La Manzana


Irma Sánchez

17/11/2009

¡Qué chula es Puebla!


Lejos de recordar la canción que se convirtió en el himno de los poblanos, la verdad qué chula es Puebla.


¡Qué chula está!


Así opinaron cientos y miles de visitantes que con motivo del puente de la Revolución estuvieron por acá, recorrieron las calles, se sentaron a disfrutar del ambientazo en el primer cuadro, en el Zócalo con espectáculos a lo largo del día, con la actuación de payasos y mimos que entretienen tanto a los más pequeños como a los más grandes.


En las terrazas de los tres portales, donde no fallan los trovadores que interpretan todo tipo de género e imponen su sello.


La fiesta se prolonga a restaurantes, taquerías, torterías, heladerías y ahí cada quien, de acuerdo a su presupuesto, disfruta de la hospitalidad de los poblanos que ya se pusieron las pilas y están convencidos que ante todo la calidad en el servicio defenderá a esta industria sin chimeneas.


El circuito se extiende hacia la zona del Carolino en donde la gente joven compra lo que la moda impone, desde gorras con rastas, pulseras de cuero, camisas de manta, palestinas tan de moda, chalinas y pashminas de algodón.


Otros prefieren seguirse a la plazuela de Los Sapos, en donde los intelectuales logran verdaderos hallazgos de libros, revistas, fotografías. Señoras maduras recuperan parte de una etapa de su vida al adquirir desde charolas, ceniceros y portalibros con los que crecieron hace más de cinco décadas y que hoy están, a la mejor un poco deteriorados, a su alcance.


Y otros más disfrutan atravesar el bulevar 5 de Mayo para disfrutar de infinidad de artículos en el Jardín de Analco, para disfrutar lo que artesanos de comunidades lejanas, jóvenes y señoras maduras venden ahí, desde productos comestibles y artesanales que elaboran durante la semana desde su hogar para ofrecerlos los domingos a los buscadores de regalos y detalles para sus hogares.


¡Qué chula es Puebla!


Por encima de otras ciudades que solían ser las favoritas para descansar un fin de semana o un feriado, y que hoy lucen sucias, descuidadas, a punto de desmoronarse, como el caso concreto de Cuernavaca, que hoy luce un zócalo convertido en una tianguis lleno de puestos de garnachas protegidos por plásticos amarrados a los troncos de los árboles.


¡Qué pena!


Pero qué orgullo y reconocimiento a la alcaldesa Blanca Alcalá que entre otras acciones no ha descuidado la sala de la casa, que es el primer cuadro, a partir del zócalo y sus primeras calles.


Y a esto hay que añadir atractivos como ahora el Festival Internacional de Música que logró el programa más variado y equilibrado para hacerlo del patrimonio de todas las familias que disfrutaron de los artistas y grupos más exitosos, lo mismo en el zócalo que en el estadio Hermanos Serdán, o bien, en la sala de música del reinaugurado Museo Bello.


Por cierto, que como nunca, los poblanos y los visitantes de estos días no tuvieron reparo en formarse en plena ralla del sol a las afueras del Museo Bello en la 3 Poniente y 3 Sur, esperaron las horas necesarias para recorrer las instalaciones y las colecciones de arte de ese museo para el que las autoridades invitaron para visitarlo desde este fin de semana hasta el 30 de noviembre con entrada libre.


Ojalá que las promociones por parte de las autoridades continúen para que los poblanos de bajos ingresos y muchos miembros en la familia puedan acudir a los museos a conocer su acervo.


Qué tanto pude ser un día de entrada libre, para que los poblanos fortalezcamos nuestro orgullo por la riqueza de nuestra herencia, que hoy nos toca enriquecer a los de esta generación.


Ese sabor y orgullo poblano, muy pronto, se verá fortalecido con las acciones que se comprometieron a emprender universidades y Ayuntamiento de Puebla para posicionar a nuestra capital como una “ciudad universitaria”.

 

Habrá muchas buenas sorpresas y oportunidades para muchos.

 

¡Felicidades poblanos!

 



 
 

 

 
Todos los Columnistas