Inteligencia Financiera


Guillermo Barba

25/06/2010

TURBULENCIAS FINANCIERAS ¡ABROCHEN SUS CINTURONES!


Estamos a unos días de que dé inicio la segunda mitad de 2010. La parte preocupante es que para nosotros, ese segundo tiempo podría ser tan malo como el del trágico partido México–Uruguay. Sí. Todo ello a pesar de que esta semana, las campanas siguen echadas al vuelo. Las cabezas periodísticas resaltan que el desempleo en mayo bajó de 5.42 a 5.13 %, según el INEGI. Que el Banco de México dijo que la inflación cayó un 0.04 % en la primera quincena de junio, y que las reservas internacionales están a niveles récord, por arriba de 100 mil millones de dólares.


Pero, ¿cuánto combustible le queda a este remedo de recuperación económica? Muy poco. De hecho, estamos cerca de regresar a zona de turbulencia, conforme se agotan los miles de millones de dólares de estímulos gubernamentales que han servido de alfileres de la economía global. Todo, a causa del sinsentido de pretender salir de una crisis producida por consumo, deuda y crédito excesivos, propiciando más de lo mismo.


Justamente esta visión opuesta de las cosas, se pondrá frente a frente el fin de semana, en la cumbre del G20 (que agrupa a las 20 principales economías del planeta, entre ellas México) cuando se reúnan en Toronto, Canadá, sus jefes de Estado y de Gobierno.


En ese encuentro, es inminente un “choque de trenes” intercontinental América- Europa, pues mientras de este lado del globo el presidente Barack Obama, hace continuos llamados a mantener los incentivos fiscales (o sea, a seguir derrochando dinero que no se tiene, vía deuda), la canciller alemana Angela Merkel defiende su política de recorte de gastos y ahorro. No se requiere pensar mucho para detectar cuál de las dos tiene sentido y cuál no. Es increíble, pero es como querer imaginar a una persona en bancarrota, sugiriendo al tenaz trabajador que ahorra e invierte, cómo salir de sus “problemas”. El mundo al revés.


Y es que gracias al dispendio de Estados Unidos, sus tasas de interés de corto plazo cercanas a cero y la expansión monetaria (impresión de dinero) de su banco central (FED), gobiernos como el nuestro han podido presumir un incipiente rebote en la producción y generación de empleos. Cómo no habría de ser así, si es bien sabido que el motor de nuestra economía nacional es como el de las lanchas: está afuera. ¿Acaso es muy difícil saber qué ocurrirá con México cuando esos alfileres no se sostengan más? Creo que no.


Grecia y España son la muestra de que no es posible endeudarse ad infinitum. Las facturas siempre se terminan pagando, por la buena o por la mala. Las consecuencias están a la vista. La única diferencia real entre gringos, griegos y españoles, es que los primeros son dueños de la divisa de reserva internacional y, por tanto, pueden crear de la nada tantos billetes como les plazca para cumplir sus obligaciones, aunque no sin disparar tarde o temprano los precios y las tasas de interés. En otras palabras, es cuestión de tiempo para ver un Estados Unidos cada día más griego.


Por todo ello, en este semestre que inicia, es posible que la acumulación de malas noticias vea caer los índices bursátiles y de crecimiento más importantes. Ante eso, seguramente prevalecerá la opción de seguir imprimiendo dinero para volver a ganar tiempo. La misma técnica de patear la bomba más lejos... hasta que explote.

 

A propósito, en días recientes el otrora presidente de la FED, Alan Greenspan, escribió para The Wall Street Journal: “…el inexorable incremento en el precio del oro, indica que un gran número de inversionistas está buscando un refugio seguro más allá de las divisas fiat (el dinero de papel)”. ¿Por qué será? Entre esos inversionistas, cuenten a los bancos centrales de Rusia, China, India, Filipinas y Arabia que, con sus compras de oro, demuestran que para cuidarse de las sacudidas que vienen, hace falta mucho más que sólo abrocharse el cinturón.

 

Nos leemos el próximo viernes. [email protected]

 



 
 

 

 
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