Palabras Mayores


Héctor Hugo Cruz Salazar

27/05/2009

Bernardo, el tecito del PAN


Entre los cuatro candidatos panistas a las diputaciones federales por la capital va permeando la idea de que lo mejor que les puede pasar es que el dirigente municipal del albiazul Bernardo Arrubarrena siga los pasos de Pablo Rodríguez y que también se fuera de vacaciones en pleno proceso electoral.


Y es que les ha quedado claro que Bernardo ni ata ni desata.


Como diría el clásico, es como el té de tila, ni hace bien ni hace mal.


Dicen que nada más se presenta donde hay micrófonos y pueda salir en la foto.


Los abanderados navegan solamente con el apoyo de la dirigencia estatal y llevan solos sus campañas.


No hay ningún aporte de Bernardo hacia su trabajo.


Lo más que logra hacer es convocar a las reuniones de coordinación y hasta ahí.


Porque en esas juntas la voz cantante la lleva Rafael Micalco y quien parece ser el verdadero operador panista, Eduardo Rivera Pérez.


En los hechos, Lalo vendría siendo el dirigente municipal, pues él se ha echado en las espaldas el trabajo a favor de los candidatos en el municipio.


Rivera Pérez es el que recomienda algunas estrategias a los candidatos, que los apoya en sus movilizaciones y quién tira línea —junto con Micalco— para abordar diversos temas en las conferencias de prensas conjuntas de los candidatos.


Lalo fue quien convenció a César Nava para venir a Puebla para apoyar a los candidatos panistas y acercarles más los reflectores y la promoción gratuita.


Josefina Vázquez estuvo en la entidad por encomienda del CEN albiazul, pero vino directamente a apoyar la campaña de Myriam Arabian por petición de ésta y de Antonio Sánchez Díaz de Rivera, quien pude presumir de ser uno de sus colaboradores más cercanos.


Javier Lozano Alarcón también hizo presencia en la capital para apoyar a Arabian a petición de Moreno Valle, quien al final fue el más beneficiado con esta visita.


Bernardo, dicen los candidatos y los integrantes de sus equipos, no ha hecho nada por las campañas panistas.


O sí, pero sólo para perjudicarlos, pues nadie puede olvidar el ridículo que Bernardo les hizo pasar cuando fue exhibido por el PRI con sendas grabaciones.


La molestia de los candidatos no es otra que al final de las campañas, si logran alzarse con la victoria —que según las últimas encuestas están cada día más cerca de ella—, Arrubarrena se colgará la medalla y querrá ser el héroe de la película.

 

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El Tigre operó por el Clássico

 

El Tigre dejó su chamba como bibliotecario del Senado de la República y se puso a hacerle al publirrelacionista.


El felino panista era uno de los más preocupados para reabrir El Clássico.


Lo malo es que sus bonos son tan bajos que ni si quiera le alcanzaron para convencer al alcalde de San Andrés, David Cuautli para que les echara la mano a sus cuates para reabrir el antro en cuestión.


Abogó por los dueños de El Clássico y pidió que escucharan su versión de los hechos registrados el año pasado cuando Jorge Zavala Gutiérrez fue salvajemente golpeado por el equipo de “seguridad” del antro.


Claro que la versión era que Jorge Zavala se había aventado a los pies, codos y puños de los guaruras a fin de provocarles un problema mayúsculo y cerrarles el negocio por ardido.


Pero, por increíble que parezca, Cuautli le dijo no al Tiger.


Increíble, no porque el novel publirrelacionista sea mucha pieza, sino porque se sabe que al alcalde de San Andrés con darle u ofrecerle cientos de miles de razones, no le dice no a nada.


Si cree que la versión es inventada, cheque usted en estas mismas páginas las declaraciones que hizo el propio alcalde sanadreseño en donde admite que hasta “políticos” se habían acercado a él y sus regidores para pedir su aval para la reapertura del antro.

 

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Bravo Jiménez va por la revancha

 

El mandamás del Ayuntamiento capitalino, Juan de Dios Bravo Jiménez ya prepara el retorno de su cómplice, Gustavo Torrentera Romero, a la nómina municipal.


Dicen que a él le vale madre que la Contraloría lo investigue, pues en los próximos días nombrará a Torrentera jefe de alguno de los departamentos que forman parte de la Secretaría de Gobernación.


La especie ya cobró fuerza en la propia dependencia y lo dan ya como un hecho, pues saben que en Gobernación las cosas se hacen como dice el secretario y no hay nadie en el Gobierno municipal que se pueda oponer a sus designios.

 

Y nadie, es nadie.


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