Línea Abierta


Josefina Buxadé Castelán*


Antidemocrática y opaca la elección del IFE


Es una pena que debiendo ser el Instituto Federal Electoral (IFE) un “organismo público autónomo, de carácter permanente e independiente en sus decisiones y funcionamiento, que tiene a su cargo la responsablidad de organizar las elecciones federales”; la elección de tres integrantes del Consejo General haya resultado tan poco independiente y opaca.


Es más que lamentable porque el IFE al ser responsable de las elecciones federales tiene el enorme peso de dar certidumbre a los ciudadanos.  Para que las personas se animen a participar en estos procesos deben tener la certeza de que son aseados y justos.


El IFE se constituyó formalmente el 11 de octubre de 1990, y tiene entre sus funciones contribuir al desarrollo de la vida democrática; asegurar a los ciudadanos el ejercicio de los derechos político-electorales; velar por la autenticidad y efectividad del sufragio; y coadyuvar a la difusión de la cultura democrática.


¿Cómo puede el Instituto cumplir estas obligaciones si su propia conformación deja más dudas que certezas?


El proceso para elegir a los tres nuevos consejeros estaba diseñado para poder seleccionar a los mejores candidatos; pero el asunto se politizó terriblemente, al grado de que la votación que debería haberse llevado a cabo el 13 de diciembre se pospuso para febrero, y la votación del jueves 7 terminó siendo un reparto entre partidos; pero un reparto fatal.


Al final, hay tres consejeros que no brillan por sus conocimientos; ni por sus perfiles autónomos e independientes. En el camino se quedó gente con mejores calificaciones, credenciales y trayectorias; pero las negociaciones entre los partidos se llevaron a cabo en los oscurito, con acuerdos y pactos iguales: oscuritos.


Lástima que en pleno 2008 la elección haya sido tan poco transparente, tan poco democrática y tan poco conveniente para la legitimación del propio IFE y para la consolidación de la democracia en nuestro país.


Durante la presidencia de Luis Carlos Ugalde el Instituto fue severamente cuestionado y su credibilidad cayó por los suelos. Ahora se necesitaba un presidente fuerte; independiente, inteligente: un Genaro Góngora, un Alfredo Figueroa, quien tiene además amplísimos conocimientos y experiencia en la materia.


Los diputados perdieron la oportunidad de consolidar al IFE, pero ganaron en seguridad para sus tejes y manejes de aquí al 2012. Con este nuevo consejo, más las modificaciones que se lleven a cabo para rotar al resto de los consejeros, se tendrá un instituto a modo. A modo del PRI y del PAN para garantizarles, a ellos, las elecciones federales. No a los ciudadanos.


Instituciones como el IFE y el IFAI deben ser plenamente ciudadanizadas. Sus consejeros o comisionados no deben tener vínculos ni intereses partidistas -mucho menos deudas con los partidos- para garantizar su independencia y autonomía. Elegir a sus miembros de manera discrecional, y como parte de una negociación entre las distintas fuerzas políticas significa no entender la trascendencia que estos institutos tienen en la consolidación de las democracias.


El proceso para elegir a los consejeros incluía la elaboración de un ensayo y una entrevista con los legisladores. Esto permitió hacer una lista con los quince mejor calificados.  En este primer bloque, el ahora consejero presidente, Leonardo Valdés ocupó el lugar 14. Jaime Cárdenas (exconsejero electoral del Consejo General del IFE); Lorenzo Córdova (coordinador del área de Derecho Electoral del IIJ, y exasesor de Woldenberg); Genaro Góngora (exministro presidente de la Suprema Corte de Justicia) y Alfredo Figueroa (consejero del Consejo Local de IFE en Puebla)  estaban en mejores lugares; y no me cansaré de repetir que Góngora y Figueroa hubieran sido presidentes idóneos del IFE. Marco Baños ocupó el lugar 31 y  Benito Nacif el 35, ambos en el bloque de quienes obtuvieron entre 3 y 3.4 de calificación.


Leonardo Valdés tiene el mérito de haber sido asesor de Felipe Calderón cuando el ahora presidente coordinó al grupo parlamentario de Acción Nacional (2000-2003). No sólo eso, también tiene el mérito de haberse opuesto al registro de la candidatura de López Obrador, en el 2000, para jefe de gobierno del Distrito Federal. Y, finalmente, votó en contra del dictamen de fiscalización de gastos de campaña de Santiago Creel. Llega a presidente del IFE, supuestamente propuesto por el PRD; pero con grandes méritos ante el PAN.


Propuesto por el PRI, Marco Antonio Baños destaca por haber trabajado con Manlio Fabio Beltrones en la Secretraría de Gobernación. Por su parte el PAN impulsó a Benito Nacif, quien es –de acuerdo con John Ackerman- “un hombre profundamente conservador, cercano a Felipe Calderón y amigo íntimo de Luis Carlos Ugalde” (http://www.jornada.unam.mx/2008/02/11/index.php?section=opinion&article=019a1pol).


Como dijo el diputado Juan Guerra, se consiguió colocar en los puestos clave del IFE a “consejeros de medio pelo”: de bajo perfil, sin experiencia en puestos de alta responsabilidad; sino en cargos de segundo nivel. Particularmente Valdés Zurita, en los diferentes puestos que ha tenido, se ha mostrado débil, tibio, autocontenido.


Con estos nuevos consejeros y presidente ganan los partidos (sobre todo el PRI y el PAN –en ese orden-) y pierden los ciudadanos, el IFE y la democracia.

 

* Josefina Buxadé Castelán es comisionada de la Comisión para el Acceso a la Información Pública ([email protected]). Las opiniones vertidas en este artículo son responsabilidad de la autora y no necesariamente reflejan la postura de la CAIP.

 



 
 

 

 
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