La Manzana


Irma Sánchez
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31/01/2012

Qué nos pasa


Es pregunta.


¿Qué nos pasa?


¿Legislar para prevenir que en el presente y el futuro se derrochen recursos en la promoción y construcción de obras faraónicas que no tienen futuro?


Y es que ante todo hay que tener en cuenta que desde que se anuncian y se trazan éstas, el sentido común de todos desde el plano de los espectadores lleva a advertir “que no tienen futuro”.


Como el caso de la famosa y vergonzosa Célula de Oriental.


¿Para qué perder el tiempo para legislar al respecto?


Lo único que bien podría recomendarse para prevenir fuertes inyecciones de recursos sin futuro, es romper las famosas y odiadas “burbujas” que secuestran a los gobernantes en turno y pasan a convertirse en algo así como el equivalente a los bufones de la Corte, con intereses muy personales que finalmente son el motor de cuanto hacen y dejan de hacer.


¿Para qué legislar para prevenir la construcción de más elefantes blancos?


¿Quién va a ser el guapo que le dirá al mandatario en turno que la “obra que se pretende como importante sólo responde a pingües intereses de los funcionarios en turno y sus amigos o socios?


En el taller legislativo del Congreso local hay muchas iniciativas pendientes como para detenerse y darle prioridad a un asunto sobre el que con el sólo hecho de “escuchar” se pueden prevenir muchos problemas.


¿Cómo se puede legislar para prevenir que aumente la colección de elefantes blancos?


Mario Riestra, no hay que perder tiempo. El tiempo de un Congreso local es valiosísimo como para desperdiciarlo de esta manera.


Sólo hay que recordar que en el sexenio pasado hubo muchas voces que con argumentos y datos duros hicieron ver que el proyecto de La Célula no tenía futuro, sólo para quienes habían comprado a precios de remate los terrenos y que tuvieron que ver con la obra.


¿Por qué no se escuchó a los especialistas?


Porque es tradición aislar al gobernador en turno del mundo real.


Por eso la importancia de “aprender” a “escuchar”


Dos verbos que salen del quehacer cotidiano, sobre todo cuando se permite a los subordinados del primer círculo, mantener el control que pasa a convertirse en una fructífera concesión.

 

La Célula


Por lo pronto, se da por hecho que al monumento a la vergüenza y la corrupción conocido como La Célula ya le encontraron un aprovechamiento: puede ser usado para instalar sets cinematográficos que permitan trabajar sin tantas interferencias a los equipos de productores y actores de películas.


Apenas se comienza a experimentar.


Ojalá, después del desprecio que claramente han externado industriales, y promotores inmobiliarios.


Y de paso hay que comentar que no sólo se construyen y promueven elefantes, porque también se levantan elefantitos, como la plaza comercial de la planta baja del edificio de Finanzas, en donde se anunció originalmente que abriría un punto Sanborns, y finalmente se dio la impresión de que se quedaba con una porción del local Tortas Chelo, para las cuales se colocaron una estufa bien cochambruda, y dos mesas de lonchería con algunos trastes, y mantiene el anuncio de que pronto abrirá sus puertas.


Pero se presumió que los locales de esta plaza iban a representar importante aportación a las finanzas.

 

¡Wau!

 



 
 

 

 
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