La Manzana


Irma Sánchez
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16/10/2012

¡Aguas!


Ahora sí ya no sé qué pensar.


Hace mucho tiempo usted y yo no tomábamos en serio al primero secretario de Hacienda y después gobernador del Banco de México, Agustín Carstens.


El que desde que arrancó el sexenio del presidente Felipe Calderón, le dio vuelo al optimismo, cuando la totalidad de los mexicanos ya comenzábamos a enfrentar una crisis con un deterioro en nuestro poder adquisitivo.


Cuando en Estado Unidos se llegó a declarar que las cosas iban mal, el doctor Carstens nos juró que, en contraste, en México las cosas iban muy bien, que aquí no había crisis y, cuando mucho, en México tendríamos “un catarrito”.


Versión que no cuadraba con la realidad de los mexicanos en el día a día.


El año pasado comenzó la crisis en Europa y el doctor Carstens siguió por la misma línea, lanzando mensajes de que en México las cosas eran diferentes, que aquí en el país azteca no habría problema.


Y ahora cuando ya agoniza el sexenio del presidente Felipe Calderón, resulta que el doctor Carstens advierte que la crisis que enfrentan los países europeos ya llegó a México, y todavía peor, que las cosas el próximo año serán más difíciles.


¿Qué pasó, señor Carstens?


¿Quién le reveló semejante panorama?


Él atribuye la crisis casi de última hora a la caída en la actividad comercial de México con la eurozona y al freno que han registrado las inversiones de la eurozona en México.


Pero se mostró orgulloso de presumir que afortunadamente, en México estamos preparados para enfrentar esa crisis porque se tiene listo un paquete de medidas estructurales que aseguran mejores escenarios a la economía mexicana con todo y la crisis que llega importada.


Y todo, porque aquí dentro de México, las cosas “van”.


Mi pregunta es: ¿usted tiene el mismo panorama que dibujó en Tokio el señor Carstens sobre la situación actual?


¡Claro!


Ni usted ni yo cobramos en la misma nómina del señor Carstens.


Ni usted ni yo gozamos de los mismos privilegios que el gobernador del Banco de México.


Usted y yo tenemos que acudir a llenar el tanque de gasolina cada mes más caro.


En consecuencia, usted y yo cada mes pagamos más y llevamos menos productos de la tienda al hogar.


Usted y yo pagamos pasajes cuando viajamos.


Y como dijera el clásico, el señor Carstens está más lejos del mal.


Si el tráfico se complica, el gobernador del Banco de México pide un helicóptero.


En tanto, usted y yo tenemos que hacer acopio de fuerza para estresarnos menos encerrados en una combi o en un auto.


De manera que insisto…


Realmente, ¿qué está pasando, señor Carstens?


Con el encarecimiento de la gasolina se desencadena un alza generalizada en los precios cada mes.


Las cosas han llegado a tal grado que en muchos hogares ahora comer huevo es un privilegio de pudientes.


Comprar un kilo de frijoles, es lujo.


Tomar leche, ya ni le cuento.


Lamentablemente, fuera de las oficinas del Banco de México hay un México distinto en el que la pobreza se recrudece, la gente cada vez come menos y peor.


Pagar la combi para los estudiantes es un reto.


Y bueno, ya para qué le digo sobre las enfermedades, por lo pronto ya saturamos al seguro social, al ISSSTE, al ISSSTEP y ahora hasta al Seguro Popular.


Por lo que la pregunta bien podría ser: ¿qué viviremos a partir del 1 de diciembre?


Al fin y al cabo sostienen que “la esperanza debe ser la última en morir”.

 

¿Usted qué opina?

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