La Manzana


Irma Sánchez
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22/02/2011

En vísperas


A dos semanas de celebrar el Día Internacional de la Mujer, ofenden hechos y declaraciones que en pleno siglo XXI se hacen en torno al papel de las mujeres en la sociedad, cuando la población femenina suma más de la mitad de los habitantes de este planeta y se ha convertido en importante sostén de la sociedad, no por número, sino con la fuerza de su trabajo.


El papel de las mujeres siempre se ha discutido en las sociedades de menor avance y, lamentablemente, las mujeres con menor escolaridad han sido pisoteadas por su desafortunada ubicación social.


Es el caso de las empleadas domésticas de este país, a las que no sólo se les ha explotado como trabajadoras regateándoles una remuneración justa de acuerdo con su entrega, esfuerzo y largas jornadas de trabajo sin horario; hay que recordar que se les niegan prestaciones sociales, en muchos casos se les alimenta en forma diferente.


Sobra decir que los atropellos de que son víctimas por parte de todos los miembros de la familia son innumerables.


Pero sin lugar a dudas lo que raya en la peor violación a sus derechos humanos y atropello a su dignidad, es el “fin” que en algunas casas se les consagra para iniciar sexualmente a los jóvenes.


En pleno siglo XXI esta práctica tiene que acabarse y sancionar a los miembros de la familia que intervienen en este tipo de vejaciones.


No es posible que un pobre animal de costumbres, como se podría clasificar al cantante hijo de la artista Verónica Castro todavía declare —desde luego, en la televisión basura— que él cumplió la regla y se inició en la vida sexual con las sirvientas de su casa.


Todavía peor, satisfecho sonriente añade: “Para eso están ¿no?”.


La desfachatez del remedo de hombre no tiene perdón, pero peor el papel de un supuesto periodista que todavía se carcajea y aplaude “el puntadón” que dijo “logró sacarle en exclusiva al hijo de la Vero”.


Qué pena.


Qué pobreza.


Indiscutiblemente que todavía hay familias que se empeñan en vivir en la era de piedra, aunque realmente en esa ya había valores.


Tras “el puntadón”, como lo calificó el entrevistador, cabe la pregunta, ¿en nuestro medio qué pasa?


¿Seremos ajenos a este tipo de historias?


Sería bueno revisar y emprender un trabajo de dignificación del papel y la presencia de las empleadas domésticas, que merecen el mismo respeto de sus patronas, muchas de las cuales adolecen de los valores de sus empleadas, a juzgar por los hechos.


Usted, ¿qué opina?

 



 
 

 

 
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