero respaldo del pueblo puede ser impotente. Putin obtuvo apoyo porque identificó correctamente lo que quería el pueblo: el restablecimiento de la estabilidad y la reconstrucción del estado ruso. Ahora enfrentamos tareas de enormes proporciones, verdaderamente históricas. Y para lograr eso, necesitamos un nuevo nivel de retroalimentación entre el Estado y la sociedad.


Y eso me lleva al punto en que tanto he insistido: para tener un sistema de gobierno eficaz, debemos reformar nuestro sistema electoral. Esto significa realizar cambios de gran importancia en los mecanismos de las elecciones presidenciales y parlamentarias y en la elección de gobernadores.


La principal prioridad es retornar a un sistema mixto de elecciones parlamentarias. De esa manera, los electores podrán votar por “listas de partidos” y por candidatos individuales.


Los votantes deben estar seguros de que su parlamentario elegido trabajará para ellos. Luego de las elecciones a la Duma, en diciembre, 113 candidatos de importancia que revistaban en listas de partidos ganadores cedieron sus mandatos a sustitutos a quienes nadie conocía. Ciento trece personas. Eso representa una cuarta parte de los elegidos. Los votantes merecen más respeto.


Creo que el umbral para que un partido pase a la Duma estatal debe ser reducido a un cinco por ciento, en lugar del siete por ciento actual. Ese era el porcentaje durante los comicios de 2003, antes de que la ley electoral fuera cambiada en el 2006. Y los gobernadores deben nuevamente ser elegidos en una votación popular, en lugar de que la persona designada por el presidente sea aprobada por legislaturas regionales.


La campaña electoral incluye cierta discusión sobre la política exterior de Rusia. Ahora se reconoce que en años recientes Rusia ha logrado en gran parte reconstruir su posición internacional. Con eso viene inclusive más responsabilidad. Pero también la necesidad de reconsiderar nuestras posiciones en algunos típicos, así como nuestro estilo de política exterior.


También los socios de Rusia necesitan hacer más para concretar una comprensión mutua. Algunos de ellos, en lugar de hacer un análisis objetivo, insisten en culpar a Rusia por problemas reales e imaginarios. Y parte de la prensa occidental ha comenzado a obsesionarse con estereotipos antirrusos y con críticas sistemáticas a nuestro país.

 

Ante eso respondo: Nuestro pueblo es más democrático de lo que se piensa, pese a las vicisitudes de la historia Rusia. Este país toleré 250 años de dominación por parte de los mongoles, seguida de la servidumbre bajo los zares y décadas de vida sin libertad bajo los comunistas. Pero nuestro pueblo puede aprender del pasado. Ese pueblo adoptará las decisiones correctas. Sabe qué es lo que aceptará, y qué es lo que rechazará. Eso tomará tiempo, pero Rusia tiene un solo futuro, la democracia.

    



 
 

 

 
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