La Manzana


Irma Sánchez

05/01/2010

La cruda


¡Como nunca!


Qué forma de comenzar el año y de bajarle a uno el gusto de seguir saboreando los efectos de las burbujitas del espumoso con el que brindamos por el 2010, para que una cascada de aumentos nos volviera abruptamente a la realidad, sin contemplación alguna de lo que gastamos en la espumosa, antes de que le subieran a los alcoholes.


Tanto trabajo que cuesta sentirse relajado, alegre y valiente como para que en las primeras horas del 2010 nos sangolotearan con una ráfaga de anuncios de aumentos a la gasolina, el diesel, el gas lp, la luz, la televisión por cable y al final de cuentas, con un encarecimiento del 30 por ciento cuando le quisimos ganar la carrera a los aumentos acudiendo a los mercados por el jitomate, las cebollas y los chiles para los chilaquiles.


¡Qué falta de consideración!


¡Qué manera de volver a la realidad!


Siempre he escuchado algo así como “el que actúa mal, se le pudre”.


¿Será?


¿Será como para las elecciones locales en el mes de julio?


¡Qué pena! que cuando uno solo “no puedo” combatir la evasión, la economía subterránea; le dijo al presidente…


—Plan B, ¡hay que ajusticiarlos!
—¿Cómo?
—Encareciendo y creando nuevos impuestos para recuperar lo que no hemos podido cobrar o reventamos.


A lo que es obligado el comentario: Qué culpa tenemos más de 100 millones de mexicanos de la ineptitud de uno solo.


Pero como dice Cristina Pacheco,“aquí nos tocó vivir”.


Mal, entre el fuego amigo de los políticos, el fuego de revancha de las mafias del crimen organizado que derrama sangre, enluta hogares,  pero “aquí nos tocó”, y al menos aquí en Puebla, los datos duros resaltan que estamos “menor peor” con todo y que somos la segunda ciudad más cara del país con el nivel de salarios más castigados que apenas alcanza los 54 pesos con 47 centavos, con la mejora de 2 pesos con 52 centavos más con relación a lo que fue el salario mínimo hasta el jueves.


Si de quejarnos se trata, hasta la Iglesia católica, según lo dijo el arzobispo don Víctor Sánchez Espinosa, quien aseguró que las limosnas han bajado al igual que los donativos para Cáritas para ayudar a los más pobres.


A lo que cabe unas preguntas: ¿seguiremos por la línea del sacrificio por los siglos de los siglos?, ¿escuchando promesas y promesas sin que ni nosotros, ni nuestros hijos, ni nuestros nietos, ni nuestros chornos sean invitados al banquete de la recuperación que algún día se servirá?


¿Hasta dónde aguantará la sociedad mexicana?


El cambio, ¿verdaderamente estará en las urnas?


Ni cómo volverse a relajar con tantos gastos de fin de año, con un costo de vida un 30 por ciento más cara en los primeros cuatro días del año, con una que otra deuda del año anterior y con la espumosa más cara por los nuevos impuestos.


¿Qué nos dejan?


La respuesta cada uno la tiene, no hay que buscarla.


Comentario obligado cuando se habla de 60 millones de pobres en México para este año, sin mayor pena ni preocupación, sólo como una estadística más, cuando entre los países de la Unión Europea se truenan los dedos porque entre todos, 29  en total, suman 80 millones de pobres en  esta crisis.


¡Qué exagerados!


Que se relajen tantito.

 

Son nuestros mexicanísimos deseos

 



 
 

 

 
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