La Manzana


Irma Sánchez
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04/12/2012

Demasiado bonito para ser verdad


Con la aparente teoría de reducir gastos a los presupuestos del gobierno estatal, se ha expresado extraoficialmente que pronto las responsabilidades de la Secretaría de Administración pasarán a la Secretaría de Finanzas y las de la Secretaría de Asuntos Legales, serán de la Secretaría General de Gobierno.


Con esta pretendida estructura se engrosaría a las secretarías General de Gobierno y de Finanzas con un mayor burocratismo, para hacer más grande a estas paquidérmicas instituciones.


La supuesta decisión contradiría las teorías de las escuelas de administración de Harvard y Yale de los Estados Unidos, de las cuales según currículos de algunos servidores del gobierno, son egresados. Además de las escuelas de administración de Alemania, que empiezan a tener un peso específico porque es la nación con economía y administración mas fuerte, y también las del Reino Unido como la de Cambridge.


Se trata —para que nos entendamos los legos— de reingenierías, pero éstas deben basarse principalmente en los procesos que son el corazón de toda administración, y éstos deben ser ágiles, eficientes, eficaces y delgados para no caer en la hipoactividad. Para que nos entendamos, una administración pública debe ser como una pizza, en cuyo interior giran pequeños círculos que son las instituciones que realizan los procesos normativos y operativos.


Al crearse “supersecretarías”, como se dice y pronto se propondrá, se quitará poder que desde hace mucho tiempo ya ni tienen las direcciones operativas, que al fin y al cabo son las que realizan el trabajo, y los secretarios o titulares de éstas las denostan cuando no son operativas, pero las cacarean en eventos y ceremonias, cuando muchos de los secretarios viven en un mundo de desayunos, comidas y cenas, y “grillas” para hacerse publicidad y de un posicionamiento mediático para que el grueso de la sociedad los identifique.


Con lo anterior también se ha dicho que el estado poblano pretende adelgazar a la burocracia, compuesta en su gran mayoría por mujeres y muchas madres solteras y proveedoras de sus hogares. Trabajan ocho horas pero deben llegar a su casa para recoger a niños de las escuelas, hacer la comida del día y del día posterior, revisar tareas y tener unos momentos “de descanso y convivencia con cada miembro de la familia”. Simplistamente quitar los sueldos mal remunerados de la clase trabajadora para invertir el ahorro en gastos llenos de opacidad.


De ser cierto este pretendido esquema de “adelgazamiento” del aparato burocrático, el gobierno del estado se estará comparando y superando a los magos que usan humo y espejos para sus actos.

 

Entonces el fracaso estará asegurado, la propuesta es demasiado bonita, pero no es verdad.

 

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