Inteligencia Financiera


Guillermo Barba

16/04/2010

CUANDO EL PETRÓLEO (NO) NOS ALCANCE


Más allá del viejo debate de si se debería hacer adecuaciones legales a nivel constitucional, para permitir la inversión privada en materia de explotación de hidrocarburos, subyace un problema aún mayor: el petróleo se está acabando. Y conste que no me refiero sólo a México, sino al planeta entero. Es cierto, habrá quien debata que, en el subsuelo, hay suficiente combustible para mantener el nivel de consumo actual, y su crecimiento, por cien años más. Aunque hay estudios e investigaciones contradictorias al respecto, la realidad es que hay coincidencia en que el oro negro,  está cada vez más lejos y a mayores profundidades, en mar y tierra. Eso significa mayor complicación a la hora de ubicar nuevos yacimientos y, obviamente, para extraerlo. De este modo, los costos harán que, a largo plazo, su producción sea definitivamente inviable. La era del combustible barato se ha ido para siempre.


¿O acaso alguien piensa que con economías como la china, de 1,300 millones de habitantes, no se presionará todavía más el mercado?


El Pico del Petróleo (Peak Oil, en inglés), es un término poco difundido que se refiere, justamente, al punto máximo, al cénit de su obtención (sea local o global). Pasado ese vértice, de modo irremediable sobreviene la “muerte lenta” de esta valiosísima fuente de energía. Como es lógico, no está a discusión si llegará o no, sino cuándo. De hecho, nuestro país probablemente ya pasó esa estación de no retorno.


Cantarell, nuestro principal yacimiento, considerado un súper gigante en su época, en junio del año pasado cumplió 30 años de vida productiva. En 2004, tocó su pico al generar 2.2 millones de barriles diarios de crudo. De inmediato inició su declinación a un ritmo acelerado, que lo tiró en su trigésimo aniversario a sólo 660 mil barriles al día, aproximadamente. Desde luego, la urgencia por compensar estos pozos es mayúscula. Lo malo es que por más que busquemos, no tenemos cómo ni con qué hacerlo.


La gran esperanza, llamada Chicontepec (región localizada en los límites de Veracruz y el norte de nuestro Estado) es un proyecto que podríamos considerar muerto. Desde octubre de 2009, la Comisión de Hidrocarburos, creada como resultado de la reforma energética para supervisar la explotación eficiente de petróleo y gas, pidió a PEMEX su suspensión. Sin embargo, la paraestatal se empecina, y ya solicitó 10 mil 352 millones de dólares más para invertir en la zona, pese a todos los indicadores de que se trata de dinero echado a la basura. La propia Auditoría Superior de la Federación, aseguró que este supuesto activo “está resultando poco rentable para el país”. ¿Será acaso que detrás hay poderosos intereses que aspiran a sostener el proyecto, sólo para seguir haciendo negocio?


Más allá de la frontera, quizás las cosas se vean más claras. En un artículo de Jude Clemente, publicado en agosto de 2008 por la revista Pipeline & Gas Journal, cita a George Baker, editor de Mexico Energy Intelligence, respecto a Chicontepec: “es una inversión altamente especulativa, dados los adversos parámetros geológicos del terreno, la rápida tasa de declive de 50 por ciento y la baja tasa de producción inicial, típicamente menor a 150 barriles al día”. También, comenta cómo desde 2005 Colin Campbell, en su libro “La Crisis del Petróleo que viene”, trató la sistemática exageración de México respecto a Chicontepec.

 

Ahora bien, si México obtiene entre 30 y 40 por ciento de su presupuesto público de ingresos petroleros, ¿adónde nos dirigimos?  Esta vez no podemos atenernos a que el precio compense la pérdida.

 

Si a cualquiera de nosotros le recortaran sus percepciones en esos porcentajes, seguramente la primera reacción sería recortar nuestros gastos. Pero eso jamás lo haría el gobierno. Su solución será, previsiblemente, cargarnos más y nuevos impuestos, para que terminemos de acostumbrarnos a vivir en crisis. Nos leemos el próximo viernes.

 

El Oráculo dice: están llegando demasiado lejos, no se sorprendan cuando lleguen las correcciones.

 



 
 

 

 
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