Matrioshki


Nadina


-¿Quieres bajar? –me preguntó el alto funcionario en la recta a Cholula a eso de las tres de la mañana de un sábado de éstos.

 

-¿Puedo? –le respondí.

 

-Sí –me apresuró.

 

-Bueno –le dije.

 

-Ya –me urgió.

 

-Orita –le susurré.

 

-Enl’ora –me volvió a urgir.

 

-Espérate tantito –le rogué.

 

-Ya –volvió a gritar.

 

-No es cuando tú quieras –acoté.

 

-El que paga manda –enunció.

 

-¿Y ora? –me inconformé.

 

-Ándale –me ordenó.

 

-Ni madres –referí.

 

-Vete a la mierda –me embarró.

 

-Chinga tu madre –musité.




 
 

 

 
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