La Manzana


Irma Sánchez

19/01/2010

Lo que viene


Mientras por acá en Puebla en la sucesión para el gobierno del estado se sostiene que estamos en espera de que “se cumplan los tiempos”, en la política nacional se comienzan a barajar los nombres de “los presuntos” que aspiran —más que sus cuates— a contender por la candidatura por la Presidencia de la República, y de pronto descubrimos que así como hay días malos, también de pronto llegan otros mejores.

 

Es el caso ahora que se comienzan a barajar los nombres de quienes “podrían” ganar la candidatura de sus respectivos partidos.

 

¿Cómo la ve? Alonso Lujambio, Marcelo Ebrard y Arturo Peña Nieto.

 

Veamos…


El primero, Lujambio, actual secretario de Educación Pública, no la tiene nada fácil con la larga cadena de desatinos que han tenido el presidente Felipe Calderón y su antecesor Vicente Fox que van del mismo partido con la consigna de que el ejercicio del poder desgasta.


Así es de que Lujambio con todo y lo distinguido, varonil y guapo, tiene que mandar señales de lo que está hecho como para superar el marcaje de sus antecesores.


Marcelo Ebrard, además de guapetón e inteligente, tiene muchos simpatizantes en la ciudad de México que han disfrutado de las políticas públicas y sobre todo del enfoque de su política social.


Por lo que se refiere a Enrique Peña Nieto con todo y que muchas siguen gritando “Enrique, bombón, contigo hasta el colchón”, mientras nos recreamos con el niño bonito guapo —no con su copete—, la verdad es que sí, pero… con los excesos en su manejo de imagen, como que ¡ya chole!


Por muy guapo que esté, estos personajes se hacen aborrecidos.


¡Claro! ¡Lo guapo nadie se lo va a quitar!


Lo inteligente tampoco.


Y la verdad aporta una cara amable para las chocantes y pesadas campañas políticas que apenas arrancan y ya las detestamos.


Pero si los tres ganan la nominación para contender como candidatos, la verdad es que el sacrificio será menos y, por el contrario, tendremos una página amable que atender.


Ya cada uno por sus propios actos los conoceremos y nos conformaremos con verlos guapos o decidiremos si los llevamos a Los Pinos.


Y… ¿aquí en Puebla?


Mejor esperamos a que los partidos se pongan de acuerdo para saber quien contra quien.


Desde luego que más que guapos y distinguidos, esperamos en Puebla personajes congruentes y rodeados de gente sensible, comprometida, más que hambrientos de poder y revanchismos.


Puebla tiene un nivel que no debe de bajar, por el contrario, hay que apoyar a que continúe apuntalándose para que mantenga su señorío, su prestigio y prestancia que hace más de cuatro siglos comenzó a construir Juan de Palafox y Mendoza.

 

Qué necesidad


Qué bueno que en nuestro amplio mosaico social existan personajes de “tuti fruti” como el arzobispo de la Iglesia ortodoxa Antonio Chedraui.


¡Qué bueno! Que tenga un montón de amigos que les rinden pleitesía.


¡Qué bueno! Que tenga el peso para levantar el teléfono y que sea obedecido.


Pero ¡qué necesidad! de que se meta en problemas con asuntos como los de la homofobia que a nada conducen y sólo revuelven las aguas cuando comienzan a calmarse.


Para qué, con motivo de su cumpleaños se mete a condenar estos temas.


Para qué, por qué.


Él y su decisión o él y las propuestas que recibió de parte de sus amigos para levantar la voz sobre un tema que ya comenzaba a bajarse la presión.


¡Qué necesidad!


O ¡qué necedad!


Pero sus cuates le aplaudieron y hasta le dieron un beso en el rostro y otro en la mano, la misma mano que hoy mantiene extendida para recibir, y para seguir pidiendo favores entre unos y otros que lo tienen de intermediario cuando las cosas no se resuelven a través de los pasos marcados por la legalidad.

 

Allá él.

 

Y en su caso hay que recordar que “Dios los hizo, y ellos —sus cuates— se juntaron solos”.
 



 
 

 

 
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