El Mazo y el Yunque


Raymundo García García


Gobiernos municipales bajo amenaza de violencia

 

Curiosamente en la era del municipalismo mexicano que ha permitido el reconocimiento de un nivel de gobierno pleno a la autoridad municipal –el Ayuntamiento-, con el fortalecimiento sustancial de su hacienda de manera proporcional a su tipología. Municipios rurales, semiurbanos, urbanos o metropolitanos, dotado con la infraestructura legal para convertirse en una auténtica palanca de desarrollo regional, capaz de generar una transformación del país democratizadora que vaya de abajo hacia arriba, en nuestra entidad tiene sus bemoles. Para  el caso del estado de Puebla, donde existen trampas legales para mantener aun sometido a los municipios, se ha dado en los últimos años y de manera particular en el sexenio actual, m riesgo creciente de ser sujeto de siniestro o de violencia, para quienes se desempeñan como integrantes del Ayuntamiento o empleados municipales.

 

Durante la primera mitad del sexenio, la violencia desatada en el seno de los gobiernos municipales, tuvieron como protagonistas una aparente guerra de géneros para evitar que los regidores de representación proporcional pudieran cumplir con su responsabilidad legal; esto es, a pesar del municipalismo avanzado y de la construcción plural de los ayuntamientos, pervive el atraso pragmático de aburrir a los representantes de las minorías evitando su ingreso a los cabildos y por supuesto evitando pagarles sus respectivos emolumentos. Esta forma de violencia institucionalizada no cesa y se convierte en la energía para acelerar en algunos casos mayores formas de confrontación que se traducirán en estancamiento del progreso comunitario.

 

Pero por el bajo nivel educativo, profesional, se dan prácticas administrativas obsoletas, amen del ejercicio patrimonialista del poder por los funcionarios de los niveles altos, se han desencadenado acciones de violencia en contra de los funcionarios cada vez más siniestras y bárbaras: asesinatos calificados de pasionales, homicidios de funcionarios de las tesorerías municipales, planeados desde la misma burocracia municipal, o algo peor, policías municipales que resultan sospechosos  y responsables de la planeación y ejecución de asaltos a  funcionarios municipales, víctimas del pecado de las autoridades por administrar recursos económicos de manera primitiva, que hacen traslados de bolsas de dinero como si se tratara del traslado de piedras o semillas. El uso de tarjetas de débito, la contratación de empresas de traslado de valores, el pago por cheque, para nada existen, y la violencia desatada se divulga en robos de la nómina, robo y asesinato de funcionarios, o hasta funcionarios de tesorería degollados sin mayor causa.

 

En el trienio pasado fue noticia el arrojamiento al vació de un presidente municipal por sus enemigos políticos,  el auto atentado de otro edil, la embolia de un regidor por interrupciones largas de pago de emolumentos. En el presente trienio policías salteadores y asesinos de uno de sus regidores, un funcionario de tesorería degollado, y lo más siniestro, un regidor colapsado por infarto al corazón resultado de un conjunto de  acaloradas discusiones por el control o entrega del Ayuntamiento a grupos políticos. En suma: la violencia que amenaza a las autoridades municipales elegidas y nombradas va en crecimiento, y es causada por cuestiones multifactoriales, de las cuales destacan dos: primero, la violación institucionalizada por la pervivencia del sometimiento estatal a los Ayuntamientos, y segunda, por la violencia criminal alentada por la pervivencia de administraciones anquilosadas en el pasado y el mal o nulo reclutamiento formal de los responsables de prestar seguridad pública municipal.

 



 
 

 

 
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