Inteligencia Financiera


Guillermo Barba

05/03/2010

DEBILITAR AL PESO, ¿ESTRATEGIA INTELIGENTE?


Las últimas semanas han estado cargadas de información muy importante. En enero, el Banco de México (Banxico) anunció que se comenzaría a acumular más reservas internacionales, para “blindar” al país contra eventuales choques provocados por salida de capitales. La intención es llegar a alrededor de 120 mil millones de dólares en 2011. Al mes pasado, cerraron ya en 94 mil 469 millones. Eso está muy bien, pues es un hecho que un elevado nivel de reservas lanza mejores señales de fortaleza financiera a los actores económicos, nacionales y extranjeros. Tenemos que reconocer, que siempre está latente un riesgo de que esos recursos busquen salir de forma acelerada.


No obstante, hay una cara menos positiva. Y es que al parecer Hacienda y Banxico han optado por una estrategia de recuperación económica solamente de corto plazo, basada en un peso débil (cabe recordar que la política del país en la materia, la decide una Comisión de Cambios presidida por el Secretario de Hacienda, y en la que participa también el gobernador del banco central). Sí. Comprar dólares para la reserva, significa aumentar su demanda y precio en el mercado, o lo que es lo mismo, debilitar nuestra moneda para que el billete verde no descienda muy por debajo de los 13 pesos. El razonamiento es que así, nuestras exportaciones se vuelven más baratas para los consumidores estadounidenses -nuestros principales clientes, y se propicia un mayor crecimiento en la producción nacional. Hasta ahí todo bien.


¿Por qué es entonces una debilidad? Porque no resuelve de fondo nuestras desventajas estructurales. Además, los norteamericanos muy probablemente no volverán a ser los mismos grandes compradores que antes de la crisis -al menos por un buen rato, y no hemos fortalecido suficiente nuestros mercados alternos. También, se siguen dando muestras de que estamos esperanzados a que nos jalen a su dinámica de recuperación. Todo lo anterior, sin contar que, con este plan, se aumentan las presiones para que continúe la escalada de precios.


Por supuesto, no se pretende sugerir que se deba fomentar una política de “superpeso”, sin los cimientos sólidos que lo sustenten. También sería irresponsable. El deseo en cambio, es que sus acciones se acompañen con tácticas de largo alcance, que permitan que nuestras finanzas y economía sean verdaderamente sólidas en el futuro. Que los números rojos dejen de serlo; ser más locomotora y menos vagón.


De no ser así, se estaría pretendiendo jugar a un nivel para el que quizá no estamos totalmente preparados. Me explico con el siguiente ejemplo: China ha mantenido también una política de yuan débil (de hecho, con una férrea rigidez cambiaria), pero juega un partido muy distinto al nuestro. Mantiene, para empezar, superávits en todas sus cuentas con el exterior. Llegar ahí, efectivamente, les tomó mucho tiempo pero lo lograron. Los chinos son además, los principales receptores de Inversión Extranjera Directa (IED) en el planeta. A propósito, el año pasado aquí la IED se desplomó un 51 por ciento, y cayeron todas las demás principales fuentes de divisas: exportaciones petroleras (39 %), remesas (15.7%) y turismo (14.8%) según cifras oficiales.


Así las cosas, los planes detallados al principio podrían rendir algunos resultados efímeros, pero a un costo elevado. Al final del día, seguirá pendiente hacer nuestra tarea de largo plazo y pasando por alto que, lo que no nos hace dar saltos para adelante, nos sigue rezagando. Nos leemos el próximo viernes.

 



 
 

 

 
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