Inteligencia Financiera


Guillermo Barba

25/02/2011

LA “BARTOLA” REMIX (O AHÍ TE DEJO 6,000 PESOS)


A estas alturas de la semana ya se ha comentado mucho sobre las declaraciones del secretario de Hacienda, pero no podíamos soslayarlas en esta columna. Mientras que su intención era presumir que en 2010 la economía mexicana creció 5.5 por ciento, Ernesto Cordero “mató” su propia nota cuando dijo que: “…con ingresos de seis mil pesos al mes, hay familias mexicanas que tienen el crédito para una vivienda, que tienen el crédito para un coche, que se dan el tiempo de mandar a sus hijos a una escuela privada y están pagando las colegiaturas.” ¡Ups! Sin el ánimo de profundizar mucho en el tema, diremos que según los datos más recientes sólo el 2% de hogares con esos ingresos tiene auto propio, y destina el 10, 15 y 12% de ellos a educación, transporte y vivienda, respectivamente.  Su pronunciamiento a todas luces desproporcionado –que además intentó matizar después, no podía pasar desapercibido.


Sí. Ahora podemos entender por qué tanto el presidente Calderón como su gabinete andan siempre tan optimistas: tienen una perspectiva demasiado dulce de las cosas, viven en un “mundo de caramelo” que otros no queremos ver. Al menos así se aprecia desde la esquina contraria, donde nos encontramos muchos que preferimos calificarnos como “realistas”. Lo malo de dos versiones tan opuestas, es que lo que unos dicen es, o parece, incomprensible para los otros y viceversa; como dos personas que intentaran describirse entre sí la misma película, sin hablar el mismo idioma.


En este caso, sin embargo, las palabras del Secretario al mencionar un monto y rubros de gasto específicos, pasaron de la respetable opinión al yerro total. Un paso en falso de este tamaño, suele perseguir a los políticos como sombra durante toda su vida. Y es que en su intento por hacer un reconocimiento a las personas que día con día hacen “milagros” con su dinero, se exhibió como alguien poco sensible, como si sólo conociera la vida de la mayoría de mexicanos desde la frialdad de los números que le proyecta una computadora. O quizás el actuario se sintió como en los días al frente de sus clases de econometría, en las que no hubiese pasado nada al decir que todo el problema de los mexicanos se reduce a que tenemos siempre una percepción “peor de lo que los datos muestran”(sic). No en vano alguno que otro profesor de la materia, se ha llegado a ganar la reputación de insensible.


No obstante, aquí cabe subrayar una coincidencia mayor con su jefe, el presidente. Basta con recordar lo que antes de su cuarto Informe de Gobierno declaraba en cada entrevista: no es nada más que la “falta de confianza del consumidor” la responsable de que el mercado interno permanezca rezagado. Por ello, al margen de la anécdota de los seis mil pesos, el debate debería centrarse en si la percepción popular es causa o es efecto. O sea, ¿el dinero no alcanza porque somos pesimistas de la situación económica, o lo somos precisamente porque el dinero cada día vale menos? Que cada uno dé su propia respuesta, pero está claro que el asunto va más allá de lo subjetivo, como nuestros funcionarios creen.


La experiencia muestra que comportarse como la Cigarra de la fábula, no es muy prometedor. El optimismo a ultranza no es buen consejero, menos aún cuando es evidente que la solución a la crisis global ni siquiera está cerca. El mismo gobernador del Banco de México, Agustín Carstens, ya ha dado pequeños pero significativos visos de preocupación que comentaremos en otra entrega.


Eso sí. Si Cordero en realidad pretendía demostrar su poco interés hacia la candidatura presidencial del PAN en 2012, entonces todos debemos reconocer que lo está haciendo muy bien. Ojalá nada más que para la próxima elija otros ejemplos, y deje de parecer que se inspira en las canciones de Chava Flores, ¿no cree usted? Hasta el próximo viernes.

 

 

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