El Mazo y el Yunque


Raymundo García García


Entre Ulises y Marín, lecciones de transparencia y opacidad

 

Los gobernadores de dos entidades del sureste mexicano, representativas de lo más atrasado del sistema político mexicano, en el presente escenario nacional, han dado las mejores lecciones para el avance o estancamiento institucional. Ambos gobiernos al mismo tiempo que se parecen tienen sus diferencias, a saber, se anotan algunas para trasparentar las ideas o también para que queden opacadas por la crudeza de las realidades.

 

1.- Marín ganó la elección con un porcentaje de votos respetable, que dilapidó en el lydiagate y ahora gobierna con la reserva que representa la herencia autoritaria; Ulises apenas le ganó al SNTE y las hordas del magisterio radical le tomaron la plaza y le crearon la APPO. Así el sureste mexicano que empieza en Puebla y pasa por Oaxaca, puso al descubierto las practicas autoritarias, como causales para las solicitudes de salida de ambos gobernantes, vergüenza de nuestra naciente y empañalada democracia.

 

2.- El desbordamiento de la movilización social a rasgos de terrorismo, le permitió al gobernante oaxaqueño asirse del palo salvador de la institucionalidad y del Estado de derecho, lo cual permitió a los sectores sociales civilizados, aprovechar la oportunidad de crisis de gobernabilidad para arrumbar el proyecto de ley de transparencia ulisista y obligarlo a aceptar una ley pensada y apuntalada desde la sociedad civil. Así en Oaxaca, la crisis de gobernabilidad abrió el camino de la transparencia formal, tomado por algunos como modelo a seguir..

 

3.- En cambio en Puebla, la crisis de gobernabilidad llevó primero a la movilización de la sociedad, la que pudo haber obtenido un importante resultado, empero, cuando el asunto Lydia Cacho tuvo indicios de partidización oposicionista dividida entre PAN y PRD, la disputa se transformó en un asunto sistémico político jurídico y fue encapsulado. Las instituciones de transparencia y de derecho humanos mostraron su inoperancia para la sociedad poblana, pero al mismo tiempo evidenciaron su complicidad con el poder ejecutivo y sus titulares reciben la premiación obligada.

 

4.- Ulises y Marín, ratificaron que ni el presidente de la república, ni las presiones sociales hoy sirven para derribar gobernadores. El sincretismo producido por la combinación democratización/autoritarismo, ayudó a mantener los resabios y practicas  del pasado curiosamente amparados bajo el discurso de la legalidad. Aquí entra el tema del ilegítimo presidente de la CAIP en Puebla, como ejercicio de esta gran lección..

 

5.- Engañar a los diputados de la LV legislatura y violando la ley, adquirir el nombramiento de comisionado, aprovechar la relación consanguínea para imponerse como presidente de la CAIP, aunque la presidencia por honorabilidad, lucha social, formación académica, le correspondía a otra Comisionada; mas la decisión autoritaria son recursos para mantenerse ilegítimamente en el puesto. La presentación de una copia certificada por el Secretario General del IFE no sirvió, total con la mayoría priísta en el Congreso todo lo puede en la sinrazón autoritaria, los argumentos más risibles: que la SEDECAP se entretuviera para declararse incapaz de conocer el asunto, esperar la salida de la LVI legislatura; trampas con la LVII legislatura. Olvido que una copia certificada del IFE, hace prueba plena, volver a solicitar informes para “respetar la legalidad”,  todo con tal de mantener en la oscuridad a la transparencia poblana

 

Ahora, la burla mayor la da el presidente de la Gran Comisión quien declara, que el ilegítimo presidente de la CAIP renuncie, de risa, de verdadera risa la trampa. Total, las lecciones de Ulises y Marín están presentes. Nadie en su sano juicio renunciaría si preside un organismo público descentralizado, y menos cuando la autoridad que lo nombre se la pasa haciendo todo para que cumpla su periodo de dos años, en fin, sólo faltan cinco meses para que termine su periodo presidencial, y ya lleva un año de protección, de su padrino, del gobierno, y sobre todo de los legisladores priístas; ¡viva la transparencia formal! siempre y cuando reine la opacidad real.

 



 
 

 

 
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