La Manzana


Irma Sánchez
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11/01/2011

Pero...


El presidente Felipe Calderón anunció ayer la ampliación de los servicios del Seguro Popular para que sean atendidos los mexicanos con padecimientos de hemofilia, infartos, transplantes de córnea y medula ósea.


¡Qué bueno!


Pero…


No me gusta el estilo de vigilar todo con una lupa, porque las cosas no pueden ser perfectas.


Pero…


Los resultados del Seguro Popular no son los que han informado los colaboradores del presidente.


Y es que no se trata de pequeñas fallas, sencillamente ya ahorcó al sistema de salud con la sobredemanda de servicios, al grado que la semana pasada el periódico Reforma relataba el caso de un enfermo que acudió en la primera semana del 2011 a solicitar una consulta para un médico especialista, y con toda la tranquilidad se la concedieron para el 2012.


¿Cómo la ve?


Y ya sabe usted los modos de los empleados, que ya están engentados con tantos derechohabientes a los que no es posible explicarles que no agraven su padecimiento antes de un año, porque sencillamente las agendas de los médicos están sobresaturadas.


La historia no para aquí, después resulta que cuando ya tienen la fortuna de su turno para ser consultados, el médico extiende una receta, el derechohabiente acude a la farmacia de la misma institución a que la surtan y… oh, resulta que fuera de ácido acetilsalicílico, los fármacos están agotados.


El empleado de farmacia le pide al paciente que “se de su vueltecita la otra semana”.


Y así pasan las semanas y hasta los meses, y el medicamento no llega.


Acto seguido, si el paciente está muy mal y depende de la medicina, tiene que salir a la calle a pedir ayuda o empeñar algo para poder adquirir los medicamentos, porque estos andan por las nubes y cada mes más caros.


Aquí cabe aquella máxima de que con las buenas intenciones del presidente no basta: “Con sus buenas intenciones se pueden llenar los panteones”.


En la delegación del Seguro Social en el estado los enfermos de padecimientos crónicos pueden comprobar que desde hace casi medio año no pueden surtir Azatioprina de 50 miligramos, Omeprazol, Pentoxifilina de 400 miligramos.


Solo por mencionar unos.


De manera que, señor presidente, menos euforia y más congruencia. ¡Claro! Quienes le tienen que informar sobre lo que pasa siempre le mienten y le refieren un escenario brutalmente ajeno a lo que en verdad vivimos los mexicanos.

 

Aquí en Puebla


Al menos hoy nos mueve la confianza de que “lo que viene conviene”, esto es, que habrá un cambio.


Las expectativas son muy altas, y confiamos en que el gobernador electo tenga informadores que no le mientan para congratularse con él, para no echar por la borda el trabajo político que realizó durante seis años en los que no supo del descanso, y sus fines de semana los dedicó con entusiasmo a entrevistarse con los poblanos de las comunidades más alejadas, con los que dialogó incansablemente mirándoles a los ojos. Hoy, por el exceso de trabajo y de retos, definitivamente ya no será igual. Sí regresará a esas comunidades que conquistó y confiaron en él, aunque hoy ya no podrá detenerse las horas a dialogar con los habitantes de estos puntos, sentados mirándoles a los ojos, porque las tareas serán dentro y fuera de Puebla para conseguir apoyos y oportunidades para mejorar las condiciones de todos.


Con su liderazgo y el del arzobispo Víctor Sánchez Espinosa, que no para su trabajo pastoral en las comunidades, definitivamente los poblanos se sentirán atendidos, pese a la diferencia que hay entre la geografía política del estado y la geografía de la Arquidiócesis de Puebla.


Con el respeto a la investidura de cada uno, las cosas pueden cambiar mucho.

 

Al tiempo, tiempo, y no forzosamente porque quienes les precedieron “no hayan podido”, sino porque el estado no detiene su crecimiento y la multiplicación de sus problemas, que tratarán de resolverse.

 



 
 

 

 
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