La Manzana


Irma Sánchez
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08/05/2012

TUTIFRUTI


El fin de semana arrojó muchos temas.


Es obligado, ¿las fiestas del 5 de mayo?


¿El debate?


¿O la edecán?


Las fiestas en masa se disfrutaron en mejores condiciones desde el hogar, con los amigos, y dejaron el mensaje “Puebla, orgullo de México”.


Ojalá a los poblanos de esta generación nos caiga el veinte y dejemos de denostarnos unos a otros, convencidos del orgullo de ser poblanos, herederos de una rica herencia y honrosas páginas insertadas en la historia del país.


Si en algún momento nosotros impulsábamos aquella satanización de que “perro perico poblano, no lo toques con la mano, pues es animal maldito”, leyenda que según el historiador del siglo pasado, Enrique Cordero y Torres, formó parte de una conseja de los habitantes del Distrito Federal que tenían fuerte pugna por los tesoros arquitectónicos poblanos.


Con las fiestas del sesquicentenario, los poblanos de esta generación tenemos la mejor oportunidad de reivindicarnos a partir de nosotros mismos, después de la honrosa proyección internacional que lanzó la imagen de la Puebla actual, cosmopolita, trabajadora, industrial, artesanal, estudiosa.

 

OBLIGADO, EL DEBATE


Del debate estamos de acuerdo en que Quadri reafirmó en su desenvolvimiento el mensaje que nos da en sus promociónales de campaña: es investigador y catedrático, y con un breve comentario recrimina a los chamacos mal portados, como en su papel de maestro.


La edecán, a juicio de “muchos”, es la que se llevó la noche.


Se convirtió en la comidilla obligada tanto entre los caballeros como entre las quisquillosas mujeres, que temieron que una de las bubis de silicón se le fuera a disparar entre el sugestivo escote, fuera de lugar.


Sobre los contendientes, al candidato Enrique Peña Nieto su equipo de imagen le recortó un centímetro su emblemático copete, le aligeraron la expresión con algunos piquetitos de botox que le contrarrestaron las arrugas conformadas por las constantes expresiones.


En su vestimenta se mantuvo apegado a la “etiqueta política” no escrita, de lucir sobre la camisa blanca y enfundado en traje oscuro, la obligada corbata roja preferida de los priistas, con diagonales blancas, muy del estilo Hermès.


A Quadri, el reconocido ambientalista carta fuerte del Panal, o más bien, de “La Maestra”, el gabinete de imagen lo lanzó a la pantalla tal como es, con sus chinos de genio al estilo Einstein apenas recortados unos cuantos centímetros.


A la mujer de la jornada, Josefina Vázquez Mota, los constructores de imagen la sometieron a la atención de otro equipo de estilistas que, de entrada, le cambió el tono de cabello, le recortó la melena, le modernizaron en peluca degrafilada que le da una imagen desenfadada, juvenil, natural.


Le definieron la mirada con pestañas de una por una y sombras que le dieron profundidad en la expresión, esto en el marco de un retoque al rostro con uno que otro piquetito de las sustancias tan de moda, que logran el milagro de combatir el rictus de cansancio, tensión y aligerar la expresión.


AMLO finalmente dejó la emblemática corbata amarilla de los perredistas.


De su desenvolvimiento ya se vertieron todos los comentarios y hay coincidencia: volvió a ser el López Obrador que conocíamos, aquél que parecía que ya había sepultado para convertirse en el pastor promotor del amor.


La pregunta es obligada: ¿qué y cómo los veremos en el segundo debate previsto para el 10 de junio?


EN TANTO…


Pasadas las fiestas y el debate. ¿Qué sigue?

 

Las fiestas a la madre, para las que los restauranteros se frotan las manos, tras un lleno el sábado 5 de mayo y un mal día ayer domingo, en que las familias poblanas decidieron ir a disfrutar de los últimos días de su feria, camino para la cual, desde San José en el boulevard 5 de Mayo, comenzó a formarse la larga fila que saturó la impecable vialidad que luce nuevo equipamiento.

 



 
 

 

 
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