Inteligencia Financiera


Guillermo Barba

03/09/2010

CUARTO INFORME: ¡PURA FALTA DE CONFIANZA!


Los últimos días tanto medios locales como nacionales, han estado más cargados de publicidad presidencial con motivo del Cuarto Informe de Gobierno de Felipe Calderón. Sin embargo, llama la atención que uno de los temas de mayor relevancia, el de la economía, parezca predestinado a ser plato de segunda mesa en el discurso del ejecutivo Federal. Eso sí, cuando es abordado, aparece sólo de manera triunfalista. Desdenes de ese tipo ya nos condujeron de un insignificante “catarrito”, a una debacle que no se veía desde la Gran Depresión. En otras palabras, pareciera que como van las cosas, no tendríamos de qué preocuparnos, y no es así.


Sí, es cierto que el PIB de México creció 7.6 por ciento en el segundo trimestre del año, que nuestras exportaciones se dinamizaron, etc. Pero conformarse con cifras como esas para concluir que la crisis ha quedado atrás, es sencillamente frívolo. Por eso, en definitiva no es casual que el tema económico aparezca disminuido en los discursos del primer mandatario. Bueno, en algunos. Curiosamente en los que alcanzan mayores audiencias.


Es el caso por ejemplo, de las más recientes entrevistas en radio y televisión en las que la palabra empleo, muchas veces, ni siquiera fue pronunciada. Un hecho  que no puede ser pasado por alto, partiendo de que durante su campaña Calderón se promovió como el “Presidente del Empleo”. Del mismo modo, la economía sólo aparece como secundaria en el Resumen Ejecutivo del informe entregado al Congreso de la Unión. El documento de 58 páginas es un buen indicador de sus prioridades: el primer capítulo es el de Seguridad Pública, después, Economía Competitiva.


No obstante, en programas como los de Oscar Mario Beteta y Alebrijes, Águila o Sol, Calderón nos ha permitido conocer su visión del por qué México no ve reflejados beneficios para la mayoría. En resumen, dijo que nuestros problemas se reducen a una simple “falta de confianza del consumidor”, siendo este, el responsable de que el mercado interno permanezca rezagado. Es decir, para él, creceríamos a tasas más altas, se generarían más puestos de trabajo y aumentarían los ingresos de los mexicanos, si los consumidores nos dedicáramos a gastar más dinero. Así de fácil.


Bajo este razonamiento, el motivo por el cual no lo hacemos, es que no tenemos “confianza” en que la situación futura, familiar y del país, mejorará. Esas declaraciones no pueden más que remitirnos a los pensamientos de otro presidente, que en 2006 decía: “La tasa de desempleo ha permanecido baja, en 4.5 por ciento […] los animo a que todos vayan más de compras”. Aquellas, fueron palabras de George W. Bush antes de la recesión. Ahora, conocemos y padecemos las consecuencias de los excesivos derroches y endeudamientos masivos de los estadounidenses.


El punto es, ¿de veras es la “insensatez” de los ciudadanos, la causa de nuestros males? O, ¿no será en cambio que esa austeridad es forzada por las duras circunstancias financieras a las que se enfrentan?


No podemos hacer a un lado que tenemos todavía un porcentaje de desempleo alto (5.7%), casi 13 millones de personas laborando en la informalidad (nivel sin precedentes), seis millones más de pobres desde el inicio de la crisis, 7.5 millones de “ninis”, una de las inflaciones más altas dentro de los países que integran la OCDE, y eso sin contar que los salarios medios no han dejado de disminuir desde 2008. En realidad, durante el primer semestre de 2010, estos tuvieron su mayor pérdida en dos años (-1.63%) según números oficiales. O sea, las plazas que se generan pierden por partida doble: inflación y menor salario.


En conclusión, esa falta de confianza del consumidor (de la que hoy mismo tendremos datos de agosto), es un efecto y no la causa como acusa el presidente. ¿Qué pasará entonces cuando se agote este rebote? Que de nuevo vendrán las justificaciones de lo que “no se podía prever”, al fin, que en el camino, siempre habrá para entretenerse más “Barbies” que presumir.

 

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