El Mazo y el Yunque


Raymundo García García

14/08/2009

El PRI en las sucesiones de gobernador


Dado que el PRI de Puebla, suda por sus poros una tradición sui generis en los procesos de nombramiento y unción de gobernadores, vale la pena hacer un repaso apretado, sobre todo porque el evento multitudinario organizado por simpatizantes de Jesús Morales  Flores, no es causal, no sale de la nada, ni es un simple mecanismo de presión o chantaje, ni tampoco expresión de un grupo marginal; parece que es el intento legítimo de reivindicación de la herencia del PRI ortodoxo, de viejo cuño, reconstituido por el Dr. Toxqui, que se enfrenta al PRI neoliberal y faccioso, creado por Manuel Bartlett. De ser ciertas estas suposiciones estamos en una coyuntura de confrontación del PRI contra el  PRI, tal y como se vivió allá en 1998.


Con un régimen autoritario como el del general Maximino Ávila Camacho, primero en Puebla como gobernador y luego con la presidencia de la república en manos de su hermano el General Manuel Ávila Camacho, se instaura un sistema de designación de candidatos a gobernadores e combinación de entendimiento entre la elite poblana y la venia del titular del ejecutivo federal; si a esto se agrega que en el nacimiento del PRI, se nombra como su primer presidente del CEN a otro poblano, el General Rodolfo Sánchez Taboada; las conexiones entre el centro del país y la vida política poblana, quedaron más que  apuntaladas. Y si esto le agregamos que después otro poblano el Lic. Gustavo Díaz Ordaz, se encumbra como Secretario de Gobernación y pasa a ser Presidente de la república, se ratifica que la vida política poblana está sujeta a las decisiones del poder central de la ciudad de México, y con escasa consecuencia a las acciones sociales y naturales de los grupos de poder local, que al final de cuentas se disciplinaban o se subordinaban a la decisión que consideraban como suprema e inapelable. Máxime  que se vivía el apogeo de un sistema de partido hegemónico. Cabe destacar que el centralismo autoritario que velaba los destinos de los poblanos,  se aderezaba con las dirigencias nacionales de los sectores campesino y obrero en los liderazgos de Amador Hernández en la CNC y Antonio J. Hernández  en la CROM.


Las torpezas en el ejercicio del poder público, por sus abusos o por deficiencias, se solucionaban desde el centro, así cayeron el general Antonio Nava Castillo y el Dr. Gonzalo Bautista O´farrill. De ahí, que no obstante que como siempre se barajaban los nombres de aspirantes, a final de cuentas desde el centro, como asienta Víctor Manuel Reynoso, se nominaba al candidato y seguro gobernante. Y si se convertía en disfuncional para el sistema, se le removía sin aviso previo y se restablecía la legitimidad perdida con importantes cambios políticos plasmados en el texto constitucional de Puebla. Todo esto fue cotidiano hasta 1992 Manuel Bartlett fue la última imposición desde el centro, pero también fue la llegada de un nuevo actor, que se preocupó en formar una nueva clase política para la construcción de otro PRI poblano, a través de la introducción del uso de tecnologías de planeación, programación, gobierno y lucha por el poder. 


Por ello. A partir del proceso interno de ese partido, allá en 1998, como resultado de nuevas reglas internas tricolores, se muestran en escena los dos PRI: el tradicional, y el tencoratizado; por las condiciones sociales, políticas y económicas de atraso del Estado, se impone el PRI atrasado en consulta interna y es candidato Melquíades Morales Flores sobre el tecnocratizante José Luis Flores Hernández. En el año 2004 se a la segunda disputa entre los dos PRI: el melquiadismo y el marinismo, que no era un nuevo grupo, sino la encarnación del bartlettismo pero con rostro popular, curiosamente ese liderazgo popular del marinismo enamoró al entonces gobernador y no hubo batalla interna; la línea tecnocrática en ese momento la representaba Rafael Moreno Valle, peor en el gobierno el neoliberalismo ha sido el arma de Mario Marín.


El calentamiento de motores de Jesús Morales Flores, puede ser el preámbulo de la confrontación de esos dos PRI que cohabitan en Puebla y representan dos cartas con rostro popular, donde no decide el centro, y la contienda interna se convierte en oportunidad para poner en la mesa el peso de los liderazgos y la actuación facciosa de los grupos. 25 mil o 3 mil ciudadanos ejerciendo un derecho político en el zócalo el domingo 2 de agosto pasado, es plausible, porque echa por tierra el discurso somnoliento de la “unidad”  en ese partido.

 



 
 

 

 
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