La Manzana


Irma Sánchez
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17/07/2012

Por la puerta grande


Los últimos acontecimientos políticos nos anticipan los aires que soplarán a lo largo y ancho de este noble país a partir del 1 de diciembre.


¿De qué se trata?


Ya se lo han preguntado hasta el cansancio al presidente electo, Enrique Peña Nieto, y a sus hombres fuertes, quienes invariablemente aluden a una nueva dinámica, un nuevo perfil y una nueva forma de hacer las cosas tras el desgaste que acumuló la familia revolucionaria infectada de un terrible mal acumulado a lo largo de más de siete décadas de poder absoluto, que terminó hartando la sociedad que la mantuvo en el poder.


¿Qué viene?


El electo habla de un nuevo PRI y se supone que con nuevas caras, nuevas formas que reemplacen a lo que hastió y por lo que la sacaron de Los Pinos.


Y aquí cabe la ingenua pregunta…


El señor Peña Nieto ¿ya habrá informado a sus colaboradores de a los lados, a los del frente, a los de atrás y a los de abajo sobre sus intenciones y promesas?


De acuerdo a las primeras reacciones tras su histórico triunfo, “sus hombres” —todo indica— no se han enterado y demuestran que carecen de sensibilidad y conocimiento sobre el sentir de quienes lo eligieron.


“Sus hombres” todavía no arrancan y ya levitan, imposible que pisen el suelo.


¿Por qué volver a lo mismo?


Llegamos a la conclusión de que la prepotencia se ensanchó y regresa por la puerta grande con todo lo que esto implica.


Fíjese usted, están tan embriagados de su triunfo, que ya hacen uso de sus escoltas, avanzadas, asistentes, mandaderos, y de todo el que se pone en su camino para hacer carrera abriendo puertas.


Y es que para tener acceso a “estos hombres”, hay que estar al nivel de su estrella ganadora.


Cuentan que aquí en Puebla ya están en plena operación desde en los restaurantes, los cafés, las graduaciones, y en cualquier parte y ante cualquier compromiso por su alta investidura por el sólo ser “allegados a Peña Nieto” o mínimo por militar en el mismo partido político.


“Esos hombres” antes tocaban una puerta, se anunciaban, se sentaban, esperaban, sonreían, platicaban, interactuaban con toda la gente.


Ahora…tras los resultados de la elección, llegan a los mismos lugares comunes, desciende de su lujosa camioneta su “ayudante” llega, toca las puertas, anuncia “al señor”. Y cuando va a ser recibido “el señor”, el ayudante sale corriendo a la calle y —como buen chambelán— le extiende el brazo y le da la mano “al señor” para dirigirlo a su entrevista con cualquier personaje. Más o menos a estilo Luis Miguel.


Bueno, pues esos son “los hombres del presidente Peña Nieto” que, en muchos casos a la mejor el mismísimo Peña Nieto ni sabe de su existencia, pero “estos” ya están usufructuando con el electo, por el sólo hecho de pertenecer a su mismo partido político.


Este es el retorno de aquello a lo que “las mayorías” le apostaron.


Si  usted tiene asuntos semejantes que compartir para ventilar, no dude en comentármelos a [email protected]


No se trata de morbo, sino de ventilar los asuntos relacionados con los excesos, la prepotencia, el mareo y la desubicación, con el único fin de que hagan el menor daño y no pisoteen y se sigan sirviendo a los demás, como ocurrió a lo largo de más de siete décadas.

 

Así, de los males, el menos. O lo que es lo mismo, no podemos continuar callados y agachados.

 

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