Inteligencia Financiera


Guillermo Barba

04/05/2012

¿Y QUIÉN GOBIERNA REALMENTE AL MUNDO?


Ayer, el popular blog de Eric King publicó extractos de una entrevista de lectura obligada que realizó al prominente empresario Hugo Salinas Price (aquí el vínculo en inglés http://bit.ly/JWNScX), quien se ha caracterizado por su valiente lucha ideológica y práctica a favor del “dinero real” (el oro y la plata), el ahorro popular y las libertades de las personas, entre otras.


Las reflexiones del señor Salinas son tan contundentes como reveladoras: la situación de la economía y la política actuales son como vasos comunicantes, en cuyo fondo subyace el peligro real de revivir a un socialismo que muchos suponen muerto. Y es que hoy en día, somos testigos de la fase decadente de una especie de socialismo light, como bien llama al Estado de Bienestar.


En este espacio hemos abordado en repetidas ocasiones el mismo tema y señalado cómo, en su intento por retener el poder, el sistema político vigente ha optado por las dádivas en lugar del estímulo al mérito individual, por el dispendio y la deuda en lugar de la austeridad y el ahorro. Una carrera que tiene en contra las enseñanzas de la historia, y cuyo desenlace va a dar al precipicio.


Hugo Salinas acusa de forma correcta que esa especie de socialismo, por definición, no podía haberse pagado sólo con impuestos, sino que “tenía que ser financiado”. Eso sólo sería posible por la vía de la expansión exponencial del crédito, causante de las exorbitantes deudas públicas y privadas en el mundo occidental. Por eso, hoy somos testigos de la fase final de ese juego perverso que se sustenta en expandir ad infinitum, algo que no se puede: el endeudamiento.


Por supuesto, para que esta acometida fructificara, había primero que quitar una estorbosa y molesta ancla: el patrón oro, que terminó por ser hecho a un lado oficialmente hasta 1971 (http://bit.ly/nVYwvy). En adelante, el sistema de dinero fíat (sin respaldo en el metal), sería el brazo ejecutor de esa ansiada política de crear dinero “de la nada”, como si pudiera hacerse lo mismo con la riqueza material.


Ese ataque que en lo económico se expresa con gravámenes fiscales y precios que no dejan de aumentar, también se manifiesta en lo político con la limitación de las libertades personales. Por eso no es casual que desde los gobiernos y los que aspiran a llegar a él, en su afán de controlarlo todo, con frecuencia se intente decidir desde la música que pueden escuchar sus ciudadanos, hasta lo que deben ver en televisión.


Ejemplos de intentos autoritarios de este tipo sobran por todas latitudes, como la reciente discusión en México sobre si debe o no trasmitirse en cadena nacional el debate entre los candidatos a la presidencia; las expropiaciones ocurridas hace poco en Sudamérica y las restricciones a los pagos en efectivo en Europa.


El resultado, sobra decirlo, es el empobrecimiento generalizado. Todo pueblo será más pobre si, además de no tener la posibilidad de ahorrar en su propia moneda de curso legal –porque su valor se desvanece– ve coartadas sus libertades. Como afirma Hugo Salinas, más control gubernamental y una economía centralizada “conducirán al empobrecimiento”, y por desgracia, “habrá una reducción en el número de habitantes de la Tierra”.


Ante estos evidentes peligros, al ciudadano le resta poco más que tomar medidas de autodefensa, que en lo financiero comienzan por la protección de su patrimonio o parte de él, en reservas propias de dinero honesto, es decir, en oro y plata. La razón fundamental es que éste, que ha sido el dinero que el ser humano ha elegido en su acción desde hace miles de años, para desgracia de los manipuladores monetarios amantes de las “flexibilizaciones cuantitativas” (QE, en inglés), no puede ser multiplicado a voluntad.

 

Por eso, en medio de la algarabía de los que detestan a la dupla de metales preciosos, y se burlan de ellos con cada caída de sus precios, discretos y felices, operan los que, conscientes de la verdad, disfrutan de la actual oportunidad de compra que esto les significa, y que quién sabe si volvamos a ver.

 

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