La Manzana


Irma Sánchez


CUANDO PERDIMOS EL CAMINO

 

La pregunta se escucha en todos los círculos y se vuelve clamor: ¿Qué está pasando en Puebla?


¿Qué camino tomamos?


¿Por descuido de quién?


El asunto es que, “coincidentemente”, este fin de semana, como expresara el clásico, ¡se desataron los demonios!


Lo preocupante de todo esto es que el común denominador en estos brotes, los grupos, ya decidieron hacerse justicia de propia mano, y ¡aguas!


Todo indica que la población ya se cansó y no se siente escuchada, y mucho menos atendida en sus reclamos.


En el ánimo de la gente ya no hay esperanza y, lo peor, ni para dónde voltear: la gente dice que lo mismo el tricolor que el azul ya le fallaron y la esperanza amarilla está muy lejos porque, para comenzar, ni entre ellos logran ponerse de acuerdo.


Éstas fueron las reacciones lo mismo en Tlapanalá, donde la gente llegó hasta el corte de orejas de una banda, que en Temoxtla, donde de viernes para lunes los ciudadanos estaban plantados asegurando a un individuo que desató una balacera y confesó quién era el autor intelectual, reporte por el cual se les dijo en Gobernación que de inmediato destacarían un enviado, y desde el viernes hasta ayer lo seguían esperando.


Y en Tepexi de Rodríguez los permisionarios del servicio de combis amenazaban con incendiar unidades piratas introducidas a la ley del más fuerte por parte de la organización Antorcha Campesina.


Todo esto sin contar el atentado frustrado al vehículo del subprocurador de Justicia.


¿Qué pasa?


Si bien se trata de un problema que se viene repitiendo desde hace un buen de semanas por distintos puntos del país, también hay que exigir a los responsables de la seguridad y el orden que den muestras de que se trabaja por blindar la entidad —como se dijo hace unos meses— del arribo de la delincuencia.


Si como potencia deportiva no la hemos podido hacer en los Juegos Olímpicos, para qué seguir cacareando un programa deportivo que en Puebla no da resultados, y se le presenta por encima de las políticas públicas de seguridad que está visto que ahora dejan mucho que decir    


Los poblanos exigen ¡hechos! Y no precisamente un circo romano.


El papel de víctimas ante la opinión pública lleva a las autoridades a perder el principio de autoridad, incluso al autodenuesto.


La seguridad la exigimos todos, por encima de los colores y con la exigencia de ¡que no se partidice! Porque al final de cuentas todos han demostrado en el poder que los retos de gobernar este país no son sencillos, y mucho menos cuando se vive una crisis generalizada en todo el mundo que debe obligar a mantenerse en alerta, sobre todo a las entidades mas vulnerables como la de Puebla, en la que el gobernador —hay que reconocer— es víctima de una verdadera persecución, afortunadamente sólo a través del impacto mediático.


Hay que admitir que para salir de esta crisis “cada uno” tenemos propuestas. Pero hoy lo importante es sumar la de cada uno y entrarle al compromiso sin dejar solas a las autoridades, pero con la exigencia de ser escuchados, y sobre todo, atendidos.




 
 

 

 
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