La Manzana


Irma Sánchez


HONOR

 

Que un personaje como el científico reconocido internacionalmente Antonio Marín López acepte la responsabilidad de llevar las riendas de la Secretaría de Salud de Puebla, es un lujo.


Y es un lujo porque se trata de un hombre que, además de ser poblano, siempre ha puesto muy en alto el nombre de Puebla por sus aportes a la ciencia, en nombre de la cual ha enderezado campañas importantísimas como acabar con el mercado de la sangre de dudosa calidad en el momento en el que se hacían los mejores negocios con ésta.


Esta lucha tiempo después lo llevó a recibir el decidido apoyo del gobierno federal para crear el Programa Nacional de Sangre, que le puso el punto final a un mercado en el que se compraba el tejido sanguíneo a cualquier precio, sangrando a personas sin ningún estudio sobre su estado de salud, para después comercializarla a precios muy altos.


En el camino para alcanzar este control, Toño Marín, como es mencionado en su medio, creó desde el Hospital Universitario la opción de la autotransfusión para las cirugías programadas, lo que obligaba a cuidar la salud de los pacientes.


Así, cientos de personas fueron una semana antes de su cirugía a que les extrajeran una unidad, medio litro de su sangre, que quedaba etiquetada en un frigorífico a temperaturas especiales para salir al momento de la cirugía para que el operado, si hacía falta, la recibiera en autotransfusión.


La que no se utilizaba quedaba para aprovechamiento de cualquier paciente con el mismo tipo de sangre ante cualquier emergencia.


Otro alcance en su paso por el gobierno federal fue la creación de las bases para lograr para México el Centro Nacional de las Células Madre, para la atención de muchos padecimientos mortales, sobre lo cual hoy ya se trabaja a muy altos costos en la medicina privada.


De Marín López podemos escribir planas y planas sobre su formación, trabajo, campañas, propuestas, alcances, reconocimientos, y, ante todo, su trato con los pacientes y sus familiares.


Hay que recordar su trayectoria como catedrático, su disposición a trabajar en equipo, por ejemplo con los también científicos reconocidos internacionalmente doctores Ruiz.


Sin olvidar su entrega a causas de atención a enfermos de cáncer, para los que apoyó la creación del banco de quimioterapia en el Hospital Universitario; la creación de la Asociación Poblana de Atención a Personas con Problemas Oncohematológicos (APAPO), y la Fundación Mary Tere que, junto con su esposa Tere Sotomayor, la constituyó como compromiso muy personal al vivir la pérdida paulatina y dolorosa de su hija Mary Tere, a quien el lupus le quitó la vida en la flor de su juventud. A través de esta fundación se ha apoyado a muchos enfermos de este maldito mal que, si bien hoy se puede controlar, para llegar a este control hay que soportar una pesada cruz.


Por la huella de Antonio Marín en Puebla, en todo el país y en el ámbito internacional, hay que asimilar la trascendencia de contar con un secretario de este nivel.


Claro que Marín López, con la experiencia en su paso por el Hospital Universitario, la fundación del Hospital General de Puebla, como Jefe de los Servicios Coordinados de Salud Pública en la parte final del gobierno de Manuel Bartlet, debe hacer acopio de su dominio en el manejo administrativo y político para enfrentar todos los males que hoy carga la dependencia que llega a poner en orden, sobre la que pesan infinidad de acusaciones, desde mal manejo de personal, dudosas compras, desabasto casi total de medicamentos para hospitales y adquisiciones innecesarias que han pesado al presupuesto del sector, entre otras cosas.


Por lo que culminamos considerando que el científico Antonio Marín López estaría casi en condiciones de sacarse el tigre de la rifa.


¡Suerte!


Porque para esto hay que forrarse de algo muy fuerte, no sólo de la buena voluntad que siempre le ha caracterizado. 

 



 
 

 

 
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