La Manzana


Irma Sánchez
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02/10/2012

En suspenso


En los últimos días la pregunta es insistente en los círculos productivos: ¿cómo queda la reforma laboral?


Y la verdad es que uno, a lo largo del cuadrante de la radio y en todos los portales de noticias y en la prensa escrita, lee tantas cosas que declaran los diputados del PAN, como los del PRD y los del PRI, que finalmente al pasar al terreno de las conclusiones, queda con muchas dudas, más preguntas y confundido.


Los panistas la defienden y exaltan sus bondades.


Los priistas confirman aquello de las bondades y la percepción que tenemos de la alianza PRIAN.


Los perredistas y los del PT juran que no concilian el sueño con esta reforma que da al pueblo de México una ley para defender los intereses patronales, que son los que preocupan a las esferas del poder, “dicen”.


Y entre los especialistas se presenta el panorama de una ley que resulta obsoleta, casi decimonónica, y que no deja contentos a los auténticos patrones y a los auténticos trabajadores.


Aquí vale la pena detenerse a analizar el contexto mundial del orden laboral.


El planeta vive el momento más crítico de su historia en el terreno económico, las que destacaran como “las grandes potencias”, ejemplos de economías fuertes, hoy no son ajenas al golpe de la crisis.


¿Usted se habría imaginado hace unos años, por ejemplo a España, patas para arriba lidiando con el más alto desempleo y retrocediendo en materia de prestaciones para sus trabajadores, al grado de anularles su famoso “bono de fin de año”, que equivale al bendito aguinaldo de los mexicanos.


Según datos oficiales de sus autoridades difundidos ayer al cierre del noveno mes del año, en este momento el 25 por ciento de su fuerza laboral se encuentra en el desempleo o en el paro, y haciendo fila ante las oficinas del seguro de desempleo tratando de obtener algo.


Parecería cosa de ciencia ficción, pero parece que en el mundo ya sobramos muchos millones de personas como fuerza laboral, y cada día vamos siendo sustituidos por equipos tecnológicos robotizados.


Es decir, el talento del hombre que crea éstos para aniquilar al propio hombre de un puesto laboral.


Ya en muchos despachos de profesionales, como sucede aquí en Puebla, las oficinas son virtuales. Hasta los teléfonos fijos están en franca desaparición, reemplazados hoy por los celulares, las computadoras y equipos digitales, los que llevan el orden, las memorias, las agendas y los expedientes.


Por cierto, una pregunta interesante: ¿usted recuerda el papel calca, los secantes, el stencil y las máquinas de escribir mecánicas y eléctricas?


¿A las secretarias fregonas llenando hojas y hojas con garabatos de la taquigrafía que permitía textos al pie de la letra de los conceptos y pensamientos de los jefes?


Bien dicen los especialistas en la prospectiva tecnológica: “y lo que aún nos falta por ver”.


Más tecnología, cada vez menos cara, más accesible, y ejércitos de desempleados que tienen que sostener familias y levantar hijos.


Todo esto por sí es poco, ahora en el marco de una pretendida ley laboral que regatea la seguridad al trabajador, que hoy ya no puede tener sueños y metas para llegar a una antigüedad que le permita hacerse de su casa y preocuparse menos en su retiro, porque tendrá que trabajar hasta el último día de su vida para comer, medicarse y enfrentar la vida.


Y esto incongruente cuando la ciencia médica avanza y garantiza una vida mas larga, con menos problemas de salud.

 

A lo que surge la interrogante: ¿para qué?

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