Línea Abierta


Josefina Buxadé Castelán*


Mejores decisiones en la UDLA


Las acciones tomadas en la Universidad de las Américas-Puebla durante la semana pasada fueron muy desesperanzadoras y dieron la impresión de que la institución va directamente a ninguna parte.

 

Después de la crisis del año pasado, quisimos pensar que la UDLA había tocado fondo, y que la salida de Pedro Ángel Palou como rector era el inicio de una mejor época para la casa de estudios. Pero como siempre se puede caer más bajo, la semana pasada nos enteramos de la intención de “revisar” un altísimo porcentaje de becas otorgadas a los alumnos y del despido de empleados administrativos y académicos.

 

Al principio, el tema del recorte al programa de ayuda financiera se dio a conocer en los medios a partir de una comunicación interna a los departamentos. La medida, que afectaba a un alto número de estudiantes, tuvo todavía mayor impacto cuando anunciaron el cierre de la entrada principal de la universidad, para mostrar su inconformidad.

 

Muy probablemente por el descontento manifestado por los alumnos, las autoridades aceptaron una reunión el lunes pasado, de la que se obtuvo un acuerdo importante, en el sentido de que “la institución se compromete a no quitar ninguna beca y a no tomar represalias en contra de los estudiantes que organizaron la protesta”, según una nota publicada ayer en el diario Intolerancia.

 

A decir de la misma nota, las becas se mantendrán este semestre, y serán respetadas siempre y cuando el estudiante cumpla con el promedio y los requisitos que exigen las becas departamentales y fraternitas. Nadie puede oponerse a lo anterior. Los estudiantes que quieran ayuda financiera, que mantengan buenas calificaciones, y la universidad que quiera buenos estudiantes, que los apoye.
Lo mismo puede decirse para las becas deportivas: serán destacados atletas; pero van a la universidad a estudiar, y si no pueden mantener un alto promedio académico, que no tengan beca.

 

Lo que es un hecho es que la institución tiene un compromiso con todos sus estudiantes para mantener altos estándares académicos, y debe cumplirlo.

 

Mientras los alumnos cumplan con los requisitos para conservar una beca la universidad debe mantenérselas, en los términos en los que está estipulado. No se vale retirar apoyos antes de tiempo, contravenir los acuerdos, desdecirse de los compromisos y afectar terriblemente a los estudiantes.

 

Si las becas no están cumpliendo la función para la que fueron creadas “por deficiencias administrativas”, obviamente los responsables son los administradores, no los estudiantes. Ellos no tienen por qué pagar los platos rotos resultado de malos manejos.

 

La comunidad “aguantó” el golpe a La Catarinaperpetrado el 17 de enero de 2007; las tensiones, las persecuciones, la vigilancia a ultranza, el despido injustificado el 15 de mayo de profesores de varios departamentos acusados de “complot”; el despido de otros cuatro profesores del Departamento de Ciencias de la Comunicación, el 15 de junio, que les fue informado vía correo electrónico; y el despido también injustificado de empleados administrativos, muchos de los cuales llevaban más de 15 años trabajando en la universidad.

Sin embargo, el hecho de que se decidiera recortar las becas toca uno de los cimientos de la UDLA,  con daños tangibles a los afectados y a la institución en general.

 

El programa de ayuda financiera era uno de los mejores que las universidad privadas ofrecen a sus alumnos.

Era extraordinario y por supuesto que resulta muy costoso para la institución; pero es una de las inversiones que valen la pena.

 

Celebramos la decisión de las autoridades de reconsiderar la disposición; pero es necesaria mayor claridad en las resoluciones, y mejor comunicación. Los alumnos y los profesores son la materia prima de cualquier universidad. Hay que cuidarlos, no consentirlos pero sí tratarlos bien, o por lo menos con dignidad, respetando sus derechos.

 

* Josefina Buxadé Castelán es comisionada de la Comisión para el Acceso a la Información Pública ([email protected]). Las opiniones vertidas en este artículo son responsabilidad de la autora y no necesariamente reflejan la postura de la CAIP.

 



 
 

 

 
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